jueves, 10 de noviembre de 2016

Vestiduras rasgadas

No me voy a rasgar las vestiduras por el triunfo de Donald Trump en la elección como Imperator de un señor de estética tan particular e ideas tan peligrosas. De hecho, que hubiera ganado la candidata de Wall Street, o más propiamente del establishment, Hillary Rohdman no hubiera sido como para tirar cohetes, si tenemos en cuenta su cercanía política, la otra cercanía no me interesa, con la administración presidida por William Jefferson Clinton.
Sin embargo puede ser un buen momento, aunque siempre lo es, para intentar analizar porqué la, a mi juicio, evidente crisis global del sistema está siendo el abono adecuado para que las soluciones fáciles a problemas complejos, el populismo, se constituyan como alternativa a las estructuras políticas clásicas del sistema, vertebradas en el eje liberalismo vs socialdemocracia, mientras que la izquierda revolucionaria, que llevamos toda la vida proponiendo una alternativa seria al capitalismo, el socialismo, quedamos, al menos electoralmente, reducidos a la mínima expresión. No me duele dar la razón, por más que ideológicamente tengamos poco que ver, a  Íñigo Errejón cuando, en clara referencia a nosotros, a IU o al PCE, dice que deberíamos analizar el porqué si tenemos, o creemos tener, razón en nuestros análisis recibimos tan poco apoyo, y vuelvo a repetir que, al menos, electoralmente. Es un análisis que tenemos pendiente desde hace mucho y que nos resistimos a hacer a fondo, puede que por miedo a unos resultados que nos hagan modificar toda una estrategia con una enorme inercia. Y si pudiera, y no tengo ninguna necesidad de poder, le diría, con absoluta sinceridad, a Errejón que ese camino fracasado: la constitución de una estructura política capaz de representar los intereses de la mayoría social perjudicada por el sistema capitalista, sin atender a más que al hecho objetivo de la existencia de ese perjuicio, sin tener en cuenta el grado de conciencia de cada una de las clases que componen esa teórica mayoría social, ese camino, repito, fracasado, que tomamos en su día es, sin demasiados matices, el que él propone para su formación política, quizás más descarnadamente, al proponer eliminar el eje izquierda-derecha del discurso y la estrategia. Nosotros, por más que nuestros documentos, análisis y resoluciones, puedan decir lo contrario, y aunque, un tanto teóricamente, pongamos siempre de manifiesto que la contradicción capital-trabajo es la contradicción principal, en la práctica hemos seguido ese camino, y cuando hemos ocupado cargos institucionales, concejalías, alcaldías y escaños parlamentarios, hemos trabajado, en aras de esa mayoría social que decimos, o queremos, representar, para mejorar las propias instituciones del sistema, en lugar de contribuir a la demolición, desde dentro, de esas mismas instituciones, convirtiéndonos, de facto, en parte del sistema, no en su alternativa global y radical. Ese camino, en el que como bien dice Errejón, hemos fracasado de forma notable es el que, paulatinamente va adoptando PODEMOS algo que se acelerará si la estrategia de Íñigo se acaba imponiendo. El asumir como estrategia principal nuestra participación en las instituciones a través de mecanismos electorales del sistema democrático-burgués, que bien podríamos llamar dictadura de la burguesía, puesto que es la burguesía quien impone las reglas, incluso las morales o de conducta, ha sido nuestra práctica habitual, aunque dijeramos otra cosa, olvidando nuestra tarea principal: la generación, o potenciación, del conflicto social para acabar convirtiéndolo en conflicto político, mejorando el grado de conciencia de la clase trabajadora, de manera que pueda convertirse en hegemónica dentro de esa mayoría social, hegemonía que hoy detentan sectores pequeño-burgueses, verbalmente, y solo verbalmente, muy radicalizados. Nos hemos apoltronado en los grupos municipales y parlamentarios, trabajando mucho, eso sí,  para defender los intereses de esa mayoría social a la que hacemos constante referencia e incluso, y esto es paradójico y dramático, hemos contribuido a mejorar, con nuestro trabajo, las instituciones de un sistema que aspiramos a demoler. Deberíamos, dar un giro copérnicano en nuestra estrategia y buscar convertir las instituciones en las que participemos, porque debemos participar, en un instrumento de lucha. No sé si puede servir de ejemplo, pero cuando, en los años sesenta, las incipientes Comisiones Obreras deciden participar en las instituciones del Sindicato Vertical no era, precisamente, para mejorarlo. Todo ello si no hemos asumido, yo desde luego no, el capitalismo y su expresión parlamentaria democrático-burguesa, como el mejor de los sistemas posibles, un camino que ya siguió en su momento lo que hasta entonces considerabamos socialdemocracia.
Había  comenzado esta entrada manifestando un cierto grado de indiferencia ante los resultados electorales del Imperio para intentar averiguar porque en estos momentos de evidente crisis del sistema, la izquierda es incapaz de conseguir un mínimo protagonismo, y como es natural, de manera no forzada me he venido al entorno que mejor conozco, o que únicamente conozco, la sociedad española. Desconozco, en gran medida, la realidad social norteamericana y por tanto no me es sencillo porque un obrero de Pennsilvania o Michigan, de Pittsburg o de Detroit, ha terminado votando un discurso radicalmente xenófobo, pero me imagino que la deslocalización industrial producto de una globalización gestionada de forma ultraliberal, que ha hecho que la sustitución como fuerza de trabajo de ese obrero norteamericano, por la de un trabajador del tercer mundo colonizado con ingresos muy inferiores ha tenido algo que ver.
Con todo, he decir que esa indeferencia  sobre quien se ganaba el puesto de Imperator no es absoluta. Me preocupa mucho que el camino de normalización que la administración Obama había iniciado con Cuba pueda verse dificultado o, incluso, interrumpido, pero no pongamos la tirita antes de que se produzca la herida. Cabe recordar que el intento de invasión de Playa Girón, no de produjo con el reaccionario Richard M. Nixon sino con el apuesto progresista, y nunca bien ponderado,  liberal John Fitzgerald Kennedy icono ideológico de la derrotada Hillary.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Roma no paga traidores

