sábado, 17 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles ( y XV)
Este hombre no es de ayer
ni de mañana,
sino de nunca,
de la cepa hispana.
No es un fruto maduro
ni prodido,
es una fruta vana
de aquella España
que pasó y no ha sido.
Esa que hoy tiene la cabeza cana.
Aclaración final: Excepto los de los miembros de la familia Bemoles, y los evidentemente históricos, todos los nombres pertenecen a la imaginación del autor.
jueves, 15 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (XIV)
martes, 13 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (XIII)
domingo, 11 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (XII)
Sin duda el peor día de la semana era el domingo, pues por la mañana no tenía acceso, al estar presente su marido, a la botella de anis Castellana, más que nada porque la acaparaba él, y por la tarde, cuando él se iba a la tertulia ella no se atrevía, siempre fue bebedora clandestina y matinal, por si los efectos de los chupitos no se habían disipado cuando regresara el militar. En este ambiente tan poco acogedor comenzó el triste rodar de Aerofagio Bemoles.
viernes, 9 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (XI)
miércoles, 7 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (X)
Su falta de posibles le llevó a plantearse la posibilidad de contraer matrimonio con alguna casadera con medios suficientes, y ahí sus dotes de observador fallaron de forma lamentable.
lunes, 5 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (IX)
sábado, 3 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (VIII)
Vituperio, al enterarse, y una vez superada la sorpresa , sintió un notable alivio, caía el último obstáculo, ya nadie intentaría gobernar su vida, como lo había intentado, con escaso éxito, por otra parte, su padre. Además ahora sería él, y sólo él, el dueño absoluto del patrimonio Bemoles. Pronto saldría de su error y podría comprobar la verdad que encierra el aforismo:
El hombre propone y Dios dispone.
jueves, 1 de enero de 2009
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (VII)
Mientras tanto Vituperio iba, desde temprana edad, dando muestras de su inclinación al mal y a la perdición. Cuando con apenas doce años vió a una de las sirvientas pimplarse , a escondidas, un lingotazo de anís no dudó en imitarla, y sintió una sensación tan agradable que inmediatamente se preguntó porque la gente era tan estúpida como para beber agua, líquido que él apenas volvió a probar. No mucho después, y casi por casualidad, descubrió lo placentero que puede llegar a ser el manipularse las zonas íntimas, y desde entonces compensó con creces todo lo que su padre había despreciado las enseñanzas de Onán (aunque un amable lector ha aclarado el papel de Onan , el vicio solitario se llama, incorrectamente, onanismo). Desde ese momento ninguna sirvienta que pasara por casa de los Bemoles podía sentirse a salvo. Muchas apenas duraban unas horas a pesar de que los salarios eran superiores a los de la media de la época. Evidentemente tan poco edificantes actividades, que además le ocupaban la práctica totalidad del día, repercutieron de forma negativa en su rendimiento académico. Su padre que andaba excesivamente ocupado en sus actividades, no tanto en las propias de sus negocios como en las de su fortaleza espiritual, cada vez más en detrimento de la física y de la mismísima salud, tiró por la calle del medio y sobornó a toda clase de profesores, con lo cual Vituperio se vió de repente matriculado en la facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid para el curso 1951-1952 siendo un perfecto analfabeto. Se despidió de su padre y se trasladó a la capital del Estado Victorioso. Estando la facultad de Derecho todavía en San Bernardo, el traslado a la Ciudad Universitaria hasta 1956 no se produjo, ocupó, en compañía de una especie de tutor, amigo espiritual de don Estrepitancio, que tenía como única