El varapalo electoral sufrido por nuestra, ya de por sí sufrida,
Izquierda
Unida, ha puesto en marcha mecanismos que propician algo que hacía mucho tiempo que no ocurría en nuestra organización. Estamos hablando de política, de POLÍTICA con mayúsculas, de manera tanto regular, a través de los órganos regulares, comités políticos o asambleas, como irregulares, reuniones, más o menos informales, de afilados de diferentes asambleas. Todo parece indicar que, independientemente de si se está adscrito a una determinada
sensibilidad (palabra que me recuerda los tiempos en los que en CCOO estábamos literalmente a
hostias) hay dos maneras de concebir nuestra organización como movimiento sociopolítico. La una, la que representaría, la actual dirección federal, pone todo el trabajo político, o el más importante, en las instituciones. Desde las instituciones: Congreso de los Diputados, Senado, Parlamentos Autonómicos, Concejos Municipales, Diputaciones provinciales o forales, se conforman mayorías de gobierno, si conseguimos formar parte de esas mayorías de gobierno, influiremos positivamente en ese gobierno, estaremos contribuyendo, en definitiva, a transformar la sociedad. Una Izquierda Unida con un único diputado, el de
Gaspar Llamazares, puesto que el otro pertenece a ICV, que no es, ni mucho menos, nuestra referencia en Cataluña, no tiene nada que hacer en ese supuesto, nada más que prepararse a modificar su mensaje, de manera que en próximos comicios electorales podamos obtener mejores resultados. La otra forma de entender nuestra organización, y es mi forma de verla, afirma que nuestro movimiento sociopolítico sólo tiene sentido si es un movimiento que tiene como objetivo la
Sociedad Socialista, es decir con los medios de producción en manos de la propia sociedad, un movimiento que ha de tener en el
republicanismo, el federalismo y el anticapitalismo sus señas de identidad. Simplificando, esa izquierda transformadora tiene que ser una
izquierda revolucionaria. Y al llegar a este punto, surge la pregunta clave, ¿Es esa izquierda revolucionaria, transformadora, anticapitalista, etc, incompatible con el parlamentarismo? Y tenemos que contestar
SÍ es incompatible, nunca vamos a conseguir transformar la sociedad avanzando hacia el socialismo utilizando las vías parlamentarias. Llegado, incluso, el caso ideal, el caso, muy improbable, de que alcanzásemos la mayoría parlamentaria, el sistema habilitaría las medidas oportunas, más o menos violentas, para defenderse con uñas y dientes. Recordemos lo ocurrido en Chile en 1973, con la
Unidad Popular del doctor
Salvador Allende. Idéntica suerte hubieran corrido los Partidos Comunistas italiano y francés, potentísimos tras la II guerra mundial, si hubieran conseguido una victoria parlamentaria. En 1974, se pudo dar un avance importantísimo hacia el
socialismo aprovechando el empuje de la
Revolución de los claveles, sin embargo la postura reaccionaria de
Mario Soares y los suyos frustraron las enormes expectativas que generó aquel movimiento revolucionario. Es más que improbable que, utilizando únicamente las vias parlamentarias, electoralistas, falsamente
democráticas , nos acerquemos vagamente a nuestros objetivos de una sociedad más justa, más solidaria, más igualitaria, más libre, porque la primera libertad es el derecho a ser igual. Si, de lo anterior alguien deduce que debemos abandonar las vías parlamentarias, coger la escopeta y echarnos al monte, es que me he expresado fatal. La concurrencia a comicios y elecciones es muy importante, y el tener buenos resultados también, multiplica nuestra presencia en la sociedad, sirve de altavoz al trabajo que contra las instituciones propias del sistema capitalista, tenemos que hacer desde los sindicatos, los movimientos ciudadanos, ecologistas, feministas, estudiantiles, etc...Pero no debemos hacer de ello nuestra
única forma de hacer política. Seamos capaces de aprender de las experiencias de otros. ¿Por dónde anda el PCF, el partido que se
arrugó en el Mayo del 68? ¿Que es del PCI tan pendiente de
sorpassar a la Democracia Cristiana que se pasó de frenada y despareció?. Por no hablar del triste papel que históricamente han desempeñado los partidos
socialdemócratas hasta convertirse en una de las dos ruedas, la que lleva engranada la cadena, de la bicicleta capitalista, por más que ahora quiera llamarse
economía de mercado.