Mostrando entradas con la etiqueta Gallardón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gallardón. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de agosto de 2007

Fraga irrumpe con brio

Si alguien piensa, o ha pensado, en la retirada de Manuel Fraga Iribarne que se lo quite de la cabeza. En su día, el pelota de turno, dijo aquello de a "a Fraga le cabe todo el estado en la cabeza", y este mediocre intelectual, cuyo único mérito estriba en, teniendo un extraordinario memorión y una innegable capacidad de trabajo, sacar el número uno a todas las oposiciones a las que se ha presentado, se ha creido que es imprescindible. Servidor, al alcance de su vista, en su trabajo, tiene varios números uno, en oposiciones a cuerpos de élite, sin ir más lejos al Cuerpo de Estadísticos Superiores (antes Estadísticos Facultativos) del Estado, a los que ha oido manifestar en alguna ocasión que: (sic) "...yo nunca he leido ningún libro porque no he tenido tiempo, bastante he leido para aprobar primero la carrera y luego las oposiciones..." y se han quedado tan anchos los angelitos. No pasan de ser unos mastuerzos. Quiere decirse que lo de Número uno en unas oposiciones no dice nada de una persona, al menos no dice nada de su talla intelectual. Sin embargo el sr. Fraga, amparándose en sus brillantes números uno, lleva sesenta años siendo imprescindible, y sesenta años equivocándose. Bueno puede que en su primera etapa pública no se equivocara demasiado, yendo a tono con los tiempos que soplaban, puesto que cuando era profesor en la facultad de Ciencias Políticas acudía a dar clase con camisa azul , corbata negra y correaje, cuando el resto de los profesores lo hacía corrientemente con traje de paisano.
Siendo ya un joven y prometedor ministro de Información y Turismo, nos castigó con la bochornosa campaña de los XXV años de Paz y todavía se recuerdan las increíbles calumnias que soltó contra Julián Grimau después de ser asesinado, se consideró imprescindible para parar los pies a los sectores que desde el propio gobierno intentaban una modernización, aunque sólo económica del régimen, y les lanzó a la cabeza el caso Matesa. Se equivocó, no midió sus fuerzas y el que salió del gobierno fue él mismo.
Siendo embajador en Londres, el que puso a este hombre de diplomático debió ser un masón infiltrado, se enamoró del sistema parlamentario británico, fundamentalmente porque se creyó el Churchill español y asegura, aunque estoy habria que corroborarlo, que se aprendió los miles de documentos y cartas otorgadas que constiuyen el cuerpo constitucional británico, que, como es sabido, es extraordinariamente complejo al no tener una Constitución expresamente escrita como tal. Con este bagaje se consideró imprescindible para liderar la evolución del franquismo hacia un régimen al estilo británico, es decir con dos grandes partidos uno conservador, que evidentemente lideraría él, y otro de izquierda moderada. Se equivocó, absolutamente nadie le hizo caso ni desde el régimen ni desde la oposición real. Con este modelo desembarcó a la muerte de su caudillo, y, su otrora camarada, Carlos Arias Navarro le encargó, ni más ni menos que la cartera de Gobernación, la responsable del orden público, con la sutileza que le caracteriza acuñó la célebre frase la calle es mía , y a base de represión y dureza policial, intentó poner todos los palos posibles en las ruedas del carro que movía al país, imparable, hacia la democracia. El punto culminante de su gestión estuvo en la brutal intervención policial en la ciudad de Vitoria. Con el fracaso del gobierno Arias Navarro, y por tanto del modelo de reforma del sistema, que Fraga tenía en su cabeza, en la que cabe todo menos el sentido común y la cordura, se rodea don Manuel de unos inefables personajes que creo recordar eran Licinio de la Fuente, Gonzalo Fernández de la Mora, Federico Silva Muñoz, Enrique Thomas de Carranza y Cruz Martínez Esteruelas y constituye lo que va a ser su gran creación política Alianza Popular , y nuevo fracaso pues no recogen el voto masivo de lo que entonces se llamó el franquismo sociológico, es decir esa amplia franja de población que temerosa de cambios muy radicales, con miedo a lo que podían ser socialistas y comunistas, que habían sufrido cuarenta años de campaña en contra, esos españoles votaron masivamente a UCD un conglomerado, políticamente indefinido, que reunía los sectores mas evolucionistas del franquismo y a los más moderados de la oposición. AP, por más que a Fraga no le gusta que se lo recuerden, recibió los votos del franquismo más militante. Fracasó en una coalición con José maría de Areilza y Antonio de Senillosa, para coger tinte liberal . Y desde entonces, hasta su desembarco en el feudo de Galicia, ha cosechado fracaso trás fracaso. Tras el derrumbe de UCD, y siendo, prácticamente, el único grupo de oposición al PSOE, intentó centrar a su partido, haciendo una coalición con el democristiano Oscar Alzaga (PDP) y el liberal Pedro Swartz (UL), pero se dió cuenta, ahí acertó, de que las rémoras eran él y su pasado, y pilotó una desastrosa sucesión, en la que su candidato Miguel Rodríguez Herrero de Miñón fué derrotado por un dicharachero Antonio Hernández Mancha, lo que supuso aumentar su distancia con el PSOE, después con José María Aznar de presidente y él en Galicia, por fin pudieron los populares apuntarse algo.
Después de ese currículo, el octogenario Fraga sigue considerándose imprescindible y desde su nuevo cargo de senador continúa fabricando fracasos. Ahora quiere que después del previsible fracaso de Rajoy, sea Alberto Ruiz Gallardón quien pilote el PP. Espero que nuestra partícular cronista municipal, Carmen Sánchez Carazo nos cuente como le ha sentado a don Alberto tan inesperado apoyo, aunque hay que recordar que fue Fraga quien a la temprana edad de 28 años le nombró secretario general de Ap trás la fuga de Jorge Verstrynge, por otra parte, el talante real de don Alberto nos lo recuerda Juan José Millás en un artículo de el País que nos reproducen desde La rue Madelaine , en fin, malos tiempos para un Pp que no sabe muy bien que hacer con cerca de nueve millones de votos que con forman su suelo electoral.