misión real la de vigilar las andanzas del joven universitario, un piso, razonablemente cómodo, y del que desconocía la propiedad, cuestión que, por otra parte, nunca le preocupó en demasía, en la calle de Leganitos. A pesar de ser aquellos años de plomo en lo que a moralidad se trataba, a pesar de que la sociedad de la época estaba impregnada de lo que hoy hemos dado en llamar nacional-catolicismo , era Madrid una ciudad que tenía una amplia oferta para aquellos decididos a salvar su alma en el último minuto, mediante el método del arrepentimiento por atrición, que no es otra cosa que arrepentirse de los pecados por el acojono que producen los martirios anunciados en el infierno, al tratarse de un arrepentimiento imperfecto , definido como tal en el Concilio de Trento, tiene la pega de que, para que obre efecto, y los pecados sean perdonados ,tiene que ir acompañado del sacramento de la petinencia, mientras que en caso de peligro de muerte y en ausencia de un presbítero que pueda escuchar al pecador en confesión y absolverle mediante el sacramento antes citado, una contrición perfecta puede ser suficiente. Una de las mayores ventajas que tiene el catolicismo frente al resto de las religiones es ésta del poder arrepentirse, sinceramente o por miedo a lo que venga. Yo, desde luego, si creyera que existe un ente que, saltándose a la torera todas las leyes científicas conocidas, es el responsable de que existe el Universo me haría católico sin dudarlo. Judios y musulmanes son unos tiquismiquis con el tema de la comida, lo de prescindir de los derivados del gorrino, hurtar a los sentidos de un jamón ibérico, les descalifica, y me importa un bledo lo que hayan podido decir sus correspondientes profetas. En cuanto a los otros cristianos, luteranos, calvinistas, etc..., no piensan más que en trabajar, y además después de pasarte toda una vida trabajando y rezando , igual no eres de los predestinados y vas al infierno igual. Lo dicho católico y no se hable más. Don Estrepitancio que, recordemos, conocía Madrid y sus peligros, en cualquier caso menores que los de esa Gomorra mediterránea llamada Barcelona, no tenía ninguna confianza en su hijo, por eso le asignó un vgilante, lo que no podía imaginar es que también el vigilante, con extaordinaria facilidad, iba a caer en las redes del maligno.
martes, 30 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (VI)
domingo, 28 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (V)
viernes, 26 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (IV)
En una tarde del final del verano, con tormentas acompañadas de un fortísimo aparato eléctrico nació Estrepitancio, el hijo único y heredero universal de los Bemoles. La práctica ausencia del hogar del padre de familia fue determinante en el desarrollo intelectual y emocional de Tancio Bemoles (siguiendo la tradición familiar el nombre doméstico y cariñoso se construía con el final del nombre oficial). En efecto don Tremebundo repartía su tiempo entre el ministerio, donde había llegado a director general sin tener la mínima idea de cual era su cometido oficial, lugar que seguía siendo su cuartel general y en el que desarrollaba las tareas oficiales de su empresa, las tertulias vespertinas, continuaba siendo un adicto a la cafeína aunque había conseguido controlar su dependencia, y las juergas nocturnas, tenía habitación reservada y pertrechada de todo lo necesario en cada uno de los garitos que controlaba, de manera que aparecía por el hogar familiar de ciento en viento, y siempre para interesarse por si era necesario algo y dejar dinero. En una ocasión preguntó a su esposa si consideraba necesario comprar un piano respondiéndole ella, con toda naturalidad, que en sus clases practicaba fundamentalmente el solfeo, actividad para la que, siempre según ella, no se necesitaba instrumento musical alguno, si acaso la flauta dulce, pero la ponía el profesor.
