miércoles, 3 de junio de 2009

Inutilidad del voto y voto útil

Los que me conocen un poco, conocen también, porque no tengo demasiado interés, no tengo ninguno, en ocultarlo, mi escasísimo aprecio por el sistema parlamentario al que me niego, y con fundamento sobrado, caracterizar como democrático. La estúpida, mema e inconsecuente frase del cuasifascista británico, nunca ocultó sus simpatías por Franco, ni durante la guerra civil española, ni después de acabada la guerra mundial, Winston Churchill: “"La democracia es el peor sistema político que existe, con excepción de todos los demás" ha pasado la historia como un extraordinaria muestra de ingenio cuando no pasa de ser una mentira bien construida pues a lo que este caballero llama democracia es a un sistema diametralmente opuesto a aquel en el cual el pueblo ejerce el poder de forma efectiva. Puestos a recordar frases célebres podríamos haber recordado :
Non sequeris turbam ad faciendum malum, nec in iudicio plurimorum asquiesces sententiæ ut a uero deuies
Pero no es necesario ponerse excesivamente repipi para encontrar definiciones con más enjundia y notable descreimiento:
"Si monarquía es el martillo que aplasta al pueblo, la democracia es el hacha que lo divide; ambas matan igualmente la libertad. El sufragio universal es una especie de atomismo por el cual, no pudiendo el legislador hacer hablar al pueblo en la unidad de su creencia, invita a los ciudadanos a expresar su opinión por cabezas... Esto es ateísmo político en la significación peor del término, como si de la suma de una cantidad cualquiera de sufragios pudiera resultar jamás un pensamiento general... El medio más seguro de hacer mentir al pueblo es el sufragio universal... el sufragio universal, testimonio de la discordia, sólo puede producir discordia."
Pierre Joseph Proudhon Oeuvres complètes.
Y puestos a buscar frases ingeniosas podríamos encontrar unas cuantas:
La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos
La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección debida a una mayoría incompetente

