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miércoles, 22 de agosto de 2007

De Perros , Gatos y Familia en general

Tenía yo una cierta prevención por la llegada a mi casa de un minino, sobre todo por la reacción que pudiera tener Lenin , el perro labrador, amo y señor de mi casa sobre la que lo único que no tiene son obligaciones hipotecarias. Harto de ver en miles de documentales, ¿O es el mismo documental emitido miles de veces?, lo mal que se llevan en el Serengueti las hienas y los leones, y después de haber visto, en la tierna infancia de mi hijo, tres mil seis veces el Rey León, uno estaba convencido de que perros y gatos tienen que llevarse esencialmente mal, y que el dicho de se llevan como el perro y el gato, está históricamente justificado. La entrada en casa de Calcetines, el nombre no es muy original, pero es un nombre de consenso familiar, que además me sirve para homenajear a un personaje, Maricarmen Cañizares, por el que tengo absoluta debilidad, pareció en principió avalar mi tesis inicial, en cuanto Lenin vió en mis manos al cachorrito felino intentó por todos los medios darle los lametazos de ordenanza, algo que produjo una notable reacción de pánico en Calce, su nombre definitivo, que arqueó el lomo y clavó sus uñas en mi espalda causándome no poco dolor, instalamos al gato en el garaje, al que el perro no puede acceder, y decidimos abordar otra estrategia, que no fue otra que facilitarles un encuentro, sin nuestra presencia, en un espacio neutral y amplio, el jardín, lugar en el que, si las cosas iban mal, Calce, en principio el más débil, tenía suficientes recursos para resguardarse. La estrategia ha sido un completo éxito, y a día de hoy, después de haber pasado una temporada oliéndose, comparten lugares comunes, e incluso podrían llegar a dormir juntos, sino fuera por incompatibilidad horaria, Calce gusta más de dormir de día, mientras que Lenin prefiere la noche para descansar. Hemos tenido, eso sí, que hacer algunos ajustes con la comida, el pienso del perro es poco nutritivo para el gato, y el del gato es demasiado fuerte para el hígado del perro. En resumen, lo ideal es que cada uno se coma su pienso. La solución nos la dió Lenin cuando dejó que Calce comiera de su plato sin rechistar y acontinuación comió él hasta terminar el plato, y es que las dos especies tienen formas de comer completamente distintas, mientras que el gato come exclusivamente lo que necesita, el perro come mientras haya comida, aunque no tenga hambre, recuerdo genético de cuando en la naturaleza pasaban días sin encontrar alimento, y que hace que los lobos cuando irrumpen en un rebaño matan a todas las ovejas que pueden, o los zorros a las gallinas, con el ánimo de volver luego a llevarse las que han dejado. Así pués la solución es sencilla , come primero el gato, sin que el perro le moleste y a continuación lo hace el gato. Jamás había vivido un gato con nosotros, considerarse dueño de un gato puede ser algo pretencioso, de manera que tenía fuertemente implantados una serie de tópicos, algunos de los cuales se han cumplido, y otros no.
El primero en no cumplirse es el ya relatado, la supuesta enemistad entre felinos y cánidos no se ha dado en nuestro caso, en el que no sólo no hay tal enemistad, sino que además hay complicidad y juegos en común.
Si se se ha cumplido, sin embargo, la aversión de los gatos al medio húmedo, incluso los amorosos lametones de Lenin no acaban de satisfacerle demasiado.
También se cumple el amor por el pescado en cualquiera de sus variedades: fresco, congelado o en conserva, algo que deberían hacer algunos humanos que conozco, para los que comer pescado es algo tan prohibido como el cerdo para los musulmanes o la vaca para los hindúes.
En cuanto a su supuesta independencia, en nuestro caso es relativa, a Calce no le gusta nada quedarse sólo y le encanta que le rasquen la tripa, lo cual genera algún tipo de pelusilla en el chucho.
Se queda extasiado mirando los canarios Anselmo, Eusebia, Procopio y Nicasia, como Silvestre a Piolín, con ojos golositos, hay que tener cuidado de que no se quede sólo en el lugar donde están los pájaros, por aquello de que Quien elimina la ocasión elimina el peligro, tiene, en cambio una extraña actitud con Wamba, la cobaya, que no deja de ser una rata aunque con un tamaño considerable.
No tienen, los gatos, ni el ánimo ni la voluntad, de aprender depende que cosas. Con Lenin , e igualmente anteriores perros que han vivido en casa, fue sencillo hacerle comprender, dos collejas en el hocico sirvieron, que la mesa es patrimonio de los humanos, sobre todo a la hora de las comidas, y que no debe ni siquiera asomarse a los platos, con Calcetines intuimos que va a ser más difícil.
En resumen, reina en nuestra casa, una razonable cordialidad entre los que convivimos en ella, perturbada de vez en cuando con el descubrimiento de un nuevo desconchón en alguna pared, o la desaparición, sin ser el periodo natural oportuno, de hojas en algunas plantas, también el riego por goteo del jardín ha sufrido las consecuencias de la curiosidad de alguno de los componentes de tan biodiversa familia, pero es algo que suele subsanarse con un simple blasfemia arrojada a pulmón libre y garganta abierta, que tiende a recordar la pasión del santo de Asís por los animales o el patronazgo de los mismos por parte de san Antón, el recurso al claustro completo de la corte celestial, o al mismísimo triunvirato hacedor de mundos, en sus versiones: barbuda con ojo en triangulo, filial haciendo gimnasia o colombófila con deposiciones ardientes, solo suele reservarse cuando la magnitud de la catástrofre doméstica es suficientemente importante: Desencuaderne y destrozo de algún libro, intento de deglución y rayado de algún disco , desmembramiento de algun mando a distancia, etc....Esta tranquilidad, siempre relativa, y amor por el sosiego, quizás debieran practicarla los padres de la patria , ¿quiénes serán las madres?, sobre todo en las sesiones de los miércoles, las de control al gobierno, claro que convivir con individuos como el ¿señor? Martínez Pujalte, tiene que ser más dificil que hacerlo con un cocodrilo del Nilo o un dragón de Comodo, que tienen bastante más educación, que el manifiestamente mejorable Martínez el Facha.
Mis padres jamás me dejaron tener animales en casa, que curioso.