Mientras el niño fue pequeño no echó de menos en absoluto la figura paterna, ese señor que , de vez en cuando, aparecía por casa con extraordinarios regalos y juguetes, y le cogió aprecio al profesor de piano de su madre siempre simpático y atento con él. Fue al ir creciendo, y sobre todo a raiz de ir al colegio, de estricta disciplina y moralidad, de los Hermanos Maristas cuando se percató de las peculiaridades de su familia, puesto que en las de sus compañeros el padre, o estaba habitualmente presente, o había muerto. Era la suya una ciudad sin puerto de mar por lo que no había marinos, ni se había inventando, o estaba en pañales, la aviación, por lo que no había pilotos. Como la clase social de sus compañeros excluía a representantes y viajantes de comercio, lo dicho: el padre de todos sus compañeros o estaba siempre presente o bajo tierra. Alguno de los padres de sus compañeros conocían al suyo, por ser también de Adoración Nocturna, pero no con tantísima devoción y sacrificio como el de Tancio Bemoles. Y sobre todo, y este descubrimiento fue especialmente doloroso, en ninguna de las casas de sus amigos y compañeros había, de forma casi permanente, un profesor de piano, ni de ninguna otra materia como la esgrima o el modelado en barro, que se tomase tantísimo interés por su alumna como hacía el que solfeaba con su madre.
Esta angustia que le produjo la ausencia del padre y la relajación de costumbres de la madre, hizo que el heredero creciera de forma taciturna y concentrada en dos actividades, la religión e, inicialmente, el estudio, y cuando estos hubieron acabado, estudió Derecho, especializándose en la rama mercantil, y el equivalente en la época de lo que hoy llamaríamos Ciencias empresariales, o más modernamente administración y dirección de empresas, se hizo cargo del negocio familiar, pues coincidió el fín de sus estudios con un lamentable episodio relacionado con la disipada vida que llevaba su padre, al que finalmente le dió un severo jamacuco, que los jóvenes de hoy día definen como un chungo, y que tiene el nombre oficial de ictus cerebral, que no acabó con su vida pero que lo dejó idiota para los muchos años que todavía vivió. Sólo salía de casa, por fín regresó de forma regular al hogar familiar, para ir a Adoración Nocturna donde le llevaba su hijo, ferviente y estricto practicante. A pesar del afecto que le profesó de niño, en cuanto cogió las riendas de la familia despidió, sin contemplaciones, al maestro de piano, asegurándose, eso sí, de que tuviera un alojamiento digno y el empleo de organista en una parroquia de la periferia, a la que el mismo dotó de órgano. Contrató inmediatamente a un sustituto, un venerable anciano de pésimo genio, compró un piano vertical, he hizo estudiar a su madre toda la música que no nabía estudiado anteriormente, empezando por el solfeo. Una vez resueltos los trámites que incapacitaban a su padre, y le daban el control absoluto de los destinos de la familia, se puso como objetivo el encontrar un mujer que asegurara la pervivencia de los Bemoles. Europa se desangraba en una fratricida contienda.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (III)
lunes, 22 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (II)
Como además aún no se había inventado el fútbol, las mañanas resultaban asaz tediosas, sobre todo si no se estaba en puertas de un cambio ministerial, con todo, el presentarse a trabajar con una cara que pudiera parecer haber salido directamente de un sepucro no parecía lo más conveniente, justificadas quedan entonces, las prisas del nocherniego Bemoles. Fueron estas prisas, y su deteriorado sentido del equilibrio, las que provocaron un tropezón que le hizo dar de bruces contra un montón de basuras, deshechos y desperdicios, lo que hizo que su aspecto, ya de por si lamentable, se tornara en definitivamente repugnante, y con él y maldiciendo a las autoridades municipales por mantener la ciudad en tan poco edificante estado, llegó a su pensión, con una idea fija: terminar con la desidia municipal en lo que ha recogida de inmundicias se refiere. Había nacido un nuevo Tremebundo Bemoles. Su obsesión por la limpeza viaria terminó convirtiéndose en su métier, las largas mañanas de ociosidad ministerial las reconvirtió en frenética actividad, aprovechando su conocimiento, derivado de su agudo instinto observador, de los intríngulis de la burocracia administrativa, inundó a diputados