Podía haber llamado a la entrada Audax, Ditalcos y Minuros, traidores a Viriato, o Marco Junio Bruto, uno, aunque puede que no el más importante, de los conspiradores que acabaron por apuñalar a Cayo Julio Cesar.
Que nadie se confunda, no está en mi ánimo, ni de lejos, comparar a Pedro Sánchez con el pastor lusitano  o con el dictador romano que acabó con la República Romana para dar lugar al Imperio. Viriato siempre tuvo muy claro cual era su enemigo y quien lo encarnaba, y cuando sus  capitanes, curiosamente naturales de Osuna (Sevilla), le traicionan es por una cuestión estratégica, porque en el fondo no le veían  salida a la situación, mientras que Pedro Sánchez, también víctima de una conspiración sevillana, ha demostrado no tener claro ni quien es su enemigo real, ni quien realmente lo encarnaba, aunque hubo quien le recordó, tanto los intereses actuales, tras el correspondiente uso de la puerta giratoria adecuada, como el pasado, dicen que trufado de cal viva, de algún, autodenominado, jarrón chino.
Por otra parte, Julio Cesar, cuando atraviesa el Rubicón, está dando por muertas las instituciones de la República porque las considera obsoletas para la expansión de Roma, y los que le apuñalan, lo hacen porque ni querían ver mermado su poder, ejercido a través del Senado, ni consideraban necesaria expansión alguna que mejorara su cómoda situación. Sin embargo, a mi juicio, no parece que Pedro Sánchez tuviera muy claro porque hacía lo que hacía, con continuos cambios estratégicos nunca explicados. Así, por ejemplo, tras las elecciones de diciembre de 2015 viaja a Portugal con la intención de trasladar aquí el modelo portugués de gobierno socialista apoyado, sin participar en él, por el resto de la izquierda parlamentaria (Bloco, PCP), sin embargo, tras una intervención, puede que poco afortunada en la forma, de la dirección de PODEMOS ofreciendo un gobierno de coalición, da un volantazo a la derecha para firmar un acuerdo con la "derecha moderna" que puede representar CIUDADANOS esperando, y ahí demostró escaso olfato político, una respuesta análoga a la que tradicionalmente había tenido IU: Cualquier cosa con tal de que no gobierne el PP, es decir esperando apoyo, o al menos abstención, sin tener en cuenta, por eso hago referencia a su escaso olfato político, que ni PODEMOS era IU, ni es lo mismo tener una decena, acaso dos en los mejores tiempos, de diputados, que más de setenta. Tras las elecciones del pasado junio muchos nos quedamos estupefactos al ver a Pedro Sánchez, y no solo a él, exultante, pese a sus pésimos resultados, por el simple hecho de haber evitado el temido sorpasso. Y desde entonces sigue errante, como una especie de boxeador sonado, proponiendo, a troche y moche, extraños pactos a fuerzas políticas que, cada una de ellas, se considera incompatible con las otras, si bien, hay que decir en su descargo, camina, es un decir, en zigzag con los tobillos trabados por unas líneas rojas, marcadas por el Comité Federal, absolutamente esquizofrénicas:
-No a Rajoy ni al PP
-No a un pacto que incluya partidarios al "derecho a decidir".
-No a terceras elecciones.
Algo imposible en si mismo, si tenemos en cuenta que, sobre todo, CIUDADANOS pero también UNIDOS PODEMOS, han dejado meridianamente clara su mutua incompatibilidad. Y es curioso que los mismos que le obligan a tener que ir dando bandanzos, con tan absurda resolución, son los que ahora le apuñalan sin remordimiento alguno. Y ahí también ha demostrado Pedro Sánchez que poco tiene que ver con Julio Cesar que si bien acabó traicionado y asesinado, antes tuvo la fuerza y el coraje de consolidar su poder, algo que la ha faltado al, creo que de momento, secretario general socialista, a la hora de abordar su particular, y necesaria, batalla de Farsalia.
¿Y ahora...? 
 Hay amigos, buenos amigos, que me reconocen cierta, y puede que inmerecida, lucidez a la hora de analizar lo que ha ocurrido, sin embargo, yo mismo reconozco que desde esos análisis, puede que certeros, tiendo a equivocarme con cierta facilidad. Con todo voy a atreverme a hacer un pronóstico:
En lo que respecta a Pedro Sánchez, a pesar de su resistencia numantina, creo que sus días están contados, al menos de momento, aunque, incluso a mi me ha causado una cierta ternura, no cabe duda de que ha ganado mucho prestigio entre la militancia socialista de "a pie", por lo que no es descartable que vuelva a dar la batalla en el inevitable futuro Congreso Extraordinario.
 En cuanto al futuro gobierno...Cuando los poderes reales, lo que popular y con no demasiado rigor llamamos el Ibex 35, han dado el paso de hacer emerger alguno de sus submarinos, como el jarrón chino, es para que se consolide un gobierno capaz de llevar a cabo los dramáticos ajustes que exigen los poderes económicos, en definitiva los poderes reales y efectivos, europeos. Que vaya a estar presidido por Rajoy, Nuñez Feijoo, Susana Díaz, Fernández Vara o Albert Rivera es irrelevante, aunque puestos a apostar yo lo haría por el registrador de la propiedad pontevedrés, lo relevante es que va estar sustentado por las estructuras políticas que apoyan la pervivencia del sistema económico capitalista, y ahí, tristemente, están los cuadros del PSOE, aunque no la mayoría de la militancia, y no es que yo considere a Pedro Sánchez un feroz anticapitalista.
La durabilidad de ese gobierno es una incógnita, al menos para mí, pero puestos a pronosticar sigo con la tarea. Creo que una vez abordadas las medidas de ajuste, que van a ser muy duras porque la situación económica es crítica, y para eso van a bastar, como mucho, un par de años, puede que año y medio, con la deuda y el deficit razonablemente embridados, el gobierno caerá por si mismo. Es decir, acabaremos en terceras elecciones, aunque, utilizando le terminología cospedaliana, en diferido.
Y lo que ocurra ahí ha de ser motivo de otra reflexión que, a lo mejor, abordo un día de estos.
   

