lunes, 15 de octubre de 2012

Si fuera catalán

Tengo que empezar diciendo que no me importaría, en absoluto, ser catalán, o vasco, o extremeño, o francés, o de cualquier sitio. Mi afección por las patrias es nula, y en general tengo afecto por sus componentes, sobre todo si comparten mi adscripción social. Soy un trabajador, hijo de obreros y nieto de campesinos, Me siento más unido, y comparto más intereses, a un trabajador catalán o gallego que a un capitalista madrileño por más que pueda ejecutar un schotis a la perfección o se sepa de memoria romanzas completas de la Verbena de la Paloma, La Revoltosa o El Santo de la Isidra. Por otra parte ser catalán me añadiría un morbo especial, convencido como estoy de que mi madridismo, en estos momentos extremadamente mourinhista, es absolutamente independiente del lugar de mi nacimiento, y aunque fuera, que no lo soy que yo sepa, descendiente directo de Guifré el pilós, defendería, igualmente, que Cristiano Ronaldo es, neta y objetivamente, superior a Leo Messi. Pero una vez asumido que el fútbol es la cosa más importante de las que no tienen importancia ninguna, continuo con mi razonamiento.
Al igual que millones de catalanes, cientos de miles lo expresaron públicamente el 11 de septiembre, yo no me siento a gusto encuadrado en esto que algunos llamamos España, y otros prefieren Estado Español. Detesto su bandera, que fue impuesta por la fuerza despues haber sido repudiada democráticamente, independientemente del escudo que la adorne.
Detesto su himno por las mismas razones que su bandera, añadiendo que hiere mi sensibilidad musical por más versiones sinfónicas que intenten hacerlo asumible.
Detesto la familia que detenta, y utilizo bien el verbo detentar, la jefatura del estado. Ya es el colmo que, adentrándonos en el siglo XXI, los ciudadanos no podamos elegir al jefe del estado y esa responsabilidad sea hereditaria. Pero es que además la familia en cuestión es cualquier cosa menos ejemplar. Dejando de lado su vida privada, que a mi personalmente me importa un bledo, la trayectoria de esta familia ha sido funesta para nosotros. Y no sólo porque ahora descubramos que el jefe, según desvela acreditada prensa extranjera, ha acumulado un patrimonio inexplicable a tenor de sus ingresos procedentes del erario público, o que alguno de sus yernos haya actuado de manera poco ejemplar. Sus antepasados han dejado, igualmente, mucho que desear.
Al igual que esos millones de catalanes yo suspiro por ser independiente de esa España que me encorseta. Y he sido muy consciente de esa desafección en el marco, que se prolonga ya desde hace años, de la celebración de los triunfos de la selección española de fútbol que he vivido como ajenos a mí.
Pero mi independentismo tiene un componente importante al que hacía referencia al comienzo de mi perorata, la componente de clase, el mío es un independentismo obrero, de clase trabajadora. Si yo fuera catalán, e insisto en que no me importaría serlo, querría ser independiente de una España, que pretende españolizarme, desafortunado término que no ha gustado, ni siquiera, al señor Borbón, pero igualmente independiente de lo que representa el señor Mas y lo que representa, que no es otra cosa que el capitalismo catalán. Y, a mi juicio, no existe capitalismo bueno. Y, volviendo al inicio, si yo fuera catalán estoy seguro de que mi independentismo sería esencialmente anticapitalista.
Desde la izquierda, la de verdad, no la que olvida ahora quien, al dictado de los mercados,  comenzó este sin sentido de política de ajustes, desde la izquierda, repito, llevamos mucho tiempo propiniendo una solución federal  en un un marco republicano y, muy importante, anticapitalista. Y creo, si yo fuera un trabajador catalán, que me sentiría a gusto en ese proceso de construcción de una España, en pie de igualdad con  los trabajadores de las  diversas naciones que, una vez resuelto su legítimo derecho a la autodeterminación. entrarían a formar parte de ella.
Hoy la República Federal, lejos de ser una utopía. es una necesidad.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Puede cualquiera ser ministro?

