viernes, 12 de agosto de 2016

La República, apuesta de futuro

Desde el poder político establecido, los defensores de la monarquía parlamentaria, con indudable éxito, han construido un mensaje tendente a considerar a los republicanos, independientemente de su consideración ideológica, como una especie de nostálgicos del régimen del 14 de abril, aspirantes a colocar una tercera franja en la bandera de España como máximo objetivo político. Error. Los republicanos no somos eso, los colores son, a mi juicio, un elemento secundario y de hecho, dato que algunos desconocen, la Primera República no modificó los colores de la bandera, aunque sí el escudo.
Si los republicanos de hoy ponemos una, a veces, exagerada vehemencia a la hora de reivindicar la bandera tricolor,
fundamentalmente se debe a que los militares facciosos que provocaron un golpe de estado, convertido en guerra por la resistencia popular, que desenvocó en la llegada al poder de la mayor organización terrorista de la Historia de España, y puede que del Mundo, el Movimiento Nacional, tomaron como colores los rojigualdos como propios con el águila de San Juan, que ya figuraba en el escudo de Isabel La Católica, si bien cayó en desuso en 1580, como insignia desde 1938.

Con la muerte de Franco, su régimen, que no podía, por su carácter unipersonal, sobrevivir sin él, sin abordar, al menos, cambios formales, evoluciona, a través de un proceso que conocemos como La Transición, y cuyo análisis no vamos a hacer aquí y ahora, hasta la monarquía parlamentaria cuyo texto básico es la Constitución de 1978. Constitución, por cierto, que fue aprobada con el águila de San Juan como escudo oficial del estado.
La actual bandera oficial del Estado, con el nuevo escudo,

ni siquiera aparece, como tal, descrita en la vigente Constitución, que se limita en el artículo 4.1 a señalar que:
La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.
Sin referencia alguna al escudo, que sólo se va a adoptar como oficial, muy posteriormente, en octubre de 1981.
En definitiva, la actual bandera, es un vano intento de conseguir legitimar los colores rojigualdos, que perdieron la legitimidad, que históricamente pudieron tener, al ser adoptados por los aliados del nazismo y el fascismo



De este recuerdo, que muchos nos negamos a borrar, procede la aversión que tenemos por esos colores, y no de nostalgia por ninguna franja, conscientes como somos que amparados en los colores republicanos se cometieron, por ejemplo, la masacre de Casas Viejas, entre el 10 y el 12 de enero de 1933, y la salvaje represión posterior al Huelga de 1934.
La República es una apuesta de futuro. La única que puede sacarnos de la crisis en la que estamos sumidos, tanto desde el punto de vista institucional, con un nuevo escenario parlamentario, que no parece eventual, que impide gobiernos estables, como territorial, ya que la chapuza para salir del paso que fue el Estado de las Autonomías, hoy ya no sirve.
Solo la República Federal ( a mi me encantaría la República Federal Ibérica con capital en Lisboa) podría, si no es demasiado tarde, reconducir la estructura del Estado hacia una fórmula en la que todos nos sintieramos razonablemente cómodos.
Los símbolos mismos del Estado estarían por definir

Alguna sugerencia:

 Aunque a mí la única que realmente me emociona es esta:




martes, 2 de agosto de 2016

¿Dónde estamos?