viernes, 12 de agosto de 2016

La República, apuesta de futuro

Desde el poder político establecido, los defensores de la monarquía parlamentaria, con indudable éxito, han construido un mensaje tendente a considerar a los republicanos, independientemente de su consideración ideológica, como una especie de nostálgicos del régimen del 14 de abril, aspirantes a colocar una tercera franja en la bandera de España como máximo objetivo político. Error. Los republicanos no somos eso, los colores son, a mi juicio, un elemento secundario y de hecho, dato que algunos desconocen, la Primera República no modificó los colores de la bandera, aunque sí el escudo.
Si los republicanos de hoy ponemos una, a veces, exagerada vehemencia a la hora de reivindicar la bandera tricolor,
fundamentalmente se debe a que los militares facciosos que provocaron un golpe de estado, convertido en guerra por la resistencia popular, que desenvocó en la llegada al poder de la mayor organización terrorista de la Historia de España, y puede que del Mundo, el Movimiento Nacional, tomaron como colores los rojigualdos como propios con el águila de San Juan, que ya figuraba en el escudo de Isabel La Católica, si bien cayó en desuso en 1580, como insignia desde 1938.

Con la muerte de Franco, su régimen, que no podía, por su carácter unipersonal, sobrevivir sin él, sin abordar, al menos, cambios formales, evoluciona, a través de un proceso que conocemos como La Transición, y cuyo análisis no vamos a hacer aquí y ahora, hasta la monarquía parlamentaria cuyo texto básico es la Constitución de 1978. Constitución, por cierto, que fue aprobada con el águila de San Juan como escudo oficial del estado.
La actual bandera oficial del Estado, con el nuevo escudo,

ni siquiera aparece, como tal, descrita en la vigente Constitución, que se limita en el artículo 4.1 a señalar que:
La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.
Sin referencia alguna al escudo, que sólo se va a adoptar como oficial, muy posteriormente, en octubre de 1981.
En definitiva, la actual bandera, es un vano intento de conseguir legitimar los colores rojigualdos, que perdieron la legitimidad, que históricamente pudieron tener, al ser adoptados por los aliados del nazismo y el fascismo



De este recuerdo, que muchos nos negamos a borrar, procede la aversión que tenemos por esos colores, y no de nostalgia por ninguna franja, conscientes como somos que amparados en los colores republicanos se cometieron, por ejemplo, la masacre de Casas Viejas, entre el 10 y el 12 de enero de 1933, y la salvaje represión posterior al Huelga de 1934.
La República es una apuesta de futuro. La única que puede sacarnos de la crisis en la que estamos sumidos, tanto desde el punto de vista institucional, con un nuevo escenario parlamentario, que no parece eventual, que impide gobiernos estables, como territorial, ya que la chapuza para salir del paso que fue el Estado de las Autonomías, hoy ya no sirve.
Solo la República Federal ( a mi me encantaría la República Federal Ibérica con capital en Lisboa) podría, si no es demasiado tarde, reconducir la estructura del Estado hacia una fórmula en la que todos nos sintieramos razonablemente cómodos.
Los símbolos mismos del Estado estarían por definir

Alguna sugerencia:

 Aunque a mí la única que realmente me emociona es esta:




martes, 2 de agosto de 2016

¿Dónde estamos?

