jueves, 4 de abril de 2013

Infantas (o Infantes) de España

Que una Infanta de España esté imputada en la comisión de un delito representa una evidente contradicción. Tradicionalmente este clase de personas solo eran juzgadas de un posible delito, el crimen de lesa majestad y eso sólo ocurría, aunque con alguna frecuencia, todo hay que decirlo, cuando intentaban sustituir al monarca ejerciente de manera diferente a la que la naturaleza marcara. En todo lo demás, los infantes y príncipes, de España o de fuera, estaban por encima de cualquier ordenamiento jurídico que pudiera regular la vida del común de los mortales, de manera que el hecho de que un príncipe pudiera robar a manos llenas era algo natural. Pero los tiempos cambian y tienen las dinastías reales, y en eso los Borbones destacan, un arraigado sentido de supervivencia y acomodación a las circunstancias, de manera que, y muy especialmente tras la suerte que corrió el ciudadano Luis Capeto, han venido a acloparse a la modernidad en esa estupidez intelectual que da en llamarse monarquía democrática. Ya hace veintitrés siglos, ya ha llovido, Aristóteles consideraba a la monarquía y la democracia formas de gobierno diferentes, aunque ambas, junto a la aristocracia, eron consideradas formas puras de gobierno, por contraposición a las impuras que eran la tiranía, la oligarquía y la demagogia.  Y no voy a ser yo, no creo tener la autoridad intelectual suficiente, quien lleve la contraria, nada más y nada menos, que al mismísimo Aristóteles. Monarquía y Democracia son dos formas de gobierno diferentes, y ser, al mismo tiempo demócrata y monárquico es, como poco, muy complicado.
En España tenemos monarquía porque el régimen criminal fascista, surgido de la guerra civil que siguió a una rebelión militar, decidió que su continuidad pasaba por la instauración (que no restauración) de una monarquía, la monarquía del 18 de julio, encarnada en una persona diferente de la que los monárquicos tradicionales consideraban depositaria legítima  de los derechos borbónicos Juan de Borbón Battenberg que, siempre según los monárquicos, hubiera debido ser Juan III. Incluso el nombre elegido para reinar por el actual monarca, un nombre compuesto completamente ajeno a la tradición española, en la que los reyes, que en la pila bautismal recibían una retahila de nombres, escogían solo uno para reinar, es indicativo del origen franquista de la actual monarquía, por más que un proceso constituyente, la Transición, llevado a cabo con una correlación de fuerzas desfavorable a los demócratas, algo que debería hacer reflexionar a los que afirman que estamos, ahora mismo, en un proceso de esas características, intentó, con un éxito relativo, dar lustre democrático a la institución. Juan Carlos I es el jefe del estado porque esa fue la voluntad expresa de Francisco Franco.
Que Cristina de Borbón Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (lo del apellido Grecia no deja de ser un invento para ocultar el origen prusiano) este imputada y, probablemente, vaya a ser juzgada por un delito relacionado con la estafa o el robo pone de manifiesto la crisis de la institución monárquica, crisis que unida a la económica, crisis cada vez más claramente sistémica, hace que haya quien abiertamente hable de crisis de régimen, aunque esta terminología a mi no acaba de convencerme, más por el origen de quien, inicialmente, acuñó estos términos que por su estricto significado.
A mi juicio, y puedo estar equivocado, la monarquía ha entrado en barrena, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que la llegada de la República sea inminente. Ahora lo importante es conseguir hegemonizar y dirigir el proceso siguiente evitando un proceso lampedusiano, que todo cambie para que todo siga igual,  No podemos resignarnos a asistir a un proceso que nos lleve a un régimen, formalmente republicano, en el que la estructura de dominación de clase característica del sistema capitalista quede intacta. Para ese viaje no hacen falta alforjas. Para poder abordar, con garantías, el camino hacia una República Federal Solidaria que nos permita avanzar hacia el socialismo tenemos que alcanzar el gobierno, para, desde el gobierno y con la movilización social, tomar el poder (que no siempre es lo mismo que el gobierno) revirtiendo la correlación de fuerzas, hoy desfavorable. Estaremos, entonces, en condiciones de pilotar el Proceso Constituyente, ahora sí, con garantías.



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