No.
Pero no nos equivoquemos, ni mucho menos comparto ese criterio, a mi juicio rancio y excluyente, de que para ser  ministro hay que tener una gran formación técnica o científica. Esa vara de medir la utiliza la derecha reaccionaria para vetar a los procedentes de la clase obrera, es la vara de medir por la descalificaron, en su día, al ministro socialista Corcuera. Era electricista. Y no, había motivos más que sobrados para criticar, y muy duramente, sobre todo desde la izquierda, la gestión de aquel ministro, pero ninguna tenia nada que ver con su extracción obrera. La misión, fundamental, de un ministro es, en el ámbito que le corresponda, llevar a cabo la política que propone el partido que sostiene al gobierno. Y para llevar a cabo esa política propuesta a los ciudadanos, y avalada por estos con sus votos, deberá, el ministro en cuestión, formar un equipo capaz de alcanzar esos objetivos, siempre bajo su dirección política. Es la razón por la que el ministro de Defensa no tiene por que ser un militar, el de Agricultura un agricultor o el de Fomento un ingeniero de caminos, y tuvimos el ejemplo de un ingeniero de caminos pésimo ministro de Fomento. Es la razón por la que Cayo Lara podría ser, y de hecho será, un excelente primer ministro o presidente de la República.
¿Que hace falta entonces para ser ministro? No mucho. Fundamentalmente no ser un memo. Y eso lo está incumpliendo el ministro Wert de forma flagrante.
Cuando el ministro Wert se carga la asignatura de Educación para la Ciudadanía, está cumpliendo, y bien, con su tarea de ministro al aplicar la política reaccionaria del PP en el ámbito de la educación.
Cuando el ministro Wert propone cambios legislativos que permitan subvencionar la educación segregada, está cumpliendo, y bien, con su tarea de ministro al aplicar la política reaccionaria del PP en el ámbito de la educación.
Cuando el ministro Wert anuncia objetivos que permitan discriminar socialmente a los alumnos más prematuramente, está cumpliendo, y bien, con su tarea de ministro al aplicar la política reaccionaria del PP en el ámbito de la educación.
Y podríamos encontrar más aspectos en los que el ministro Wert está cumpliendo, y bien, con su tarea de ministro al aplicar la política reaccionaria del PP en el ámbito de la educación.

Sin embargo, cuando el ministro Wert manifiesta que su objetivo, o uno de sus objetivos, es españolizar a los alumnos catalanes, esta diciendo una memez que si no estuvieramos en horario infantil no dudaría en calificar de soberana gilipollez. Y ahí no aplica políticas, se limita a mostrarse como lo que, desgraciadamente para él, puede que sea.
Ya apuntaba maneras el ministro Wert cuando oficiaba de contertulio en la cadena SER. En este mundillo de las tertulias, televisivas o radiofónicas, es cada vez más imprescindible la figura del pagafantas del bando contario. Es alguien que viene a representar un sentir discordante con el mayoritario de la tertulia. Sirve esta figura, primero, para que la tertulia no parezca excesivamente monocolor, y también para que el resto de contertulios tengan uno contra el que disparar sus argumentos. En la tertulias de los medios de extrema derecha, el TDT Party suelen ejercer de pagafantas el diputado Antonio José Carmona y el periodista Carmelo Encinas. El primer objetivo de provocar pluralidad en la tertulia lo consiguen fácilmente, ya que basta con su mera presencia, el segundo, servir de inerte pim pam pum, no tanto pues en no  pocas ocasiones están muy por encima de los contertulios de la casa, algo no demasiado difícil cuando se tiene enfrente a alguien de la talla intelectual de Hermann Tersch, Carlos Dávila o Eduardo García Serrano. El hoy ministro Wert era el pagafantas ideal en las tertulias de la SER. Y era ideal porque cumplia a la perfección los dos objetivos. Su presencia garantizaba una aparente pluralidad y además, era tal su acumulación de memeces e inconsistencias, que las posiciones de los demás se reforzaban notablemente.
Una pena. Este señor no sirve ni para ministro del PP, que ya es servir para poco.




lunes, 1 de octubre de 2012

¿Quien ganará la liga?