provinciales, concejales, diputados en Cortes, ministros, alcalde, presidente del Consejo y hasta la mismísima regente , que lo hacía en nombre de Alfonso XIII, el rey nuestro señor, de toda clase de estudios falsos, emitidos por falsas, y a veces inventadas, instituciones y empresas, públicas y privadas, en los que se señalaba las ventajas, indudables por otra parte, de tener un eficiente servicio de recogida de basuras y desperdicios. No descansaba por las tardes, sino que trás frugalísima colación, que ingería en el mismo negociado del ministerio, con lo que había sustraido de forma subrepticia de la cocina de la pensión, salía a visitar cuantas tertulias políticas había en los cafés de la época. Consiguió una rebaja en el precio de la pensión, al no hacer uso del comedor, y utilizó con habilidad el dinero excedente para invitar a la persona adecuada, en el momento adecuado, al adecuado café. Se afilió, al mismo tiempo, al Partido Conservador (Cánovas) y al Liberal Fusionista (Sagasta), cuando Martínez Campos abandonó el partido Conservador se fué con él al Liberal (en el que ya estaba) sin abandonar a Cánovas. Se hizo sucesivamente, pero sin darse nunca de baja en ningún partido, demócrata posibilista (Castelar), progresista (Cristino Martos) carlista de Unión Católica (Alejandro Pidal) , aunque cuando se fusionarón con los conservadores se afilió a estos por tercera vez. Incluso llegó a participar, en previsión de acontecimientos, en reuniones clandestinas, eran en los mismos cafés con lo que la clandestinidad era más bien teórica, de los republicanos federalistas (Pi y Margall) e incluso de los republicanos revolucionarios (Rojas Zorrilla). En todas las reuniones y tertulias, públicas o clandestinas, defendía con igual vehemencia la necesidad de la ciudad contara con adecuado servicio de recogida de basura, ora en aras del inevitable progreso, si le tertulia era de índole progresista, ora en aras de la conservación de los sacrosantos valores de la civilización, si primaba el cariz reaccionario entre los contertulios. Tuvo que pertrecharse de abundantes medios para evitar ser reconocido como miembro de un partido u otro, sombreros de varias clases, bigotes, barbas, levitas, chalecos, etc..., lo cual no sólo no fue sencillo, aún no se había fundado Cornejo, sino que además acarreó unos gastos que le hicieron inugurar la que, hasta que se asentó el negocio, fue su principal fuente de financiación, el sablazo, que practicó con notable habilidad entre amigos y conocidos. Como muchas tertulias, incluso de signo político absolutamente contrario, se celebraban en el mismo café, e incluso a la misma hora, desarrolló una increíble habilidad para, disimulando con apretones e incontinencia urinaria, utilizar los servicios mingitorios para cambiar de aspecto e ideología, pero nunca de discurso, monotemático en lo que se refiere a la profilaxis ciudadana. Tan agitada actividad junto al masivo consumo de café en todas sus modalidades, recuelo, con achicoria, café-café,etc... produjo innumerables alteraciones en su sistema nervioso, tanto el principal como el periférico, la cual hacía que las tardes de los domingos, que destinaba a pasear por la calle mayor-principal de la ciudad junto a su prometida, y ante la ausencia de ingesta de cafeína, sufriera toda clase de temblores y espasmos, lo cual le daba un aspecto, que hoy reconoceríamos como el de un yonqui con mono, poco saludable para los cánones de la época. Como además los brazos de Morfeo le eran esquivos, igualmente por el abuso de café, su salud mental estaba en serios apuros y corriendo el riesgo de que le ocurriera como a Pedro Camacho, el increíble escribidor de Vargas-Llosa , solo que en lugar de mezclar personajes y tramas de radionovelas hubiera mezclado los partidos a los que estaba afiliado. En estos críticos momentos se hallaba cuando, por fín, una carta del alcalde, de su puño y letra, le comunicaba la concesión del servicio municipal de recogida de basuras, servicio creado por el voto unánime de todos los partidos que componían la corporación municipal.
viernes, 19 de diciembre de 2008
El triste rodar de Aerofagio Bemoles (I)
Dura hubo de ser la vida de Aerofagio Bemoles. Sus padres , dipsómanos, drogodependientes y votantes del PP, habían arruinado el próspero negocio que había iniciado su bisabuelo Tremebundo Bemoles, y que había consolidado y expandido su abuelo Estrepitancio Bemoles.
