Puestos a buscar ventajas, y es que mi tendencia al optimismo es casi patológica, los no muy alentadores resultados obtenidos por
UP-IU, en adelante
La Izquierda, permiten intentar hacer un análisis objetivo de la situación de otros.
Si empezaramos por la derecha nacionalista española, el
PP y
Ciudadanos, parece claro, y los poderes ecónomicos que les sustentan están en esa línea, que, y más aún tras el enésimo escándalo de la
Operación Taula, la estructura clásica de la derecha tiene que cambiar radicalmente, la situación del
Partido Popular es insostenible y la derecha necesita como el comer desembarazarse de personas que, implicadas, directamente o no, en las múltiples tramas de corrupción, por acción, omisión o desconocimiento, y ello salpica a todas las estructuras del partido, sean quienes las componen inocentes o culpables, y a todos los níveles.
Mariano Rajoy y los suyos están más que amortizados y su recambio no puede venir de desempolvar las momias que acompañaron la gestión de
José María Aznar. Por otra parte la alternativa que, fuertemente apoyada por medios de comunicación de masas, pudo suponer, no sé si sigue suponiendo, el aseado muchacho de
Barcelona,
Albert Rivera, parece haberse estancado, o quizás frustrado, en una política un tanto errática que le hace ser fácil blanco, por un lado de los que le acusan de ser la
neoderecha, y por el otro de los que le acusan de ser de
izquierdas. Si tenemos en cuenta que la derecha española es, fundamentalmente, pragmática, y más aún la derecha económica, que corre con los gastos, y ahí está lo que fue ese
Totum Revolutum que fue
UCD y la , ideólogicamente hablando, suma de heterogeneidades, democristianos, liberales, conservadores, etc que es el actual
PP, no es descartable una reestructuración de la derecha en torno a caras nuevas que aproveche para abordar una necesaria modernización ideológica, ya que una parte de su electorado hace tiempo que dejó de comprender esas cruzadas, junto a lo más reaccionario de la sociedad española en cuestiones, el aborto, matrimonios
gays, etc, que hace años terminaron en el resto de Europa. La derecha política nacionalista española se encuentra , pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El nacionalismo no español, no me gusta el calificativo de nacionalismo
periférico, fundamentalmente catalán o vasco, pero también gallego o valenciano, sin olvidar a baleares, canarios y navarros, sin importar si son independentistas, soberanistas o, simplemente, autonomistas, atraviesan, igualmente, por un periodo convulso determinado por la puesta en primer plano político de lo estrictamente identitario. Para la derecha nacionalista catalana,
Convergencia Democratica de Catalunya, la situación es dramática puesto que inmersa en un proceso que ha dejado de controlar, pierde toda capacidad de vínculo, incluidas políticas económicas, con la derecha del resto del Estado, primero porque la deriva independentista es inasumible para la derecha española y más inasumible aún la irrupción, con capacidad de hipoteca, de una fuerza que se define como anticapitalista como las
CUP. En mejor situación parece estar la derecha nacionalista vasca,
PNV-EAJ, escarmentada de haberse embarcado, en su día, en un proyecto sin salida,
el plan Ibarretxe, hoy aparece como una fuerza política en alza, sobre todo si tenemos en cuenta que la tradicional
izquierda abertzale , con quien ha venido compitiendo en el terreno de lo identitario, se encuentra seriamente amenzado por la fuerza emergente de moda. El nacionalismo de
izquierda, la conjunción de ambos términos ya supone algún tipo de contradicción, intenta resolver un problema secular propio al procurar hacer convivir lo identitario, propio del nacionalismo, con la realidad social derivada de la lucha de clases, propia de la izquierda, y esto, lejos de ser fácil, parece tan complicado que, a veces, da la sensación de ser imposible. Los nacionalismos no españoles, de izquierda o derecha se encuentran, pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El análisis sobre la fuerza emergente de moda es, a priori, el más complejo. Primero porque es dicícil, desde luego no es autómatico, adscribirlo a un espacio de los tradicionales de izquierda, centro, derecha, y de hecho ellos mismos procuran evitar esa adscripción prefiriendo algo,
"los de arriba y los de abajo", que no sé si será más novedoso pero desde luego es más vago e indefinido. Supongo, y por supuesto puedo estar equivocado, no es la primera vez, que la acción política cotidiana, el día a día, les hará, voluntaria o involuntariamente, irse adscribiendo a un espacio político de los llamados tradicionales, de momento, esa indefinición, que en lo electoral les ha sido muy rentable, ha servido, de excusa, puesto que de una torticera excusa se trata, para, en el hemiciclo, mandarlos al
gallinero, pudiendo comprobar de primera mano, como el reglamento que sirvió, con su colaboración al impedir el acuerdo con
Compromís, para mandar a
La Izquierda al grupo mixto, tambien puede perdjudicarles a ellos. Con sus militantes, nos ocurre lo mismo que con muchos del
PSOE, los identificamos con la izquierda, sabemos que son de izquierda, hemos compartido con ellos luchas y espacios comunes, sin embrago militan o votan un partido que no lo es. Necesitan, creo yo, imperiosamente saber que van a ser de mayores.Se encuentran, pués a mi juicio, en una encrucijada.