Saco mi querida bitácora, siempre la querré como un arma útil, siempre la tendré a mi disposición, de su estado de reposo, siempre temporal, por la perplejidad en la que estoy sumido.
Han pasado muchas cosas desde que en mi anterior entrada, con un poema de Pablo Neruda, quise rendir homenaje a la gesta de Stalingrado. Una de esas cosas, quizás la más relevante, ha sido la repetición de las elecciones ante la impotencia de ese mecanismo de representación, propio de la democracia burguesa, llamado, pomposamente, Parlamento, de configurar, adecuadamente, un gobierno capaz de continuar asegurando la dictadura de clase de la burguesía, porque vamos a decirlo claro: La democracia burguesa, con sus libertades burguesas y su burguesa interpretación de los derechos humanos, no es más que la estructura política, el Estado Capitalista, de la dominación y hegemonía de la burguesía como clase. A esa estructura política los comunistas, muy claramente los marxistas, oponemos la democracia obrera, que correspondería a la dictadura de clase del proletariado, con sus correspondientes libertades e interpretación de los derechos humanos. Hace tiempo que abandonamos el término Dictadura del Proletariado, fundamentalmente, porque hemos perdido la guerra del lenguaje, y si lo empleáramos, con ningún rigor, pero mucha eficacia, nos sacarían a relucir las fosas de Katyn, la Checa de Fomento,... y las mil y un mentiras que una excelente campaña de propaganda ha terminado por imprimir en cerebros con poca, o nula, conciencia política. En su día, hasta las declaraciones de la inefable Svetlana Stalin, quejándose, a su llegada a los Estados Unidos, de que su padre la trataba como a cualquier otra niña, sirvieron, eficazmente, de propaganda anticomunista, como si el principal error de Stalin, de haber alguno, hubiera podido ser ese. No utilizamos, por tanto, el término, pero no hemos abandonado, al menos yo, el concepto.
Retomando el hilo inicial, y habiendo dejado clara la ineficacia del sistema nos hemos visto abocados a una nueva cita electoral con un cambio, en lo que a mi respecta, muy importante. La formación política en la que milito, y cabe recordar que, de una manera u otra, llevo cuarenta y tres años de militancia a cuestas, el PCE, decidía apoyar la integración electoral de IU, movimiento sociopolítico de referencia de los comunistas, militantes del PCE o no, en una coalición electoral llamada Unidos Podemos, interpretando un papel claramente secundario, con nuestro principal activo electoral Alberto Garzón, relegado al quinto puesto en la lista de Madrid.
En una entrevista que me hicieron en la cadena SER Sierra dije, con la brevedad que la entrevista exigía, más o menos lo que pensaba sobre lo ocurrido, y tras asegurar, y sigo asegurando, que voté Unidos Podemos y volvería a hacerlo, y en relación a lo ocurrido parecía que, por una vez y sin que sirva de precedente, Íñigo Errejón podría tener, al menos en parte, razón y, en política, no siempre uno más uno suman dos. Muchos votantes de PODEMOS, básicamente hartos de corrupción e ineficacia, pero que no cuestionan ni el Estado burgués, ni su estructura político-económica básica, no votaron unas listas con nuestra presencia, su destino final fue diverso. En cuanto a "los nuestros", básicamente a nuestro electorado, un electorado que ha sido fiel en condiciones adversas, soportando tsunamis del triunfo del PSOE en el 82, en que el PCE fue barrido, o más recientemente, en 2008, reducidos a nuestra mínima expresión, no fue seducido por las ventajas del acuerdo. El papel secundario en las listas tuvo que ver, y también tuvo que ver la errática y extraña campaña electoral llevada a cabo. A mí, personalmente, se me quedó cara de imbécil, y no sé si se me ha pasado, cuando escuché a Pablo Iglesias Turrión afirmar que sentía muy orgulloso de "haber sido un joven comunista" pero que, una vez madurado, abrazaba con pasión la fe socialdemócrata que a su juicio, y el mío, el PSOE había abandonado. ¿Seré, a mis sesenta años un inmaduro?. Probablemente, no dispongo de datos al respecto, la mayoría de los militantes del PCE y de IU fuimos a votar con disciplina y sin ilusión, pero esa disciplina no parece poder aplicarse a una parte significativa de nuestro electorado.
Y ahora ¿Dónde estamos? Parece evidente que estamos en un embrollo importante y tenemos que salir de él.
A mi juicio, profundizar, como parece ser la posición mayoritaria dentro de IU y del PCE, en la vía Unidos Podemos es un gran error, somos diferentes, hacemos análisis diferentes, y, lo que es más importante, tenemos objetivos diferentes. Ellos limpiar, renovar y adecentar el sistema, nosotros acabar con el sistema capitalista, incluidas sus formulaciones políticas básicas.
Nuestro papel ha de ser otro, más complicado y difícil, que tiene que ver con la escasa implicación de la clase trabajadora como tal, en la acción política. ¿Quiero decir, con lo dicho hasta ahora, que debemos abandonar la política institucional, presentarnos a las elecciones, etc?. No, ni mucho menos, pero hay que resituar esa política en el orden de prioridades, y tener clara su utilidad. La acción institucional no debe hipotecar nuestra política, no podemos ser una fuerza reformista sino revolucionaria. Nuestro papel esencial está en el conflicto, intentando convertir cualquier conflicto social, una huelga, una reivindicación vecinal, etc, en un conflicto político. Tenemos que conseguir elevar, y no es fácil, el nivel de conciencia política de los trabajadores. Conseguir que, efectivamente, se empoderen, tomen conciencia de su papel esencial en el proceso productivo y, por tanto, de que son la única clase capaz de acabar con el sistema capitalista. Lo demás: "lo que quiere la gente", los "de arriba y los de abajo", etc no es más que humo vacuo. Alguno lo definiría como"significantes vacíos".

martes, 2 de febrero de 2016

Stalingrado

Yo ESCRIBÍ sobre el tiempo y sobre el agua,
describí el luto y su metal morado,
yo escribí sobre el cielo y la manzana,
ahora escribo sobre Stalingrado.
 