El Espía Otomano opina:
No dejan de dejarle estupefacto a este espía algunas peculiaridades de este pueblo al que, a fuerza de observar, tanto ha acabado por querer. No hace falta ser un avezado espía ni un experto analista para darse cuenta de que España, tal y como la conocemos, camina irreversiblemente hacia su final. Al dueño de la bitácora, y así lo ha expresado en su última entrada haciendo referencia al, a su juicio, mal llamado proceso constituyente, le preocupa cuales son las clases que protagonizan la dialéctica. En un lado, claramente, está la oligarquía que defiende una profundización del capitalismo despojando al sistema de cualquier grado de bienestar y en el otro, lo preocupante, la fuerza hegemónica, aunque participen muchos trabajadores, no es la clase trabajadora organizada como tal. Y en esas condiciones, piensa Bolche , el posible cambio en la correlación de fuerzas que pudiera dar lugar a ese proceso constituyente no es especialmente ilusionante. En cualquier caso, lo que parece haberse puesto en almoneda es la propia estructura del Estado, se ha puesto en cuestión la otrora sacrosanta unidad de la patria. Centenares de miles de ciudadanos catalanes, según unos, un millón y pico según otros, salieron el 11 de septiembre a la calle para, educada pero firmemente, manifestar su deseo de abandonar la finisecular nave patria. Y lo que le deja patidifuso a este espía son los argumentos de la parte contraria de los patriotas españoles. Esta vez no han recurrido, o lo han hecho con poca convicción, a una lectura un tanto sesgada de la historia que viene a decir, a grandes rasgos, que con la boda de doña Petronila, reina de Aragón,  con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, Cataluña se integra en Aragón, y con la boda de Fernando V, rey de Aragón, con Isabel I, reina de  Castilla, nace la España moderna. Como el argumento, además de incorrecto, cada vez interesa menos, han recurrido a argumentos de amenaza o miedo:
La futura Cataluña independiente perdera todo el comercio con España
La futura Cataluña indepediente quedaría fuera de la UE
Y...
(Y aquí entra la perplejidad de este espía) con una Cataluña independiente el Barça no jugaría la Liga Española. Yesto si que es grave. Y habrá quien piense, y estoy seguro, aunque nunca lo dirá, que el dueño de esta bitácora es uno de ellos, que habrá presiones para que el Barça gane la Liga, al menos, hasta que se produzca la consulta autodeterminante. En condiciones normales a este espía tal manera de pensar le hubiera parecida propia de demencia neurótica.
Tras acabar el Sevilla-Barça del sábado pasado, este espía tiene sus dudas.

jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Proceso Constituyente?