Saco mi querida bitácora, siempre la querré como un arma útil, siempre la tendré a mi disposición, de su estado de reposo, siempre temporal, por la perplejidad en la que estoy sumido.
Han pasado muchas cosas desde que en mi anterior entrada, con un poema de Pablo Neruda, quise rendir homenaje a la gesta de Stalingrado. Una de esas cosas, quizás la más relevante, ha sido la repetición de las elecciones ante la impotencia de ese mecanismo de representación, propio de la democracia burguesa, llamado, pomposamente, Parlamento, de configurar, adecuadamente, un gobierno capaz de continuar asegurando la dictadura de clase de la burguesía, porque vamos a decirlo claro: La democracia burguesa, con sus libertades burguesas y su burguesa interpretación de los derechos humanos, no es más que la estructura política, el Estado Capitalista, de la dominación y hegemonía de la burguesía como clase. A esa estructura política los comunistas, muy claramente los marxistas, oponemos la democracia obrera, que correspondería a la dictadura de clase del proletariado, con sus correspondientes libertades e interpretación de los derechos humanos. Hace tiempo que abandonamos el término Dictadura del Proletariado, fundamentalmente, porque hemos perdido la guerra del lenguaje, y si lo empleáramos, con ningún rigor, pero mucha eficacia, nos sacarían a relucir las fosas de Katyn, la Checa de Fomento,... y las mil y un mentiras que una excelente campaña de propaganda ha terminado por imprimir en cerebros con poca, o nula, conciencia política. En su día, hasta las declaraciones de la inefable Svetlana Stalin, quejándose, a su llegada a los Estados Unidos, de que su padre la trataba como a cualquier otra niña, sirvieron, eficazmente, de propaganda anticomunista, como si el principal error de Stalin, de haber alguno, hubiera podido ser ese. No utilizamos, por tanto, el término, pero no hemos abandonado, al menos yo, el concepto.
Retomando el hilo inicial, y habiendo dejado clara la ineficacia del sistema nos hemos visto abocados a una nueva cita electoral con un cambio, en lo que a mi respecta, muy importante. La formación política en la que milito, y cabe recordar que, de una manera u otra, llevo cuarenta y tres años de militancia a cuestas, el PCE, decidía apoyar la integración electoral de IU, movimiento sociopolítico de referencia de los comunistas, militantes del PCE o no, en una coalición electoral llamada Unidos Podemos, interpretando un papel claramente secundario, con nuestro principal activo electoral Alberto Garzón, relegado al quinto puesto en la lista de Madrid.
En una entrevista que me hicieron en la cadena SER Sierra dije, con la brevedad que la entrevista exigía, más o menos lo que pensaba sobre lo ocurrido, y tras asegurar, y sigo asegurando, que voté Unidos Podemos y volvería a hacerlo, y en relación a lo ocurrido parecía que, por una vez y sin que sirva de precedente, Íñigo Errejón podría tener, al menos en parte, razón y, en política, no siempre uno más uno suman dos. Muchos votantes de PODEMOS, básicamente hartos de corrupción e ineficacia, pero que no cuestionan ni el Estado burgués, ni su estructura político-económica básica, no votaron unas listas con nuestra presencia, su destino final fue diverso. En cuanto a "los nuestros", básicamente a nuestro electorado, un electorado que ha sido fiel en condiciones adversas, soportando tsunamis del triunfo del PSOE en el 82, en que el PCE fue barrido, o más recientemente, en 2008, reducidos a nuestra mínima expresión, no fue seducido por las ventajas del acuerdo. El papel secundario en las listas tuvo que ver, y también tuvo que ver la errática y extraña campaña electoral llevada a cabo. A mí, personalmente, se me quedó cara de imbécil, y no sé si se me ha pasado, cuando escuché a Pablo Iglesias Turrión afirmar que sentía muy orgulloso de "haber sido un joven comunista" pero que, una vez madurado, abrazaba con pasión la fe socialdemócrata que a su juicio, y el mío, el PSOE había abandonado. ¿Seré, a mis sesenta años un inmaduro?. Probablemente, no dispongo de datos al respecto, la mayoría de los militantes del PCE y de IU fuimos a votar con disciplina y sin ilusión, pero esa disciplina no parece poder aplicarse a una parte significativa de nuestro electorado.
Y ahora ¿Dónde estamos? Parece evidente que estamos en un embrollo importante y tenemos que salir de él.
A mi juicio, profundizar, como parece ser la posición mayoritaria dentro de IU y del PCE, en la vía Unidos Podemos es un gran error, somos diferentes, hacemos análisis diferentes, y, lo que es más importante, tenemos objetivos diferentes. Ellos limpiar, renovar y adecentar el sistema, nosotros acabar con el sistema capitalista, incluidas sus formulaciones políticas básicas.
Nuestro papel ha de ser otro, más complicado y difícil, que tiene que ver con la escasa implicación de la clase trabajadora como tal, en la acción política. ¿Quiero decir, con lo dicho hasta ahora, que debemos abandonar la política institucional, presentarnos a las elecciones, etc?. No, ni mucho menos, pero hay que resituar esa política en el orden de prioridades, y tener clara su utilidad. La acción institucional no debe hipotecar nuestra política, no podemos ser una fuerza reformista sino revolucionaria. Nuestro papel esencial está en el conflicto, intentando convertir cualquier conflicto social, una huelga, una reivindicación vecinal, etc, en un conflicto político. Tenemos que conseguir elevar, y no es fácil, el nivel de conciencia política de los trabajadores. Conseguir que, efectivamente, se empoderen, tomen conciencia de su papel esencial en el proceso productivo y, por tanto, de que son la única clase capaz de acabar con el sistema capitalista. Lo demás: "lo que quiere la gente", los "de arriba y los de abajo", etc no es más que humo vacuo. Alguno lo definiría como"significantes vacíos".

