Anda el dueño de esta bitácora, en la que da cabida a este humilde aprendiz de espía, sumido en profundas meditaciones sobre cuestiones accesorias, como:
¿Que va a pasar con IU en Madrid?
¿Vamos, como en Italia, hacia la disolución de la Izquierda?
¿La Unidad Popular puede, y debe, hacerse sin PODEMOS?
Y otras igualmente secundarias, que le mantienen seriamente preocupado, y no está prestando atención a lo verdaderamente importante:
Ni liga, ni copa, ni champions. Dramático.
Habrá, porque hay
gente pa tó, quien se consuele con los triunfos en baloncesto, a falta de lo que ocurra en la
liga, y yo no voy a decir que no me alegro, pero he de decir que se trata de un deporte que no acabo de entender después de haber espiado miles de partidos, y cuando creo haber comprendido alguna de sus intrincadas reglas, van y la cambian. Sirva como ejemplo que cuando, allá por los años sesenta del pasado siglo, comencé a interesarme por el baloncesto había una infracción llamada
cámino que sancionaba el exceso del número de pasos, quizás por eso pasó a llamarse
pasos, que se dan sin botar el balón, y que se sanciona a criterio absolutamente subjetivo de algún árbitro y que no tiene nada que ver con el número real de pasos dado, y la cosa se convierte en delirante si el partido es de la competición norteamericana llamada NBA, allí un
fulano coge un rebote en su canasta, da cinco o seis saltos, dignos de una competición de salto de longitud, y sin que nadie pite
ná de ná se planta en la canasta contraria sin que el balón haya tocado el suelo. Hay, o había, otra infracción curiosa, la llamada
zona y que hace referencia al tiempo que puede estar un atacante, sin balón, en una determinada parte acotada de la canasta contraria, que los entendidos suelen llamar
bombilla, y en la que la subjetividad arbitral vuelve a ser determinante, porque da la sensación de que hay jugadores que
viven allí, que casi pueden inscribir, como lugar de residencia habitual, la
bombilla en el Registro de la Propiedad sin que nadie diga
ni mú. Mundo aparte son las llamadas faltas
personales, supongo que llamadas así por contraposición a posibles faltas
impersonales, cometidas por algún ente ignoto. Diferenciar las llamadas de
ataque , de las otras, que habrá que suponer que son de
defensa, es altamente complicado y no es difícil, incluso en el mismo partido, ver como dos acciones aparentemente análogas, con el atacante encarando la canasta y el defensor que se interpone yéndose al suelo, se pitan en sentido contrario con el curioso argumento de si tenía o no
tomada la posición. No menos estupefactante es aquello de
...y vale la canasta tras una falta personal y llegaba al delirio, con
vale la canasta y personal en ...¡¡¡ataque!!!, aunque parece ser que, como tantas, la regla ha cambiado, lo hizo en los años ochenta, y sólo se concede cuando la falta es claramente posterior a la canasta. Por no hablar de los
tiros libres, ¿que ha sido del uno más uno, o del tercer tiro cuando se fallaba uno de los dos primeros? ¿Y las faltas
intencionadas? Cuando faltaba poco tiempo, con el marcador ajustado, el equipo que perdía recurría a hacer falta en la esperanza de recuperar el balón en el menor tiempo posible,
sensu stricto eran todas
intencionadas pero no se sancionaba, posesión de balón tras los
tiros libres, prácticamente ninguna, y quizás por eso, por presunta coherencia, han pasado a llamarlas
antideportivas por más que estamos en lo mismo, toda falta hecha a próposito es, por defnición
antideportiva. En definitiva, es un deporte que no me engancha, porque no acabo de entenderlo, más allá de que celebre con jolgorio los triunfos de los míos, porque cuando, allá por los años setenta era asiduo asistente a los partidos de
voleibol , con un equipo que, literalmente, se había construido, a golpe de talonario, con los jugadores del equipo, o lo que sea, rival:
los indios rojiblancos, no era porque fuera el
voleibol un deporte, para mí atrayente.