En efecto, fue don Tremebundo el que mientras paseaba, por la ciudad que le vió nacer (es indiferente la ciudad en cuestión porque por aquella época todas las ciudades españolas tenían aproximadamente la misma cantidad de mierda, desperdicios y basura de toda índole), a unas horas un tanto intempestivas, y es que pasear, lo que se dice pasear es un tanto inexacto. Venía Bundo , cariñoso diminutivo por el que era conocido, de intecambiar, primero e ingerir después , fluídos y copichuelas en una casa de pésima nota en uno de los arrabales de la ciudad. No hay constancia de hubiera en la época organismo regulador alguno que calificase las casas de tolerancia, nombre por el que también eran conocidos los lupanares o putiferios, debido muy probablemente a que se toleraban acciones de índole concupiscente que, en cualquier otro sitio estaban prohibidas y castigadas con las penas del infierno. La clasificación en casas de pésima, mala, regular e incluso buena nota, debía venir, con toda seguridad determinada, por una clasificación popular, en la que, sin duda, se tendría muy en cuenta, no sólo la calidad humana de las pupilas que allí prestaban sus servicios, sino también el rango social de los clientes. No puede, ni debe, ser posible tener en misma consideración un establecimiento visitado por S.M. el Rey nuestro señor o su ilustrísima el Cardenal Primado, que uno frecuentado, por mindundis como el bisabuelo de nuestro protagonista.
El contraste entre el calor , procedente en gran medida de la calefacción humana y el sudor ajeno, del tugurio y el frio de la intemperie solía tener el benéfico efecto de disipar los efectos que el exceso de bebidas de alto contenido enólico y dudosa procedencia producía en la cabeza del juerguista, si bien el efecto era contrario en la parte somática del individuo en cuestión, que con frecuencia, y con el hígado en franca rebelión y las transaminasas en veloz desbandada, solía hacer una última parada con la frente recostada en un antebrazo que a su vez se apoya en la pared , las piernas abiertas, convenientemente alejadas del muro en cuestión, para en tan poco edificante postura proceder a devolver al mundo, el excedente de lo trasegado la noche anterior. La colusión de ambas sensaciones, claridad de mente y cuerpo torcido, suele producir, a él le produjo, una necesidad inmediata de reparador descanso, de dormir verdaderamente, a pierna suelta, lo que, a pesar de su debilidad, debida en gran medida a que, a diferencia de otros clientes habituales no se producían en él fuertes disensiones entre Dionisio, dios de la vid y de la yedra, del delirio, del entusiasmo, del éxtasis, de la danza, de la tragedia y de las fiestas y Afrodita, diosa del amor, madre del caprichoso Eros, quizás porque administraba sabiamente sus recursos: "Cuando se va a putas, se va a putas" solía clamar con precisión tautológica al rechazar una vez tras otra cuantas ofertas le llegaban de alegrarse el cuerpo, tomando de aquel licor o de aquel otro, antes de satisfacer sus necesidades más acuciantes, que no eran otras que las derivadas de su estado célibe, ya que si bien había entablado formales relaciones con una señorita de lo más granado, y carente de recursos económicos, de la sociedad civil, las costumbres de la época, y la dificultad de acceder a métodos contraceptivos de cierta seguridad, impedían la consumación final de los ardores provocados por castos besos y furtivos tocamientos producidos en la oscuridad, no de salas de cinematógrafo, aun por inventar, sino de otros lugares, como esquinas poco iluminadas o los zaguanes de los portales, insisto siempre de acuerdo con el celebérrimo teorema de Tales: "Prohibido joder en los portales", la omnipresencia de la figura conocida como carabina hubiera, sin duda, impedido que las cosas llegaran a mayores. Dada mi condición masculina desconozco, en lo concreto, como calmaban las féminas la excitación