
Como era de suponer el fichaje de
Rosa Aguilar no ha sentado especialmente bien entre nuestras filas, por más que fuera la
Crónica de una huida anunciada. Algunos destacan la preocupación que hay en el entorno del PSOE por el giro que hemos dado, sobre todo en lo que se refiere, a las relaciones en lo que pomposamente llaman
la casa común de la izquierda, y que en lo que a mi respecta tiene poco de común.
Otros llaman la atención sobre aquellos que utilizan nuestra infraestructura y trabajo para hecer carrera en la otra orilla del rio ya que por si mismos poco futuro tendrían.
Los hay que hacen referencia a la deshonestidad que supone el aceptar un cargo en un partido cuando se es dirigente de otro, y
Rosa Aguilar es la coordinadora institucional de la Comisión Ejecutiva Federal, de la que dependen la secretaría de Política Municipal (
Eberhard Grosske ), la secretaría de Política Autonómica (
José Luis Centella ) y la secretaría de coordinación de los grupos parlamentarios (
Ramón Luque ), no se trata de unas resposabilidades baladíes precisamente, si le añadimos que además, la doña en cuestión, fue elegida alcaldesa de Córdoba en las listas de IU, la deshonestidad, deslealtad, hipocresía y desvergüenza adquiere caracteres notables. Incluso parece ser que el mismísimo
Gaspar Llamazares se ha mostrado molesto con la alcaldesa de Córdoba, lo que no deja de ser significativo, pues eran ambos destacados impulsores de la llamada
IuAbierta.
No falta quien le afea la conducta intentando ser respetuosa. En definitiva hay una amplia variedad de reacciones ninguna de ellas positiva.
Sin embargo yo pretendo, sin querer caer en falsas posiciones que aparentan levitar por encima del bien y del mal, hacer un análisis más reflexivo, menos apasionado y sobre todo político, dejando de lado consideraciones morales sobre la indecente forma de actuar de una persona que hace poco más de tres meses era elegida para dirigir IU. Es evidente, a nadie se le oculta ni pretendemos ocultarlo, que dentro de IU hay diferentes formas de entender la organización en sí misma.
El PCE, mi partido, es un partido político, con todas las características de un partido político que hace una expresa cesión de dos competencias: la concurrencia electoral y la presencia institucional directa a favor de IU, como instrumento de convergencia y proyecto unitario en el que participa y prioriza, entre todas ellas, además de las organizativas:
1) La apuesta de IU, como proyecto político de las/os comunistas, en los términos recogidos en las tesis del XVII Congreso
2) El trabajo en el movimiento obrero, desde nuestra concepción de que en la sociedad actual la contradicción principal sigue siendo la de capital-trabajo
3)La implicación activa en los movimientos sociales. Aportando nuestras propuestas y experiencias y teniendo en cuenta las que emanen de su reflexión y la práctica social.
(Del documento para debate en la Conferencia de Organización y Finanzas del PCE).
Esta clarificación que hacemos los comunistas de cual es nuestro papel dentro de IU, no se produce, ni de lejos, en la pluralidad no comunista, o no organizada en el PCE, que no acaban de aclarar si preferirían que IU se convirtiera en un partido político al uso, lo cual implicaría nuestra inmediata salida, o que, tal y como aprobó la IX Asamblea, siguiera conformada como un movimiento político y social. En ningún momento ocultó la señora Aguilar que daba por concluido el papel que pudiera tener el PCE en estos momentos si bien afirma que: " me siento ligada sentimentalmente a lo que fue el PCE, al papel que representó en la Transición y a tantas y tantas personas que siguen militando, luchando por la libertad, y con las que me siento identificada y unida sentimentalmente". El resultado de la IX Asamblea no fue el que esperaba esta ciudadana, como no lo fue para muchos compañeros, los que no apoyaron a Cayo Lara, sin embargo la gran mayoría de ellos continuan trabajando tranquila y honestamente en sus Asambleas y muchos de ellos reconocen, en público y en privado, que el actual coordinador les está constituyendo una agradable sorpresa, tan agradable como lo está siendo para mi su actitud de leal colaboración. Sin embargo hay quien ve con preocupación la paulatina distancia que están tomando nuestras posiciones de las del PSOE, y no porque nosotros nos hayamos tirado al monte, sino porque ellos basculan hacia la derecha sin disimulo de ningún tipo. Y si somos honestos es mejor que estos compañeros encuentren acomodo donde ideológicamente se encuentren más a gusto, yo desde luego, me felicito de que tengamos la posibilidad de recuperar para IU una alcaldía emblemática como es la de Córdoba que se encontraba en manos de alguien ajeno a nosotros por más que se hubiera presentado con nuestras siglas. No podemos, los comunistas, entristecernos de que se vaya de IU quien tiene una práctica abiertamente anticomunista.
Y siguiendo con la reflexión, me gustaría resaltar la permanente, y agresiva, política de intromisión que mantiene hacia nosotros el PSOE. Sinceramente creo que va llegando el momento de que nos replanteemos nuestras relaciones con esta gente, y un primer paso bien puede ser romper los acuerdos que tengamos con ellos en todas las instituciones.