Ya la novia guardó con su pañuelo
el rayo de mi amor enamorado,
ahora mi corazón está en el suelo,
en el humo y la luz de Stalingrado.
 
Yo toqué con mis manos la camisa
del crepúsculo azul y derrotado:
ahora toco el alba de la vida
naciendo con el sol de Stalingrado.
 
Yo sé que el viejo joven transitorio
de pluma, como un cisne encuadernado,
desencuaderna su dolor notorio
por mi grito de amor a Stalingrado.
 
Yo pongo el alma mía donde quiero.
Y no me nutro de papel cansado
adobado de tinta y de tintero.
Nací para cantar a Stalingrado.
 
Mi voz estuvo con tus grandes muertos
contra tus propios muros machacados,
mi voz sonó como campana y viento
mirándote morir, Stalingrado.
 
Ahora americanos combatientes
blancos y oscuros como los granados,
matan en el desierto a la serpiente.
Ya no estás sola, Stalingtado.
 
Francia vuelve a las viejas barricadas
con pabellón de furia enarbolado
sobre las lágrimas recién secadas.
Ya no estás sola, Stalingrado.
 
Y los grandes leones de Inglaterra
volando sobre el mar huracanado
clavan las garras en la parda tierra.
Ya no estás sola, Stalingrado.
 
Hoy bajo tus montañas de escarmiento
no sólo están los tuyos enterrados:
temblando está la carne de los muertos
que tocaron tu frente, Stalingrado.
 
Tu acero azul de orgullo construido,
tu pelo de planetas coronados,
tu baluarte de panes divididos,
tu frontera sombría, Stalingrado.
 
Tu Patria de martillos y laureles,
la sangre sobre tu esplendor nevado,
la mirada de Stalin a la nieve
tejida con tu sangre, Stalingrado.
 
Las condecoraciones que tus muertos
han puesto sobre el pecho traspasado
de la tierra, y el estremecimiento
de la muerte y la vida, Stalingrado
 
La sal profunda que de nuevo traes
al corazón del hombre acongojado
con la rama de rojos capitanes
salidos de tu sangre, Stalingrado.
 
La esperanza que rompe en los jardines
como la flor del árbol esperado,
la página grabada de fusiles,
las letras de la luz, Stalingrado.
 
La torre que concibes en la altura,
los altares de piedra ensangrentados,
los defensores de tu edad  madura,
los hijos de tu piel, Stalingrado.
 
Las águilas ardientes de tus piedras,
los metales por tu alma amamantados,
los adioses de lágrimas inmensas
y las olas de amor, Stalingrado.
 
Los huesos de asesinos malheridos,
los invasores párpados cerrados,
y los conquistadores fugitivos
detrás de tu centella, Stalingrado.
 
Los que humillaron la curva del Arco
y las aguas del Sena han taladrado
con el consentimiento del esclavo,
se detuvieron en Stalingrado.
 
Los que Praga la Bella sobre lágrimas,
sobre lo enmudecido y traicionado,
pasaron pisoteando sus heridas,
murieron en Stalingrado.
 
Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora dónde están, Stalingrado?
 
Los que España quemaron y rompieron
dejando el corazón encadenado
de esa madre de encinos y guerreros,
se pudren a tus pies, Stalingrado.
 
Los que en Holanda, tulipanes y agua
salpicaron de lodo ensangrentado
y esparcieron el látigo y la espada,
ahora duermen en Stalingrado.
 
Los que en la noche blanca de Noruega
con un aullido de chacal soltado
quemaron esa helada primavera,
enmudecieron en Stalingrado.
 
Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.
 
Guárdame un trozo de violenta espuma,
guárdame un rifle, guárdame un arado,
y que lo pongan en mi sepultura
con una espiga roja de tu estado,
para que sepan, si hay alguna duda,
que he muerto amándote y que me has amado,
y si no he combatido en tu cintura
dejo en tu honor esta granada oscura,
este canto de amor a Stalingrado.