Hay días, no demasiados, que me levanto socialdemócrata keynesiano y me pongo como loco a defender el estado de bienestar, luego se me va pasando, sobre todo cuando recuerdo que ese supuesto estado fue el fruto de la necesidad del sistema capitalista de asegurar un cierto consumo interno, por un lado, y de neutralizar la amenaza social que suponía el telón de acero, el socialismo real, por otro. Inmediatamente me doy cuenta de que ese bienestar, por otra parte, se basaba, en gran medida en el saqueo inmisericorde de lo que hoy llamamos economías emergentes, antes el tercer mundo y siempre los pobres. Por resumirlo para que lo pueda entender, incluso, una alcaldesa del Partido Popular, los obreros suecos u holandeses tenían una calidad de vida suficiente como para poder consumir cosas, necesarias o no, y no hacerse seguidores de la hoz y el martillo. Si para ello se tenían que expoliar los recursos de Nigeria o Uganda ¡mala suerte!. Profundizo un poco y me percato, gracias a mi natural prespicacia, que todo ese entramado, que incluye la integración europea que hoy padecemos, es, políticamente hablando, el fruto de un pacto entre democristianos y socialdemócratas, y para el reinante neoliberalismo, a dia de hoy, ni la doctrina social de la Iglesia, que es la base teórica de unos, ni el buenismo keynesiano, que parece ser la de los otros, constituyen marco adecuado. Una vez tomada conciencia de la situación recurro a un proceso autopsicoanalítico de urgencia, y, sin demasiadas dificultades, descubro que lo que realmente me ocurre es que ganoalrededor de 400€ menos al mes que hace dos años, la matrícula universitaria de mi hijo cuesta un dineral, las medicinas, y soy un enfermo crónico, me cuestan más, me han quitado una paga extraordinaria y  gran parte de mis vacaciones, el abono transporte está a un precio como para sustituir los autobuses por Haigas con chófer, .... Mi relativo bienestar, y digo bien lo de relativo, se ha deteriorado mucho y muy deprisa.
Otros dias, puede que tampoco demasiados, me levanto ultraizquierdista ortodoxo, defensor de la pureza revolucionaria, con ganas de proclamar la Huelga General Indefinida (Revolucionaria si se da el caso), la toma de la Moncloa (o la Zarzuela, o las dos), la guerra popular prolongada o lo que sea menester. Aquí no me hace falta autopsicoanalizarme, me basta con relacionarme con mis vecinos, mis compañeros de trabajo, mis amigos, para darme cuenta de que muy pocos me acompañarían en tan ilusionantes aventuras revolucionarias, por más que haya razones más que sobradas para plantearselas. Debe ser cosa del desarrollo de la conciencia  social, o mejor de clase, que dirían nuestros veteranos, y vigentes, teóricos revolucionarios.
Pero otros días, afortunadamente los más, me levanto con la necesidad de hacer un análisis de la  correlación de fuerzas desde la clase a la que pertenezco, siempre teniendo en cuenta que la única forma de transformar la realidad es conociéndola previamente. Hay quien dice que esa es una premisa básica del análisis marxista. Probablemente.Y puede que hoy sea uno de esos días. Independientemente de como caractericemos la crisis, que parece ser algo más que una simple crisis financiera, una crisis sistémica, que ha podido poner de manifiesto las diferencias de competitividad entre las potencias centrales, me encanta esa terminología, muy especialmente Alemania.y la periferia, los PIGS, independientemente, insisto, de esa caracterización parece que, al menos en España, esa crisis ha dado lugar a una crisis política. Que decenas, o centenares, de miles de ciudadanos salgan a la calle cuestionando las reglas del juego del sistema político vigente parece significativo. Incluso en la masiva manifestación del 11 de septiembre en Barcelona reclamando la independencia la crisis, o mejor los efectos de esta, ha tenido importancia, no están siendo pocos los que estan siendo convencidos de que una Cataluña independiente saldría con mayor facilidad de la crisis, una vez libre la remora que le supone su pertenencia a España. Hay quien, incluso dentro de IU, considera que podemos estar inmersos en  un Proceso Constituyente, una crisis de Régimen, dicen otros. Creo que están cometiendo un error de análisis que puede ser disculpable en quien no se considere marxista pero imperdonable en quien se defina  como tal.. Ningún Proceso Constituyente, absolutamente ninguno, ha ha sido y así sera, puede iniciarse ni desarrollarse sin un cambio en la correlación fuerzas, sin un cambio político de fondo. Ese cambio en la correlación de fuerzas, en resumen esa toma del poder, imprescindible para iniciar ese proceso constituyente puede conseguirse de muchas formas, la Unidad Popular  chilena o el Frente Popular español llegaron al poder por las urnas, y los  procesos fueron abortados por las armas, los barbudos entraron en La Habana con las armas en la mano, los Bolcheviques con una insurrección popular aprovechando una impopular guerra, los Bolivarianos de Venezuela combinando la acción de una parte de la oficialidad militar, que impidió una respuesta de la oligarquía castrense, con un incontestable triunfo en las urnas. La forma de llegar al poder viene determinada por las condiciones objetivas, que se cumplen sobradamente: cinco millones de parados, recortes de todo tipo, etc, y las condiciones subjetivas que no dejan de ser otra forma de llamar a la conciencia social. Y yo, a lo mejor es que me relaciono con gente muy pusilánime, no veo condiciones ni para insurrección popular, ni mucho menos para insurrección armada, de hecho no tenemos ni armas. ¿Quiero decir que nuestra acción política debe circunscribirse a lo institucional? No. Nuestra acción política debe darse en las instituciones del sistema y también en la calle, buscando, trabajando para, profundizar y avanzar en el desarrollo de esa conciencia que facilite la toma del poder político. ¿Son importantes las movilizaciones ciudadanas que hoy cuestionan el sistema?. Lo son, y deberíamos trabajar en ellas, y yo no soy un ejemplo de lo que predico, para fortalecerlas, extenderlas, y lo que es más importante, hacer hegemónica a la clase trabajadora en ellas. Puesto que ha de ser la clase trabajadora la que protagonize el cambio de correlación de fuerzas que nos permita avanzar hacia el socialismo. De no ser así, de ser las clase medias, o pequeño-burguesas, efectivamente muy perjudicadas por los ajustes, las hegemónicas en las movilizaciones, el cambio político será, a mi juicio, estéril . Y hoy, se diga como se cuente, no está siendo la clase trabajadora la hegemónica . Prueba de ello son las consignas antisindicales y antipolíticas que tras un aspecto ultravanguardista, esconden un profundo reaccionarismo pequeño-burgués. La mejor forma de cambiar la dinámica sindical es afiliándose a los sindicatos, la mejor forma de dinamizar la izquierda política es militando en ella.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Ha muerto Santiago Carrillo