martes, 2 de febrero de 2016

Stalingrado

Yo ESCRIBÍ sobre el tiempo y sobre el agua,
describí el luto y su metal morado,
yo escribí sobre el cielo y la manzana,
ahora escribo sobre Stalingrado.
 
Ya la novia guardó con su pañuelo
el rayo de mi amor enamorado,
ahora mi corazón está en el suelo,
en el humo y la luz de Stalingrado.
 
Yo toqué con mis manos la camisa
del crepúsculo azul y derrotado:
ahora toco el alba de la vida
naciendo con el sol de Stalingrado.
 
Yo sé que el viejo joven transitorio
de pluma, como un cisne encuadernado,
desencuaderna su dolor notorio
por mi grito de amor a Stalingrado.
 
Yo pongo el alma mía donde quiero.
Y no me nutro de papel cansado
adobado de tinta y de tintero.
Nací para cantar a Stalingrado.
 
Mi voz estuvo con tus grandes muertos
contra tus propios muros machacados,
mi voz sonó como campana y viento
mirándote morir, Stalingrado.
 
Ahora americanos combatientes
blancos y oscuros como los granados,
matan en el desierto a la serpiente.
Ya no estás sola, Stalingtado.
 
Francia vuelve a las viejas barricadas
con pabellón de furia enarbolado
sobre las lágrimas recién secadas.
Ya no estás sola, Stalingrado.
 
Y los grandes leones de Inglaterra
volando sobre el mar huracanado
clavan las garras en la parda tierra.
Ya no estás sola, Stalingrado.
 
Hoy bajo tus montañas de escarmiento
no sólo están los tuyos enterrados:
temblando está la carne de los muertos
que tocaron tu frente, Stalingrado.
 
Tu acero azul de orgullo construido,
tu pelo de planetas coronados,
tu baluarte de panes divididos,
tu frontera sombría, Stalingrado.
 
Tu Patria de martillos y laureles,
la sangre sobre tu esplendor nevado,
la mirada de Stalin a la nieve
tejida con tu sangre, Stalingrado.
 
Las condecoraciones que tus muertos
han puesto sobre el pecho traspasado
de la tierra, y el estremecimiento
de la muerte y la vida, Stalingrado
 
La sal profunda que de nuevo traes
al corazón del hombre acongojado
con la rama de rojos capitanes
salidos de tu sangre, Stalingrado.
 
La esperanza que rompe en los jardines
como la flor del árbol esperado,
la página grabada de fusiles,
las letras de la luz, Stalingrado.
 
La torre que concibes en la altura,
los altares de piedra ensangrentados,
los defensores de tu edad  madura,
los hijos de tu piel, Stalingrado.
 
Las águilas ardientes de tus piedras,
los metales por tu alma amamantados,
los adioses de lágrimas inmensas
y las olas de amor, Stalingrado.
 
Los huesos de asesinos malheridos,
los invasores párpados cerrados,
y los conquistadores fugitivos
detrás de tu centella, Stalingrado.
 
Los que humillaron la curva del Arco
y las aguas del Sena han taladrado
con el consentimiento del esclavo,
se detuvieron en Stalingrado.
 
Los que Praga la Bella sobre lágrimas,
sobre lo enmudecido y traicionado,
pasaron pisoteando sus heridas,
murieron en Stalingrado.
 
Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora dónde están, Stalingrado?
 
Los que España quemaron y rompieron
dejando el corazón encadenado
de esa madre de encinos y guerreros,
se pudren a tus pies, Stalingrado.
 
Los que en Holanda, tulipanes y agua
salpicaron de lodo ensangrentado
y esparcieron el látigo y la espada,
ahora duermen en Stalingrado.
 
Los que en la noche blanca de Noruega
con un aullido de chacal soltado
quemaron esa helada primavera,
enmudecieron en Stalingrado.
 
Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.
 