miércoles, 27 de enero de 2016

Encrucijada

Puestos a buscar ventajas, y es que mi tendencia al optimismo es casi patológica, los no muy alentadores resultados obtenidos por UP-IU, en adelante La Izquierda, permiten intentar hacer un análisis objetivo de la situación de otros.
Si empezaramos por la derecha nacionalista española, el PP y Ciudadanos, parece claro, y los poderes ecónomicos que les sustentan están en esa línea, que, y más aún tras el enésimo escándalo de la Operación Taula, la estructura clásica de la derecha tiene que cambiar radicalmente, la situación del Partido Popular es insostenible y la derecha necesita como el comer desembarazarse de personas que, implicadas, directamente o no, en las múltiples tramas de corrupción, por acción, omisión o desconocimiento, y ello salpica a todas las estructuras del partido, sean quienes las componen inocentes o culpables, y a todos los níveles. Mariano Rajoy y los suyos están más que amortizados y su recambio no puede venir de desempolvar las momias que acompañaron la gestión de José María Aznar. Por otra parte la alternativa que, fuertemente apoyada por medios de comunicación de masas, pudo suponer, no sé si sigue suponiendo, el aseado muchacho de Barcelona, Albert Rivera, parece haberse estancado, o quizás frustrado, en una política un tanto errática que le hace ser fácil blanco, por un lado de los que le acusan de ser la neoderecha, y por el otro de los que le acusan de ser de izquierdas. Si tenemos en cuenta que la derecha española es, fundamentalmente, pragmática, y más aún la derecha económica, que corre con los gastos, y ahí está lo que fue ese Totum Revolutum que fue UCD y la , ideólogicamente hablando, suma de heterogeneidades, democristianos, liberales, conservadores, etc que es el actual PP, no es descartable una reestructuración de la derecha en torno a caras nuevas que aproveche para abordar una necesaria modernización ideológica, ya que una parte de su electorado hace tiempo que dejó de comprender esas cruzadas, junto a lo más reaccionario de la sociedad española en cuestiones, el aborto, matrimonios gays, etc, que hace años terminaron en el resto de Europa. La derecha política nacionalista española se encuentra , pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El nacionalismo no español, no me gusta el calificativo  de nacionalismo periférico, fundamentalmente catalán o vasco, pero también gallego o valenciano, sin olvidar a baleares, canarios y  navarros, sin importar si son independentistas, soberanistas o, simplemente, autonomistas, atraviesan, igualmente, por un periodo convulso determinado por la puesta en primer plano político de lo estrictamente identitario. Para la derecha nacionalista catalana, Convergencia Democratica de Catalunya, la situación es dramática puesto que inmersa en un proceso que ha dejado de controlar, pierde toda capacidad de vínculo, incluidas políticas económicas, con la derecha del resto del Estado, primero porque la deriva independentista es inasumible para la derecha española y más inasumible aún la irrupción, con capacidad de hipoteca, de una fuerza que se define como anticapitalista como las CUP. En mejor situación parece estar la derecha nacionalista vasca, PNV-EAJ, escarmentada de haberse embarcado, en su día, en un proyecto sin salida, el plan Ibarretxe, hoy aparece como una fuerza política en alza, sobre todo si tenemos en cuenta que la tradicional izquierda abertzale , con quien ha venido compitiendo en el terreno de lo identitario, se encuentra seriamente amenzado por la fuerza emergente de moda. El nacionalismo de izquierda, la conjunción de ambos términos ya supone algún tipo de contradicción, intenta resolver un problema secular propio al procurar hacer convivir lo identitario, propio del nacionalismo, con la realidad social derivada de la lucha de clases, propia de la izquierda, y esto, lejos de ser fácil, parece tan complicado que, a veces, da la sensación de ser imposible. Los nacionalismos no españoles, de izquierda o derecha se encuentran, pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El análisis sobre  la fuerza emergente de moda es, a priori, el más complejo. Primero porque es dicícil, desde luego no es autómatico, adscribirlo a un espacio de los tradicionales de izquierda, centro, derecha, y de hecho ellos mismos procuran evitar esa adscripción prefiriendo algo, "los de arriba y los de abajo", que no sé si será más novedoso pero desde luego es más vago e indefinido. Supongo, y por supuesto puedo