Me he resistido a escribir algo sobre Santiago Carrillo, fallecido ayer plácidamente mientras dormía la siesta, sin caer en la incoherencia y, desde luego, sin caer en la miserabilidad en la que lo han hecho algunos voceros de los medios de comunicación favorecidos por la designación digital de Esperanza Aguirre, de cuya marcha no he querido escribir nada porque todo lo que pienso de ella, incluida su situación personal, sería susceptible de ser considerado delito por el vigente Código penal.
Amigos muy queridos para mí insisten en que debo escribir algo y ello me lleva a hacerlo.
Desde los inicios de mi acción política, allá por los primeros años setenta del pasado siglo, me sitúe en las antípodas, dentro de la familia comunista heredera de la tradición de la III Internacional, de lo que representaba el carrillismo, que acababa de condenar la intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia. De hecho, con poco más de quince años comencé a militar en el prosovietismo, muy minoritario, que dirigía quien hasta hacía poco había sido en secretario de Organiación Eduardo García. Y he sido extraordinariamente crítico con la política del PCE durante la transición, valgan como ejemplos: la asunción de la bandera bicolor monárquica, la firma de los Pactos de la Moncloa, el Si a la Constitución. En definitiva el Eurocomunismo. Todo aquello por lo que hoy es alabado Santiago Carrillo es , para mí, su aspecto más negativo para el Partido.
Sin embargo, ayer, cuando tuve conocimiento de su fallecimiento, me llené de tristeza. Primero, por encima de todo, había muerto un comunista, con el que algunos discrepamos, pero un comunista. Un camarada que había dedicado gran parte de su vida al Partido que dirigió durante un larguísimo periodo, y en una situación de resistencia y lucha muy difícil. Además, y eso hay que decirlo hoy en que se desacredita la actividad política con excesiva facilidad, el camarada Carrillo, como otros muchos camaradas, ha vivido, hasta el fin de sus días, modestamente con su compañera de toda la vida Carmen Menéndez, y estoy seguro de que no le han faltado oportunidades de haber llevado un tren de vida diferente.
Por otra parte, se nos va, quizás, el último representante de toda un generación de comunistas sin los cuales no se podría entender la historia del Partido Comunista de España. Participó activamente en la defensa de los valores republicanos que supuso Octubre 1934. Protagonizó el intento más serio de reconstrucción de la izquierda con el nacimiento de la JSU. Y aún muy joven tuvo que asumir tareas de gran responsabilidad en la defensa de Madrid, durante la agresión fascista de 1936, y si tuvo alguna resposabilidad de lo ocurrido en Paracuellos, y él siempre lo negó, no seré yo quien se lo eche en cara. Ese Santiago Carrillo es el que voy a echar de menos
Ha sido una generación de comunistas, ellos sí, templados por el acero bolchevique, irrepetibles, capaces de  poner su militancia en primer plano. Los comunistas de hoy,  puede que porque las circunstancias no nos han empujado, no estamos, ni de lejos, a su altura.
No recuerdo ahora quien lo cantaba, era desde luego un homenaje al revolucionario chileno Manuel Rodríguez, y de repente me ha venido a la memoria.
Como fue Manuel Rodríguez
debiera de haber quinientos
y no hay ninguno que valga
la pena en este momento.

jueves, 12 de julio de 2012

Yo soy español, español, español

A los que han saltado con alegria.
A los que han cantado con emoción
A los que han colgado el trapajo en su ventana.
A los que han tarareado el chundachunda
A los que han vibrado con los goles de Torres
A los que se han estremecido con las paradas de Casillas.