Ambas de George Bernard Shaw
Y sin duda hay más.
A mi juicio, y creo haberlo expresado, no lo creo, estoy seguro, en alguna ocasión, este sofisticado sistema que cada poco intenta autolegitimarse con el ritual de la urna y la papeleta no es más que la sutil fórmula por la que los de siempre con una simple operación de maquillaje retienen el poder efectivo haciendo creer, a quien se lo crea, que sus opiniones son tenidas en cuenta. Hay compañeros, incluso dentro de la izquierda real, de nuestra misma Izquierda Unida convencidos de que con las urnas se puede llegar a la transformación de esta sociedad capitalista. Craso, y gran, error los procesos electorales, tal y como están diseñados, con las cartas marcadas, con reglas abusivas destinadas a perpetuar un sistema aparentemente dual que a poco que analicemos difiere escasamente de aquel que diseñaron, allá por el siglo XIX, a la muerte de Alfonso XII, don Práxedes Mateo Sagasta y don Antonio Cánovas del Castillo , y que dieron en llamar el Turno pacífico de partidos, mediante el cual liberales y conservadores se turnaban en el poder independientemente de resultados electorales, resultados previamente dirigidos gracias a un eficaz sistema de compra de voluntades y tráfico de influencias que en su tiempo se definió como caciquismo. No está en mi ánimo comparar a los señores Cánovas y Sagasta, ambos con indiscutible talla política e intelectual, con dos mequetrefes de probada mediocridad intelectual como son Rodríguez Zapatero y Rajoy, evidentes patanes suma cum laude, pero el sistema tiene evidentes similitudes más allá de la campechanía del actual jefe del estado muy similar a la de su bisabuelo, que tras llorar amarga y, suponemos que, sinceramente a su Mercedes de Montpensier inició una desaforada carrera para hacerse conocido en toda clase de tugurios, los caciques de ayer tienen hoy forma de pantalla de plasma o de tubo de rayos catódicos. Es así como tuercen voluntades con no demasiada dificultad, teniendo en cuenta el creciente analfabetismo que, en la práctica totalidad de campos, padece una sociedad aparentemente sobreinformada pero intelectualmente malformada. Es a esa sociedad inmensa y, desgraciadamente, mayoritaria, seguidora de Grandes hermanos, Norias, Supermodelos, Triunfitos y Famas 24 horas, es a la que se han dirigido en peculiares soliloquios disfrazados de debates, el moderno pijosocialista llegado desde Canarias y el adusto hiperreaccionario y ultraconservador de origen vascongado.
La inutilidad del sistema, siempre refiriéndome a esta pantomima pseudodemocrática, es, a mi juicio, evidente. Si lo que pretendemos es la transformación de la sociedad, no es, desde luego, mediante el voto, como vamos a conseguirlo. Porque incluso en el hipotético caso, hoy a todas luces imposible, de que la izquierda transformadora, radicalmente anticapitalista, obtuviera mayoría en las urnas, el sistema pondría en marcha los mecanismos adecuados para que esa radical transformación nunca llegara a producirse. Y no tenemos que irnos lejos, en la historia de España tenemos el reciente, en escala histórica, y dramático ejemplo de cómo se frustró, y con que coste, el intento transformador que supuso la II República. Yo no tengo la más mínima duda de que un triunfo en las urnas, en unas elecciones legislativas llegado el momento, tendríamos que refrendarlo en la calle. Insisto, desde ese punto, la inutilidad del voto es absoluta, y aquellos que van a utilizar la abstención como arma política tienen sobrados, y legítimos, argumentos para defender su postura y, desde luego, no seré yo quien lo critique desde el punto de vista ético o moral aunque lo considere un importante error estratégico.
Porque el voto sí puede ser útil, si tenemos clara cual es su verdadera utilidad. Los comunistas marxistas, y esa quizás sea una de las más importantes diferencias que tenemos con el anarco-sindicalismo, con los comunistas libertarios, siempre hemos sido partidarios de utilizar las instituciones para avanzar en el camino del progreso. En situaciones extremas hemos llegado a defender la participación en instituciones emanadas directamente de la dictadura, como era la Organización Sindical franquista, los verticatos. Incluso antes de la II República, en la dictadura primorriverista, y cuando el PSOE era un partido de izquierda, la UGT participo en algunas instituciones gubernamentales, y no precisamente para fortalecer la posición política de don Miguel Primo de Rivera.
Para nosotros, o al menos para mí, para nuestras aspiraciones transformadoras y revolucionarias, los parlamentos, las cámaras de diputados, los senados, etc... sirven para lo que sirven. Conseguir una nutrida representación en ellos es importante y positivo, fundamentalmente porque pueden convertirse en potentes altavoces desde los que dar a conocer nuestras posiciones políticas, si además conseguimos influir en las decisiones que adoptan los gobiernos, mejorando, en mayor o menor medida, las condiciones de vida de los trabajadores, y en general de las clases que aspiramos a representar y defender, habremos conseguido un importante valor añadido. Además los resultados pueden ser un buen indicador de cual es el grado de influencia que somos capaces de alcanzar, siempre que seamos capaces de leerlos, teniendo en cuenta las condiciones de desigualdad de medios económicos y colaboración mediática en las que estamos obligados a desenvolvernos.
Este Parlamento Europeo es, probablemente, el más ineficaz de cuantos están funcionando. Por no tener, ni siquiera tiene la posibilidad de ser él quien elija al Presidente de la Comisión Europea, que será, salvo improbable milagro, el señor Durao Barroso.
Nos presentamos a estas elecciones con un programa coherente pero no es, a mi juicio, lo más importante, lo más importante es que el ÚNICO VOTO ÚTIL es el nuestro, votar a otras supuestas opciones de izquierda es tirar el voto, VOTAR PSOE NO ES VOTAR IZQUIERDA.

¡Si no piensas votar IU quédate en casa!