estar equivocado, no es la primera vez, que la acción política cotidiana, el día a día, les hará, voluntaria o involuntariamente, irse adscribiendo a un espacio político de los llamados tradicionales, de momento, esa indefinición, que en lo electoral les ha sido muy rentable, ha servido, de excusa, puesto que de una torticera excusa se trata, para, en el hemiciclo, mandarlos al gallinero, pudiendo comprobar de primera mano, como el reglamento que sirvió, con su colaboración al impedir el acuerdo con Compromís, para mandar a La Izquierda al grupo mixto, tambien puede perdjudicarles a ellos. Con sus militantes, nos ocurre lo mismo que con muchos del PSOE, los identificamos con la izquierda, sabemos que son de izquierda, hemos compartido con ellos luchas y espacios comunes, sin embrago militan o votan un partido que no lo es. Necesitan, creo yo, imperiosamente saber que van a ser de mayores.Se encuentran, pués a mi juicio, en una encrucijada.
Sin ser fáciles las de los demás da la sensación que es el PSOE quien lo tiene más difícil. Parece que, haga lo que haga, lo acabará pagando. Básicamente aparecen tres posibilidades. La primera, establecer algún tipo de colaboración, con PP y Ciudadanos para formar, o permitir formar, gobierno. Es la opción preferida por personajes de acrisolada ética como Felipe González, presidente de gobierno cuando operaban los GAL impulsados, amparados o auspiciados, según el juez instructor,por una misteriosa X o José Luis Corcuera, ministro del Interior promotor de una ley, la de la patada en la puerta, que hasta al Tribunal Constitucional le pareció una barbaridad. Cuenta, parece ser, también con el apoyo de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, que no dudó en expulsar a La Izquierda del gobierno andaluz, probablemente molesta por tener que aplicar políticas que nunca fueron de su agrado, y que hoy gobierna, con unas sospechas de corrupción misteriosamente adormecidas, gracias al apoyo de Ciudadanos. Esta opción, muy del gusto también de los poderes económicos, tendría a medio, largo e, incluso, puede que corto plazo, unas consecuencias funestas. Una parte importante de su electorado no iba a comprender el apoyo a un partido, el PP, que no solo es el paradigma de la corrupción, como vemos, de forma continuada, desde hace mucho tiempo, sino que ademas es el partido de la Reforma Laboral y la ley de Educación, leyes que han estado en el punto de mira de la campaña de Pedro Sánchez, leyes que el PP, y así lo ha manifestado por activa y pasiva, no está dispuesto a derogar. Abandonaría el PSOE un espacio que ocuparían otros con facilidad. Un segunda posibilidad es la de presidir un gobierno de izquierdas, por más que uno de sus posibles miembros no se considere, estrictamente, como tal. Numéricamente, descartados los nacionalismos abiertamente independentistas o partidarios del eufemismo derecho a decidir, se necesitaria el apoyo en la investidura del PNV, que a día de hoy no ha tomado partido por la independencia, al menos expresamente, y que, es más que probable, puede conformarse con la seguridad de mantener intocable el llamado concierto vasco. En algún momento ésta pudo parecer la opción más factible, y numéricamente la más clara, pero la aparición por sorpresa de algún, o algunos, presentándose como vicepresidente, o ministros, ha dado munición a aquellos, dentro del PSOE, partidarios del tripartito de la opción planteada anteriormente. Algún maquiavélico, entre los que puede que me encuentre, ha podido pensar que la puesta en escena en cuestión, con César rodeado de los jefes de sus legiones, de hecho uno de ellos es un teniente general, se hizo, precisamente para abortar esta posibilidad. En cualquier caso el PSOE, con este gobierno de izquierda, corre el, no desdeñable, riesgo de que su protagonismo, pese a presidirlo, sea finalmente acaparado por otros, comprobadamente más eficaces a la hora de utizar recursos de agitación y propaganda. Esta opción, sin ser buena, es la menos mala para La Izquierda, siempre que participara en ese gobierno, porque es la única que la permitiría hacerse visible. Por último tiene el PSOE la posibilidad de forzar nuevas elecciones, y aquí, digan lo que digan sesudos expertísimos, nadie sabe que puede ocurrir. El PSOE se encuentra, pués, a mi juicio en una encrucijada.
Pero la encrucijada que a mi importa e interesa es la nuestra, la de La Izquierda. En la  entrada de ayer expresaba mi posición y no merece la pena repetirse.
Interesante encrucijada.