Guárdame un trozo de violenta espuma,
guárdame un rifle, guárdame un arado,
y que lo pongan en mi sepultura
con una espiga roja de tu estado,
para que sepan, si hay alguna duda,
que he muerto amándote y que me has amado,
y si no he combatido en tu cintura
dejo en tu honor esta granada oscura,
este canto de amor a Stalingrado.

miércoles, 27 de enero de 2016

Encrucijada

Puestos a buscar ventajas, y es que mi tendencia al optimismo es casi patológica, los no muy alentadores resultados obtenidos por UP-IU, en adelante La Izquierda, permiten intentar hacer un análisis objetivo de la situación de otros.
Si empezaramos por la derecha nacionalista española, el PP y Ciudadanos, parece claro, y los poderes ecónomicos que les sustentan están en esa línea, que, y más aún tras el enésimo escándalo de la Operación Taula, la estructura clásica de la derecha tiene que cambiar radicalmente, la situación del Partido Popular es insostenible y la derecha necesita como el comer desembarazarse de personas que, implicadas, directamente o no, en las múltiples tramas de corrupción, por acción, omisión o desconocimiento, y ello salpica a todas las estructuras del partido, sean quienes las componen inocentes o culpables, y a todos los níveles. Mariano Rajoy y los suyos están más que amortizados y su recambio no puede venir de desempolvar las momias que acompañaron la gestión de José María Aznar. Por otra parte la alternativa que, fuertemente apoyada por medios de comunicación de masas, pudo suponer, no sé si sigue suponiendo, el aseado muchacho de Barcelona, Albert Rivera, parece haberse estancado, o quizás frustrado, en una política un tanto errática que le hace ser fácil blanco, por un lado de los que le acusan de ser la neoderecha, y por el otro de los que le acusan de ser de izquierdas. Si tenemos en cuenta que la derecha española es, fundamentalmente, pragmática, y más aún la derecha económica, que corre con los gastos, y ahí está lo que fue ese Totum Revolutum que fue UCD y la , ideólogicamente hablando, suma de heterogeneidades, democristianos, liberales, conservadores, etc que es el actual PP, no es descartable una reestructuración de la derecha en torno a caras nuevas que aproveche para abordar una necesaria modernización ideológica, ya que una parte de su electorado hace tiempo que dejó de comprender esas cruzadas, junto a lo más reaccionario de la sociedad española en cuestiones, el aborto, matrimonios gays, etc, que hace años terminaron en el resto de Europa. La derecha política nacionalista española se encuentra , pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El nacionalismo no español, no me gusta el calificativo  de nacionalismo periférico, fundamentalmente catalán o vasco, pero también gallego o valenciano, sin olvidar a baleares, canarios y  navarros, sin importar si son independentistas, soberanistas o, simplemente, autonomistas, atraviesan, igualmente, por un periodo convulso determinado por la puesta en primer plano político de lo estrictamente identitario. Para la derecha nacionalista catalana, Convergencia Democratica de Catalunya, la situación es dramática puesto que inmersa en un proceso que ha dejado de controlar, pierde toda capacidad de vínculo, incluidas políticas económicas, con la derecha del resto del Estado, primero porque la deriva independentista es inasumible para la derecha española y más inasumible aún la irrupción, con capacidad de hipoteca, de una fuerza que se define como anticapitalista como las CUP. En mejor situación parece estar la derecha nacionalista vasca, PNV-EAJ, escarmentada de haberse embarcado, en su día, en un proyecto sin salida, el plan Ibarretxe, hoy aparece como una fuerza política en alza, sobre todo si tenemos en cuenta que la tradicional izquierda abertzale , con quien ha venido compitiendo en el terreno de lo identitario, se encuentra seriamente amenzado por la fuerza emergente de moda. El nacionalismo de izquierda, la conjunción de ambos términos ya supone algún tipo de contradicción, intenta resolver un problema secular propio al procurar hacer convivir lo identitario, propio del nacionalismo, con la realidad social derivada de la lucha de clases, propia de la izquierda, y esto, lejos de ser fácil, parece tan complicado que, a veces, da la sensación de ser imposible. Los nacionalismos no españoles, de izquierda o derecha se encuentran, pués, a mi juicio, en una encrucijada.
