
Hemos celebrado, este pasado sábado 20-N, significativo día, la Conferencia Republicana del PCM, previa a la del PCE que se celebrará el 27 de noviembre en el Auditorio del Centro Cultural Moncloa, tal y como aparece en el cartel que ilustra el inicio de esta entrada. La celebración de esta Conferencia se acordó en el XVIII Congreso del PCE y ha de servir, debería, para sentar las bases y estructura de lo que los Comunistas entendemos como III República que, puedo adelantar, no puede ser una repetición, más o menos actualizada o evolucionada, de lo que significó la II, por más que utilicemos los símbolos de esta, bandera tricolor e Himno de Riego, para destacar nuestro carácter inequívocamente republicano. En este sentido, el de nuestro irrenunciable republicanismo, cabe recordar que nuestro Partido, el PCE, ha sido el único que ha analizado críticamente, asumiendo evidentes errores al tiempo que destacaba sus, igualmente evidentes, aciertos, su papel en la transición. Las demás fuerzas políticas activas en aquel momento, ¡que hábiles fueron!, debieron, todas ellas, adoptar políticas y estrategias adecuadas . Solo los comunistas, como gustan de señalar desde la izquierda revolucionaria en posesión de la verdad revelada por Marx y Engels, somos los responsables de la deriva de la transición. Por ello los colectivos del tipo ¡mecachis que rojo soy! insisten, obstinadamente, en intentar hacernos una autocrítica desde fuera. En lo que a mi respecta cabe aplicar el dicho, sin duda poco, o nada, científico, de ¡Vas dao Menelao!. Estoy, siempre hemos estado, dispuesto a hacer los análisis pertinentes, y muy rigurosos, sobre la línea política de este Partido en cada momento histórico, desde su fundación en 1920, o 1921, hasta hoy mismo. Pero empiezo a estar un poco más que harto que desde la extremísima izquierda pequeño-burguesa e infantil, quieran marcarnos el paso.
Nuestra apuesta por la III República, hay que insistir, no es una actualización de la II, ésta murió con la derrota de 1939, pero no cabe duda de que de sus errores y sus aciertos tenemos que aprender. La apuesta republicana no puede ser una política aislada en nuestra estrategia general anticapitalista. Deberíamos conseguir transformar la lucha por cambiar las estructuras sociales, lucha, en estos momentos, determinada por combartir las agresivas acciones de las estucturas de poder que caracterizan el capitalismo, en la lucha por cambiar las estructuras políticas. Porque solo el cambio político puede asegurar el cambio social. En definitiva, no aspiramos a una república que conserve íntegras las estructuras del capitalismo, cambiando un rey por un presidente electo, añadiendo una franja más a la bandera y ahorrándonos la tortura de tener que soportar el chundachunda, que algunos llaman Marcha Real, cada vez que un deportista gana una competición. Para ese viaje no hacen falta alforjas, respondería a la máxima lampedusiana de facilitar cambios para que las cosas sigan igual. La República, para nosotros, conviene no olvidarlo, es una etapa más en el camino hacia el socialismo y el comunismo. Y en ese camino, con esos objetivos finales, nos acercaremos, más o menos a ellos, en función de la correlación de fuerzas que apuestan por ella. Por eso los comunistas, que tenemos muy presente el error de 1931: ¡Abajo la República, Vivan los Soviets! proclamabamos aque 14 de abril, no ponemos más apellidos que los de Federal y Laica., pero con el objetivo confeso de que se trate de una República que nos acerque lo más posible al socialismo. Y no nos volvamos locos a la hora de caracterizar el socialismo que no es, a mi juicio ni viejo, ni nuevo, ni del siglo XXI ni del XIX, es simplemente científico, con la, fundamental, característica de que los medios de producción dejan de estar en manos privadas, para pasar a manos públicas.
A esa especie de Estados Generales que deberan fijar las características del Estado Republicano, los comunistas deberemos acudir con ideas claras de lo que queremos. Para acordar esas líneas maestras hemos convocado esta Conferencia Republicana. Nada más, y nada menos.