martes, 26 de enero de 2016

¿Para qué el gobierno?

No tengo la más mínima idea de lo que nos espera, en realidad nadie la tiene aunque muchos hagan sesudos análisis sobre quien o quienes deben, o pueden, formar gobierno pero como me gusta ser coherente conmigo mismo, algo que no siempre consigo, una cosa tengo clara: Si en su día defendí que IU formara parte del gobierno de Andalucia, y hoy sigo pensando que era lo correcto, si se planteara una hipotética entrada de alguien de UP-IU en un, más hipotético aún, gobierno de "izquierda", y aquí habría que hacer un inciso sobre la triste realidad de que hoy empezamos a considerar "izquierda" todo aquello que no es derecha radical, yo sería partidario de hacerlo, de entrar, entiéndase. Podría justificarlo de muchas formas, la teoría, utilizada de forma  torticera, puede permitir avalar, al mismo tiempo, una hipótesis, su antítesis y la síntesis de ambas, solo hay que tener un cierto grado de desprecio por la honestidad intelectual y una cierta habilidad para prácticar la antidialéctica sin parecerlo. La única justificación real para esa hipótetica participación en ese gobierno de izquierda (me cuesta no reirme con el concepto en si mismo) tiene que ver con la lamentable situación en la que nos han dejado las urnas, condenados al grupo mixto gracias, por unas razones o por otras, al concurso de las cuatro fuerzas mayoritarias de la Cámara. Con posibles intervenciones a las tres de la mañana las vísperas de festivo con puente, sólo un ministerio nos daría algún grado de visibilidad. ¿Y qué ministerio sería el adecuado? Es irrelevante en el, más que probable, escenario de que ese gobierno, fuere cual fuere su programa, iba a ser incapaz de abordar la necesaria tarea, si realmente queremos avanzar hacia una sociedad más justa, de comenzar a desmontar el sistema capitalista. Ni siquiera si IU-UP hubiera alcanzado la mayoría absoluta de escaños, algo que, evidentemente, no ha ocurrido, el gobierno que formara iba a ser capaz de abordar esa transformación revolucionaria. ¿Porqué? Fácil, porque a pesar de haber conquistado el Gobierno estaría muy lejos de haber conquistado el Poder, y para conquistar el Poder no basta con depositar una papeleta en una urna o hacer campaña para que otros la depositen en el sentido adecuado, la toma efectiva del Poder requiere que la clase, objetivamente revolucionaria, la clase obrera, tome conciencia subjetiva de su papel y su capacidad, y hoy estamos muy lejos de esa situación, en gran medida porque nosotros no hemos cumplido el papel de lo que Lenin define como revolucionarios profesionales, volcando la mayor parte de nuestros esfuerzos en un trabajo institucional, como concejales o incluso alcaldes, que en muchos casos, por nuestra capacidad de trabajo y honestidad, con las malditas excepciones de todos conocidas, ha servido para favorecer la propia institución, que no deja de ser una parte del propio sistema. Y que nadie tome el rábano por las hojas, no estoy planteando, ni se me ha ocurrido, que una vez instalados en las instituciones lo hagamos mal a propósito para debilitarlas. Nuestra obligación es hacerlo lo mejor que podamos pero sin olvidar que nuestro principal trabajo consiste en agudizar las contradicciones, potenciar el conflicto social, incluso desde las propias instituciones, para modificar esas condiciones subjetivas a las que hacía referencia una líneas atrás. Y eso no lo hemos sabido, querido o podido hacer y está en nuestro debe. Y los resultados electorales son la prueba palpable de esa falta de conciencia subjetiva, cerca de cinco millones de personas han votado, y ¡ojo! estaban en su derecho, han votado por el cambio, o más bien por un cierto tipo de regeneración del sistema sin cambio estructural, en la confianza de que es suficiente con alcanzar una mayoría parlamentaria que permita sostener un gobierno para abordar profundos cambios estructurales. Error. Nuestro trabajo, el de esos revolucionarios profesionales, y retomo esa definición porque para mi es muy querida, está en el conflicto social como expresión de la lucha de clases, generándolo allí donde sea posible, potenciándolo dónde ya este generado, y, siempre buscando el paso de categoría, de conflicto social a conflicto político. Y con ello no desdeño la importancia, que la tiene y mucha, del trabajo institucional en la medida que las propias instituciones nos pueden servir de escaparate, altavoz e incluso, a que negarlo, necesaria fuente de financión.
Incluso en el caso, desgraciadamente lejanísimo, a día de hoy de que la clase obrera hubiera alcanzado un necesario grado de conciencia, no tendríamos nada ganado. Ejemplos nos da la historia, en España tras la revolución de octubre, con millones de afiliados a los sindicatos de clase UGT y CNT,  había una clase obrera revolucionaria que contribuyó a la conquista del gobierno en alianza con la izquierda burguesa, y sin embargo fue derrotada, tras tres años de combate, por el sistema mediante un levantamiento militar, un pronunciamiento que hubiera tenido éxito en cuarenta y ocho horas de no haber sido por la existencia de esa clase obrera revolucionaria. Más cerca en el tiempo tenemos la experiencia de la Unidad Popular en Chile y podríamos encontrar otras. En definitiva, la existencia de conciencia de clase en la clase trabajadora no garantiza el éxito, pero su ausencia asegura el fracaso.
Por eso, llegados a este punto y a modo de resumen me da igual que forme gobierno Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias o la Paquera de Jerez en el convencimiento de que hoy no se dan las condiciones para rentabilizar, políticamente, la obtención del gobierno para alcanzar el Poder efectivo. Y ese debería ser nuestro objetivo prioritario. Y para ello es imprescindible la construcción o reconstrucción, fundación o refundación, del instrumento político adecuado. No soy un fetichista de las siglas ni un devoto de por las siglas de las siglas, amen, pero creo que en este proceso venidero no deberíamos tirar por la borda lo mucho de positivo que tiene IU, y que, al menos en parte, está contenido en sus siglas. Elementos aislados y tarjetas black no son, han sido ni serán IU. No debemos comprar el argumento falaz y rastrero de quienes nos consideran pitufos gruñones con mochila indeseable.