Sin ser fáciles las de los demás da la sensación que es el
PSOE quien lo tiene más difícil. Parece que, haga lo que haga, lo acabará pagando. Básicamente aparecen tres posibilidades. La primera, establecer algún tipo de colaboración, con
PP y
Ciudadanos para formar, o permitir formar, gobierno. Es la opción preferida por personajes de
acrisolada ética como
Felipe González, presidente de gobierno cuando operaban los
GAL impulsados, amparados o auspiciados, según el juez instructor,por una
misteriosa X o
José Luis Corcuera, ministro del Interior promotor de una ley, la de la
patada en la puerta, que hasta al
Tribunal Constitucional le pareció una barbaridad. Cuenta, parece ser, también con el apoyo de
Susana Díaz, presidenta de la
Junta de Andalucía, que no dudó en expulsar a
La Izquierda del gobierno andaluz, probablemente molesta por tener que aplicar políticas que nunca fueron de su agrado, y que hoy gobierna, con unas sospechas de corrupción misteriosamente adormecidas, gracias al apoyo de
Ciudadanos. Esta opción, muy del gusto también de los poderes económicos, tendría a medio, largo e, incluso, puede que corto plazo, unas consecuencias funestas. Una parte importante de su electorado no iba a comprender el apoyo a un partido, el
PP, que no solo es el paradigma de la corrupción, como vemos, de forma continuada, desde hace mucho tiempo, sino que ademas es el partido de la
Reforma Laboral y la
ley de Educación, leyes que han estado en el punto de mira de la campaña de
Pedro Sánchez, leyes que el
PP, y así lo ha manifestado por activa y pasiva, no está dispuesto a derogar. Abandonaría el
PSOE un espacio que ocuparían otros con facilidad. Un segunda posibilidad es la de presidir un
gobierno de izquierdas, por más que uno de sus posibles miembros no se considere, estrictamente, como tal. Numéricamente, descartados los nacionalismos abiertamente independentistas o partidarios del eufemismo
derecho a decidir, se necesitaria el apoyo en la investidura del PNV, que a día de hoy no ha tomado partido por la independencia, al menos expresamente, y que, es más que probable, puede conformarse con la seguridad de mantener intocable el llamado
concierto vasco. En algún momento ésta pudo parecer la opción más factible, y numéricamente la más clara, pero la aparición por sorpresa de algún, o algunos, presentándose como
vicepresidente, o
ministros, ha dado munición a aquellos, dentro del
PSOE, partidarios del
tripartito de la opción planteada anteriormente. Algún maquiavélico, entre los que puede que me encuentre, ha podido pensar que la puesta en escena en cuestión, con
César rodeado de los jefes de sus legiones, de hecho uno de ellos es un teniente general, se hizo, precisamente para abortar esta posibilidad. En cualquier caso el
PSOE, con este
gobierno de izquierda, corre el, no desdeñable, riesgo de que su protagonismo, pese a presidirlo, sea finalmente acaparado por otros, comprobadamente más eficaces a la hora de utizar recursos de agitación y propaganda. Esta opción, sin ser buena, es la menos mala para
La Izquierda, siempre que participara en ese gobierno, porque es la única que la permitiría hacerse visible. Por último tiene el
PSOE la posibilidad de forzar nuevas elecciones, y aquí, digan lo que digan sesudos expertísimos, nadie sabe que puede ocurrir. El
PSOE se encuentra, pués, a mi juicio en una encrucijada.
Pero la encrucijada que a mi importa e interesa es la nuestra, la de
La Izquierda. En la
entrada de ayer expresaba mi posición y no merece la pena repetirse.
Interesante encrucijada.