producida, pero conozco muy bien la de los varones que tenía dos vías de escape generales, la más utilizada era , siguiendo el bíblico ejemplo de Onán , aprovechar el carácter de oponible que tiene nuestro dedo pulgar, dotando a nuestra mano de la capacidad de asir objetos animados o inanimados, con vida propia o dependiente de otros, capacidad que comparten con nosotros gorilas y chimpancés, un adecuado manejo de estas habilidades produce una más que satisfactoria reducción de la excitación, tiene este método indudables ventajas, nadie conoce mejor que uno mismo su propio cuerpo de manera que el encontrar el ritmo adecuado es algo prácticamente automático, por otra parte al no haber compañera, excepto en la mente del individuo, no existe el riesgo de que una rápida consecución de los objetivos deseados deje a medio camino los de la compañera de actividad, pero esto es algo a la que la sociedad, en general, prestaba escasa importancia en la época en la que el bisabuelo de nuestro protagonista estaba en plena forma. Tenía, está fuera de discusión, tan manual y artesanal método un inconveniente notable dada la particular idiosincrasia de los individuos de la especie humana con cromosomas XY, y esto es independiente de la identidad sexual del individuo en cuestión, de que sea hetero u homosexual. Todo individuo de la especie humana de sexo masculino, sólo ha llevado a buen puerto su actividad de índole sexual, si puede contárselo a un amigo, con los correspondientes adornos y exageraciones, esa es la razón fundamental por la que los varones pierden, dentro del matrimonio, gran parte de su apetito sexual, no va a ir uno contando lo que hace con su compañera en una institución tan sagrada y milenaria como el matrimonio, y es también la razón por la que los necesitados de acudir al vicio solitario, algo que generalmente no se cuenta a no ser que de que se trate de una inusual proeza, en cuanto tienen posibilidad, fundamentalmente económica, acuden a expertas meretrices que suelen colmar gran parte, nunca todas, de sus fantasías orientales, que son amplificadas con deleite añadido en tertulias de bares y casinos, siendo seguidos estos relatos con más interés de los contertulios que el relato del último gol del ídolo futbolístico local. A veces, y no son pocas, ocurre que el individuo está falto de presencia de ánimo, es de natural tímido y fácilmente impresionable por una mujer de las características de una profesional del sexo, por lo que comete el error de insuflarse valor con la ayuda del alcohol, este error, la alteración del orden que tan escrupulosamente guardaba don Tremebundo, provoca, ahora sí, la incompatibilidad entre Dionisio y Afrodita o entre Venus y Baco, si prefieren la mitología romana, mostrándose, a menudo, con toda su contundencia. Haya servido esta pequeña disertación sobre el uso y abuso de determinados servicios absolutamente prohibidos por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, para ponernos en situación, para que tengamos conciencia clara del momento en que el bisabuelo de nuestro protagonista idea el negocio que años más tarde va a arruinar su nieto, y que en gran medida será el que marque el destino errabundo de su hijo, del hijo del nieto, del bisnieto, nuestro protagonista.
Que ningún malintencionado busque en lo anteriormente escrito ningún tipo de elogio hacia el uso de la profesión más vieja del mundo, algo absolutamente falso puesto que es anterior el oficio de macarra, macró o chuloputas, que es el que las obliga. Esta práctica, no por usual y extendida, tiene justificación, y no sólo está moralmente condenada, como he señalado antes, por la Iglesia , sino que también es contraria a la moral comunista que tiene en la libertad sexual uno de sus anclajes éticos más importantes.
Dejamos aquí a don Tremebundo con una resaca digna de nombre momentos antes de decidir a que iba a dedicar el resto de su vida.