lunes, 25 de enero de 2016

Borgen

No creo ser un recién llegado en estos avatares de la política y, sin embargo, no puedo ocultar cierto grado de perplejidad ante lo que está ocurriendo. Empiezo a sentirme atónito.
Por consejo de un amigo muy querido, y aprovechando las nuevas posibilidades que me da la televisión de pago, único vicio que permito en estos tiempos, felizmente alejado, como estoy, de toda clase de substancias que pudieren afectarme negativamente, me descargué las tres temporadas completas de "Borgen", una serie danesa que describe las interioridades de la política parlamentaria de Dinamarca. Te gustará, me dijo, y a lo mejor comprendes lo que puede suceder en España. Esto me lo dijo, tras las elecciones del 20d, que tan embrollado resultado han tenido. A lo largo de las vacaciones de Navidad, que este año han sido inusualmente largas después de la "graciosa" devolución del gobierno de los dias de vacaciones y libre disposición, que graciosamente nos había robado a los funcionarios públicos don mariano Rajoy Brey, he podido ver todos y cada uno de los capítulos de cada una de las tres temporadas, y además en versión original subtitulada, lo que me ha servido para corroborar algo que intuía: el danés es un idioma dificilísimo y uno sentía alivio cuando por, la lógica del guión, la lengua el inglés, idioma que en Dinamarca, parece ser, que más o menos habla todo el mundo. De las dos predicciones de mi querido amigo la primera se cumplió absolutamente. La serie me ha gustado muchísimo y me enganché hasta la cuasi adicción con las andanzas y vicisitudes de Birgitte Nyborg, la líder del Partido Moderado, en las dos primeras temporadas, un partido ficticio, no existe ninguno con ese nombre en Dinamarca, de corte centrista que, sin tener mayorías, es esencial para la conformación estable de gobiernos. La serie, a mi juicio, es de excelente factura, con no demasiados medios, y un ritmo narrativo que engancha con facilidad. No puedo decir que la segunda predicción se haya podido cumplir por la sencilla razón de que Dinamarca no es España, ni siquiera se parece. Se trata de un sistema parlamentario que elige un cámara, El "Folketinget" de 179 escaños, de los que se reservan dos para Groenlandia y dos para las Islas Feroe, de manera casi absolutamente proporcional, la barrera para obtener representación es del 2%, lo que hace que, desde ¡¡¡1909!!! no ha habido un solo partido que haya podido gobernar sin el concurso de otros. Con una ley análoga en España los resultados e hubieran parecido a estos:
PP.........................................101
PSOE....................... ...........77
PODEMOS+confluencias.......72
Ciudadanos...........................49
UP-IU.....................................13
ERC-Catsi...............................8
DL...........................................8
PNV-EAJ..................................5
EH-Bildu..................................3
Otros......................................14
Lo cual hubiera dejado un escenario aparentemente análogo que no es tal, y que pone de manifiesto que la ley electoral solo perjudica a IU, como, por otra parte, ya sabíamos.
Por otra parte que España no es Dinamarca, la serie lo deja claro desde el principio ya que el primer ministro en el poder en el capítulo 1 pierde las elecciones porque, de manera un tanto abrupta, el líder de la oposición desvela que había habido un uso irregular de la tarjeta de crédito, oficial, del primer ministro en la compra de un bolso, mientras que aquí el PP, que no tiene sólo a un buen puñado de dirigentes implicados en tramas de corrupción, Gürtel, Púnica, etc sino que el propio Partido está procesado como tal, ha sido el partido más votado, y el segundo, el PSOE, tiene a sus espaldas una más que controvertida gestión en alguna de las comunidades que gobierna. ¿Dónde algo huele a podrido? ¿En Dinamarca o en España?.
Y una última reflexión al hilo de "Borgen", "El ala oeste de La Casa Blanca" o la propia situación española: Llamar a esto, en España o Dinamarca, en USA o en Filipinas, sistema democrático solo puede entenderse como un sarcasmo. Lo que votan los ciudadanos vale para poco.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Proceso Cerrado