El análisis sobre  la fuerza emergente de moda es, a priori, el más complejo. Primero porque es dicícil, desde luego no es autómatico, adscribirlo a un espacio de los tradicionales de izquierda, centro, derecha, y de hecho ellos mismos procuran evitar esa adscripción prefiriendo algo, "los de arriba y los de abajo", que no sé si será más novedoso pero desde luego es más vago e indefinido. Supongo, y por supuesto puedo estar equivocado, no es la primera vez, que la acción política cotidiana, el día a día, les hará, voluntaria o involuntariamente, irse adscribiendo a un espacio político de los llamados tradicionales, de momento, esa indefinición, que en lo electoral les ha sido muy rentable, ha servido, de excusa, puesto que de una torticera excusa se trata, para, en el hemiciclo, mandarlos al gallinero, pudiendo comprobar de primera mano, como el reglamento que sirvió, con su colaboración al impedir el acuerdo con Compromís, para mandar a La Izquierda al grupo mixto, tambien puede perdjudicarles a ellos. Con sus militantes, nos ocurre lo mismo que con muchos del PSOE, los identificamos con la izquierda, sabemos que son de izquierda, hemos compartido con ellos luchas y espacios comunes, sin embrago militan o votan un partido que no lo es. Necesitan, creo yo, imperiosamente saber que van a ser de mayores.Se encuentran, pués a mi juicio, en una encrucijada.
Sin ser fáciles las de los demás da la sensación que es el PSOE quien lo tiene más difícil. Parece que, haga lo que haga, lo acabará pagando. Básicamente aparecen tres posibilidades. La primera, establecer algún tipo de colaboración, con PP y Ciudadanos para formar, o permitir formar, gobierno. Es la opción preferida por personajes de acrisolada ética como Felipe González, presidente de gobierno cuando operaban los GAL impulsados, amparados o auspiciados, según el juez instructor,por una misteriosa X o José Luis Corcuera, ministro del Interior promotor de una ley, la de la patada en la puerta, que hasta al Tribunal Constitucional le pareció una barbaridad. Cuenta, parece ser, también con el apoyo de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, que no dudó en expulsar a La Izquierda del gobierno andaluz, probablemente molesta por tener que aplicar políticas que nunca fueron de su agrado, y que hoy gobierna, con unas sospechas de corrupción misteriosamente adormecidas, gracias al apoyo de Ciudadanos. Esta opción, muy del gusto también de los poderes económicos, tendría a medio, largo e, incluso, puede que corto plazo, unas consecuencias funestas. Una parte importante de su electorado no iba a comprender el apoyo a un partido, el PP, que no solo es el paradigma de la corrupción, como vemos, de forma continuada, desde hace mucho tiempo, sino que ademas es el partido de la Reforma Laboral y la ley de Educación, leyes que han estado en el punto de mira de la campaña de Pedro Sánchez, leyes que el PP, y así lo ha manifestado por activa y pasiva, no está dispuesto a derogar. Abandonaría el PSOE un espacio que ocuparían otros con facilidad. Un segunda posibilidad es la de presidir un gobierno de izquierdas, por más que uno de sus posibles miembros no se considere, estrictamente, como tal. Numéricamente, descartados los nacionalismos abiertamente independentistas o partidarios del eufemismo derecho a decidir, se necesitaria el apoyo en la investidura del PNV, que a día de hoy no ha tomado partido por la independencia, al menos expresamente, y que, es más que probable, puede conformarse con la seguridad de mantener intocable el llamado concierto vasco. En algún momento ésta pudo parecer la opción más factible, y numéricamente la más clara, pero la aparición por sorpresa de algún, o algunos, presentándose como vicepresidente, o ministros, ha dado munición a aquellos, dentro del PSOE, partidarios del tripartito de la opción planteada anteriormente. Algún maquiavélico, entre los que puede que me encuentre, ha podido pensar que la puesta en escena en cuestión, con César rodeado de los jefes de sus legiones, de hecho uno de ellos es un teniente general, se hizo, precisamente para abortar esta posibilidad. En cualquier caso el PSOE, con este gobierno de izquierda, corre el, no desdeñable, riesgo de que su protagonismo, pese a presidirlo, sea finalmente acaparado por otros, comprobadamente más eficaces a la hora de utizar recursos de agitación y propaganda. Esta opción, sin ser buena, es la menos mala para La Izquierda, siempre que participara en ese gobierno, porque es la única que la permitiría hacerse visible. Por último tiene el PSOE la posibilidad de forzar nuevas elecciones, y aquí, digan lo que digan sesudos expertísimos, nadie sabe que puede ocurrir. El PSOE se encuentra, pués, a mi juicio en una encrucijada.
Pero la encrucijada que a mi importa e interesa es la nuestra, la de La Izquierda. En la  entrada de ayer expresaba mi posición y no merece la pena repetirse.
Interesante encrucijada.


