
Parece que fue ayer, los trabajadores carecían de los más elementales instrumentos para defender sus derechos. La extrema derecha, esa que hoy se cobija bajo el paraguas del
Partido Popular, milagrosamente
democratizada, descargo su furia sobre quien sabía que podía amenazar sus privilegios de clase. Porque aquel fue un crimen de clase. Y quien defendía a los trabajadores, a la clase obrera, eran los comunistas y CC.OO. Treinta y cuatro años después hay conquistas, logradas con lucha, sacrificio y sangre, que vuelven a estar en peligro. Parce que fue ayer. Hoy la patronal no manda sus pistoleros, no le hace falta, tiene otros métodos para agredir a los trabajadores, métodos que disfraza con bonitos eufemismos:
consenso, acuerdo, concertación, negociación, dialogo....
Cada vez que aceptamos un solo recorte en derechos de los trabajadores largamente peleados estamos asesinando de nuevo a
Luis Javier,
Serafín,
Ángel,
Enrique y
Javier.
Tras años de cierto desconcierto, los comunistas tenemos claro que la lucha de clases es el eje de nuestra acción política. Y esa es la acción política que tenemos que defender tanto en nuestro sindicato de referencia,
CC.OO, como en nuestro principal movimiento sociopolítico estratégico,
Izquierda Unida. Y defenderemos esa política con firmeza, pero sin desesperación. Conocemos sobradamente la correlación de fuerzas dentro de
CC.OO, tenemos muy presente lo ajustado del resultado del último
Congreso Confederal. Sabemos la influencia que conservan los sectores afines a los últimos secretarios generales, pero tenemos la determinación de romper nada. Nada sería peor para los trabajadores que una confrontación rupturista en
CC.OO. Tendremos que recuperar influencia en base a nuestro trabajo militante coordinado, a nuestra firmeza política cohesionada. La voz de los comunistas, tanto en
CC.OO. como en
IU, tiene que ser una y solo una. Estoy seguro de que los que ayer, parece que fue ayer, dieron su vida, hoy estarian de acuerdo. No basta con invocarles, hay que mirarse en su ejemplo.