A falta de poco más de un mes para tengan lugar las elecciones generales de diciembre de 2015, bien podríamos decir Alea jacta est. Todo lo que se podía hacer de cara a confluir en las próximas elecciones está, mejor o peor, hecho, el escenario es el que es y ahora lo que toca es trabajar para que las candidaturas de Unidad Popular, encabezadas por Alberto Garzón, obtengan el mejor resultado posible, dado que, a mi leal saber y entender, son la única izquierda consecuente que se presenta a las elecciones. Y si digo única puedo argumentarlo, digo única porque descuento:
-Al PSOE, porque siendo un partido con militantes de izquierda, y dirigiéndose a un electorado que sociológicamente podemos ubicar en la izquierda, nunca, ni en su programa ni en su acción de gobierno ha hecho política de izquierdas, al menos en el terreno de lo económico, abrazando con fe de carbonero el sistema capitalista. Aunque en el terreno de los derechos sociales ha propiciado avances significativos para mujeres, homosexuales y dependientes, estos avances no le caracterizan ni le ubican en la izquierda, y de hecho una parte significativa del electorado liberal-conservador, que hoy duda entre PP y C's, se siente cómodo con ese tipo de medidas.
- A las diversas izquierdas nacionalistas porque, y puede que aquí influya el haber nacido, crecido y educado en Madrid, lugar en el que el nacionalismo, cualquier nacionalismo, puede que de forma excesivamente simplista, se equipara con extrema facilidad a cualquier manifestación de paletismo. Sin llegar a tanto, e intentando ser un poco más riguroso, podría decir que se me hace muy cuesta arriba ubicar en la izquierda a quien pone en primer plano señas de identidad, indudablemente existentes, dejando como secundarias las contradicciones de clase. ¿Quiero decir con ello que dejo fuera de la izquierda a las CUP catalanas, el BNG o la Izquierda Abertzale? Ni mucho menos, simplemente me parece, y estaré equivocado como casi siempre, que pecan de inconsecuentes-
- A PODEMOS porque, sinceramente, no sé lo que es. En ese viaje, que iniciaron, que no se olvide, en Vista Alegre, en busca de la centralidad del tablero se han desdibujado de tal manera que es muy difícil reconocer en ellos señas de identidad, no ya de la izquierda, sino de nada. Por otra parte su política de fichajes mediáticos se está tornando en un dislate, un día entra uno que se va al día siguiente, otro día, y como consecuencia de algún paracaidista famoso, se descose una organización territorial. Desconozco, todos desconocemos, el resultado final, pero aun dando por supuesto que obtengan mejor resultado de los que, históricamente, han obtenido IU o el PCE, va a quedar muy lejos de sus perspectivas iniciales, esas que llevaron a Pablo Iglesias a iniciar una cuenta atrás Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac...que iba a terminar con el régimen nacido de la Transición. Con ambiciosos objetivos iniciales que conducían inexorablemente a La Moncloa obtener una veintena de diputados no deja de ser un fracaso estrepitoso.
Nosotros, la pesada e indeseable mochila con la que cargamos a nuestro candidato, los pitufos gruñones , los acomodados al sistema conformes con las migajas institucionales que nos ha dejado el bipartidismo, tenemos un arduo y complejo trabajo a realizar. Nos enfrentamos a la enésima travesía del desierto y hemos de procurar que sea lo más rápida y cómoda posible.
Tenemos que dejar claro, porque es la pura verdad, que Unidad Popular no es Izquierda Unida con otro nombre, más allá de la evidencia de su importancia dentro de ella. La metodología utilizada tiene muy poco, a nada, que ver con la que tradicionalmente hemos venido trabajando. En efecto ¿Se imagina alguien, antes de las elecciones europeas, que el candidato iba a ser elegido mediante un mecanismo de elecciones primarias abiertas, en las que cualquier ciudadano que quisiera podía ser elector, elegible, o ambas cosas, proceso, a mi juicio, técnicamente muy mejorable, pero intachable desde el punto de vista de la calidad democrática? Ni de lejos, inimaginable, impensable. Ya solo por eso, afirmar que Unidad Popular no es más que IU con otro nombre es, como poco, una frivolidad. Porque no se ha tratado, en ningún momento se ha tratado, como en otras ocasiones, en abrir nuestras puertas para con generosidad incluir en nuestras listas a personas procedentes de el exterior de IU. No ha sido ni parecido. Entre todos, afiliados a IU, a otras formaciones, o a ninguna estamos participando en pie de igualdad en construir este espacio. Y adoptar esta metodología no ha sido fácil para IU, y muy singularmente en Madrid en el que la organización ha quedado, prácticamente, partida por la mitad. He aquí nuestra primera tarea, y no va a ser sencillo porque gran parte de la artillería de nuestros competidores, estoy seguro, va a apuntar en esa dirección.
La segunda tarea, puede que más importante, es postelectoral, y tiene que ver, independientemente de los resultados, y tenemos que pelear para que esos resultados sean óptimos, con la consolidación de este espacio, Unidad Popular, como un instrumento útil, no sólo para futuras confrontaciones electorales, sino tambien, y principalmente, para el conflicto social, convencido, y la historia y la experiencia me avalan, de que sólo en el conflicto se pueden modificar las condiciones subjetivas de la clase trabajadora, para que el avance hacia el socialismo deje de ser una utopía para convertirse en un objetivo alcanzable.