martes, 26 de enero de 2016

¿Para qué el gobierno?

No tengo la más mínima idea de lo que nos espera, en realidad nadie la tiene aunque muchos hagan sesudos análisis sobre quien o quienes deben, o pueden, formar gobierno pero como me gusta ser coherente conmigo mismo, algo que no siempre consigo, una cosa tengo clara: Si en su día defendí que IU formara parte del gobierno de Andalucia, y hoy sigo pensando que era lo correcto, si se planteara una hipotética entrada de alguien de UP-IU en un, más hipotético aún, gobierno de "izquierda", y aquí habría que hacer un inciso sobre la triste realidad de que hoy empezamos a considerar "izquierda" todo aquello que no es derecha radical, yo sería partidario de hacerlo, de entrar, entiéndase. Podría justificarlo de muchas formas, la teoría, utilizada de forma  torticera, puede permitir avalar, al mismo tiempo, una hipótesis, su antítesis y la síntesis de ambas, solo hay que tener un cierto grado de desprecio por la honestidad intelectual y una cierta habilidad para prácticar la antidialéctica sin parecerlo. La única justificación real para esa hipótetica participación en ese gobierno de izquierda (me cuesta no reirme con el concepto en si mismo) tiene que ver con la lamentable situación en la que nos han dejado las urnas, condenados al grupo mixto gracias, por unas razones o por otras, al concurso de las cuatro fuerzas mayoritarias de la Cámara. Con posibles intervenciones a las tres de la mañana las vísperas de festivo con puente, sólo un ministerio nos daría algún grado de visibilidad. ¿Y qué ministerio sería el adecuado? Es irrelevante en el, más que probable, escenario de que ese gobierno, fuere cual fuere su programa, iba a ser incapaz de abordar la necesaria tarea, si realmente queremos avanzar hacia una sociedad más justa, de comenzar a desmontar el sistema capitalista. Ni siquiera si IU-UP hubiera alcanzado la mayoría absoluta de escaños, algo que, evidentemente, no ha ocurrido, el gobierno que formara iba a ser capaz de abordar esa transformación revolucionaria. ¿Porqué? Fácil, porque a pesar de haber conquistado el Gobierno estaría muy lejos de haber conquistado el Poder, y para conquistar el Poder no basta con depositar una papeleta en una urna o hacer campaña para que otros la depositen en el sentido adecuado, la toma efectiva del Poder requiere que la clase, objetivamente revolucionaria, la clase obrera, tome conciencia subjetiva de su papel y su capacidad, y hoy estamos muy lejos de esa situación, en gran medida porque nosotros no hemos cumplido el papel de lo que Lenin define como revolucionarios profesionales, volcando la mayor parte de nuestros esfuerzos en un trabajo institucional, como concejales o incluso alcaldes, que en muchos casos, por nuestra capacidad de trabajo y honestidad, con las malditas excepciones de todos conocidas, ha servido para favorecer la propia institución, que no deja de ser una parte del propio sistema. Y que nadie tome el rábano por las hojas, no estoy planteando, ni se me ha ocurrido, que una vez instalados en las instituciones lo hagamos mal a propósito para debilitarlas. Nuestra obligación es hacerlo lo mejor que podamos pero sin olvidar que nuestro principal trabajo consiste en agudizar las contradicciones, potenciar el conflicto social, incluso desde las propias instituciones, para modificar esas condiciones subjetivas a las que hacía referencia una líneas atrás. Y eso no lo hemos sabido, querido o podido hacer y está en nuestro debe. Y los resultados electorales son la prueba palpable de esa falta de conciencia subjetiva, cerca de cinco millones de personas han votado, y ¡ojo! estaban en su derecho, han votado por el cambio, o más bien por un cierto tipo de regeneración del sistema sin cambio estructural, en la confianza de que es suficiente con alcanzar una mayoría parlamentaria que permita sostener un gobierno para abordar profundos cambios estructurales. Error. Nuestro trabajo, el de esos revolucionarios profesionales, y retomo esa definición porque para mi es muy querida, está en el conflicto social como expresión de la lucha de clases, generándolo allí donde sea posible, potenciándolo dónde ya este generado, y, siempre buscando el paso de categoría, de conflicto social a conflicto político. Y con ello no desdeño la importancia, que la tiene y mucha, del trabajo institucional en la medida que las propias instituciones nos pueden servir de escaparate, altavoz e incluso, a que negarlo, necesaria fuente de financión.
Incluso en el caso, desgraciadamente lejanísimo, a día de hoy de que la clase obrera hubiera alcanzado un necesario grado de conciencia, no tendríamos nada ganado. Ejemplos nos da la historia, en España tras la revolución de octubre, con millones de afiliados a los sindicatos de clase UGT y CNT,  había una clase obrera revolucionaria que contribuyó a la conquista del gobierno en alianza con la izquierda burguesa, y sin embargo fue derrotada, tras tres años de combate, por el sistema mediante un levantamiento militar, un pronunciamiento que hubiera tenido éxito en cuarenta y ocho horas de no haber sido por la existencia de esa clase obrera revolucionaria. Más cerca en el tiempo tenemos la experiencia de la Unidad Popular en Chile y podríamos encontrar otras. En definitiva, la existencia de conciencia de clase en la clase trabajadora no garantiza el éxito, pero su ausencia asegura el fracaso.
Por eso, llegados a este punto y a modo de resumen me da igual que forme gobierno Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias o la Paquera de Jerez en el convencimiento de que hoy no se dan las condiciones para rentabilizar, políticamente, la obtención del gobierno para alcanzar el Poder efectivo. Y ese debería ser nuestro objetivo prioritario. Y para ello es imprescindible la construcción o reconstrucción, fundación o refundación, del instrumento político adecuado. No soy un fetichista de las siglas ni un devoto de por las siglas de las siglas, amen, pero creo que en este proceso venidero no deberíamos tirar por la borda lo mucho de positivo que tiene IU, y que, al menos en parte, está contenido en sus siglas. Elementos aislados y tarjetas black no son, han sido ni serán IU. No debemos comprar el argumento falaz y rastrero de quienes nos consideran pitufos gruñones con mochila indeseable.