Quiero decir que bienvenido sea el
triplete de baloncesto, si se consigue, pero eso no amortigua ni un ápice la preocupación por la sequía futbolera. Los que conocen a este espía saben de sobra que el hecho de que haya sido el
Barça quien haya conseguido los tres títulos me importa más bien poco, no sufro, desde hace muchísimos años, de
antibarcelonismo de ningún tipo, es más me divierte contemplar el profundo disgusto que producen las victorias
blaugranas en la caverna más profundamente reaccionaria, que gusta de envolverse en la bandera, presuntamente española, puesto que hay españoles, y este espía ha pododo comprobarlo, que no la sienten como tal. Diferente, muy diferente, hubiera sido el, improbabílisimo, caso de que se lo hubieran llevado los
indios metropolitanos que acampan al sur de Madrid. Además han ganado los tres títulos, prácticamente, sin entrenador, y de hecho el equipo empezó a mejorar cuando los jugadores pasaron, olímpicamente, de las absurdas e incoherentes decisiones de quien, teóricamente, les dirigía. Y por otra parte tienen en sus filas un jugador,
Neymar, por el que no ocultó mi debilidad, más allá del costo real de su traspaso, y que ha sido, junto con
Luis Suárez, determinante a la hora de obtener los títulos, sin olvidar la contribución de otros como
Piqué, Mascherano o
Dani Alves, que ha hecho una de las mejores campañas desde que aterrizó en
Can Barça. Sinceras felicitaciones, pues, al
Barça y sus seguidores.
La de los blancos ha sido una temporada extraña, tras un incio titubeante, encadenó una racha de victorias, y, lo que es más importante, una altísima calidad de juego. Sin embargo ha habido una no óptima gestión de la plantilla. Por un lado, se han sucedido lesiones de índole muscular que no dejan en muy buen lugar la preparación física del equipo, y puede haber sido determinante para que
Ancelotti no continúe, por otra parte la plantilla, además de parecer descompensada, ha parecido no estar bien gestionada, con jugadores, como puede ser el caso de
Illarramendi, a los que se les ha negado la posibilidad de asentarse en el equipo. Traer a
Lucas Silva a media temporada, para luego no jugar, tuvo que ser un duro golpe para el
guipuzcoano, que parece de moral frágil, jugador que debió tener un papel más importante tras la inesperada huida de
Xabi Alonso. Tampoco el resto del
segundo escalón de la plantilla
Jesé, Chicharito, etc. han tenido el peso necesario, más allá de algunos minutos de la
basura. Todo ello, trás la inexplicable alineación de
Bale, en un lugar que no es el suyo ¿alguien recuerda,
Bartra desde luego, cómo y desde donde, se coció el gol que les dió la
Copa del Rey? El equipo llegó a final de temporada fundido y despistado.
No lo va a tener fácil
Benítez, en primer lugar, y a pesar de la etiqueta de
hombre de la casa, al
madridismo le va a costar olvidar cuando, siendo entrenador del
Valencia y en una liga que acabó ganando, espetó la desafortunada frase de :
Aquí hay que hacer el doble para llevarse la mitad, después de un penalty dudoso con el que fue castigado, además fue el
segundo de
Del Bosque, una de las personas que, a pesar de ser también
hombre de la casa, concitan menos simpatías dentro del
madridismo, entre otras cosas porque, equivocadamente, el seleccionador ha equivocado al Presidente, al que tiene explicable rencor, con la Institución misma. Ese mismo
madridismo con memoria no le perdona a
Casillas su ya famosa llamada a
Xavi, poniendo los intereses de la
Selección por encima de los del equipo, por más que la llamada fuera todo lo tensa que el capitán
merengue quiera, y ese va a ser un incendio que el nuevo entrenador va a tener que sofocar y
Ancelotti, hombre conciliador donde los haya, no lo consiguió.
Estas cuestiones son las que, a jucio de este
Espia Otomano, son realmente importantes.