A todos ellos una recomendación : VASELINA

Para mi desgracia yo tambien soy español y tambien tengo que aplicarmela sin haber saltado, ni cantado, ni colgado, ni tarareado, ni vibrado ni haberme estremecido.

lunes, 25 de junio de 2012

Patriotismo

Alonso ganando en Fórmula 1 , prácticamente saliendo desde su casa, el otro Alonso metiendo dos goles que dejaban fuera de combate al finisecular enemigo (de quien lo sea), Nadal ganando, hace no mucho, su séptimo Roland Garros. El país teñido de rojo, y yo como si nada, sin emocionarme lo más mínimo, incluso siendo crítico , y por tanto mal visto, al afirmar que el partido del sábado, el 2-0 contra Francia fue un infumable pestiño, que si se hubiera tratado de un partido de balonmano el árbitro hubiera pitado pasivo en más de una ocasión, que el fútbol de la selección española aburre mortalmente, como aburre el Barça , sin Messi o con él en baja forma, como aburría el Madrid Galáctico con Del Bosque, lo siento señor marqués pero su pasado familiar republicano, que  le otorgaba, a mís ojos, un plus de respeto, ha desparecido, siempre a mis ojos, con la aceptación del nobiliario título y, sobre todo, con la exhibición de la pulserita con los colores de la España vencedora, la que reprimió a sus antepasados.
Necesito un plus de patriotismo, es urgente.
El viernes asistí, en el Cuartel de Conde Duque, a un mitin conjunto del PCP y del PCE. Jeronimo de Sousa, secretario general del hermano Partido portugués, calificó al PCP como el único partido patriótico de Portugal, y a mí un escalofrio me recorrió la espalda. No consigo ligar los términos patria e izquierda, patria y progreso, patria y decencia. ¿Seré un antipatriota? Algo debe haber. Incluso siendo un fervoroso prosoviético, lo he sido, lo soy y, creo que, lo seré, la definición oficial soviética de la II guerra mundial como gran guerra patria contra el fascismo, nunca acabó de gustarme. Incluso recuerdo una ácida discusión en Paris, en los años setenta, con unos militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) por el término a que hacía referencia la P. "Para patriota Franco " creo que llegue a afirmar en medio de la discusión.
Todavía tengo pesadillas con la fotografia en la que aparecia la dirección de lo que yo entonces denominaba, de forma despectiva , Agrupación carrillista, aceptando la bandera de los vencedores como la bandera de todos. Causó esa foto, y esa toma de posición, fuertes discusiones en mi ámbito familiar, que llegaron a su punto culminante cuando en el balcón de la casa de mis padres, el 6 de diciembre de 1978 apareció una bandera, de papel, pidiendo el voto afirmativo para la Constitución. Una Constitución que, pudiendo hacerlo, yo no voté, y cada día me siento más orgulloso de ello. Puede que si los símbolos fueran otros mi absoluta falta de patriotismo quedara mitificada. Entiendo, asumo y comprendo plenamente al camarada de Sousa calificando al PCP como partido patriótico, lo es, es el único que defiende, en estos momentos la plena soberanía del pueblo portugués. Comprendo, perfectamente, que incorporen los colores nacionales portugueses a su simbología
Pero, en lo que a mi respecta, y en referencia a España, no puedo, y lo peor es que tampoco quiero, asumir y sentir como propios los símbolos representativos, no ya del fascismo español, al fin y al cabo la bandera bicolor es anterior al fascismo, sino de lo peor de la historia de nuestro pais: Los Borbones
Ya sé que me situo, yo solito, en fuera de juego. Ya sé que mi postura es más testimonial que práctica. Ya sé que tiene más de infantilismo pequeño-burgués que de posición revolucionaria. Lo sé. He acabado asumiendo, y por tanto me he derrotado, el papel de antiespañol que se me ha asignado desde mi más tierna infancia. Un papel injusto a todas luces, pero en el que me siento muy a gusto. No puedo dejar de reconocer que mi posición ante el nacionalismo, cualquier nacionalismo, puede llegar a ser excesivamente sectaria, llegando al desprecio en el caso del nacionalismo español. Pero que le voy a hacer  nunca he sido un patriota, ni he tenido ganas, no voy a cambiar ahora.
Rectifico pues lo escrito más arriba. No quiero un plus de patriotismo. me sobran las patrias. Todas.