Cuando inicié esta aventurilla
cibernética de construirme una bitácora, me asaltaron dos temores, el primero venía determinado por mi escaso conocimiento del medio, a pesar de que en el curso 1978-79, el último de mis estudios universitarios, ya había trabajado con
FORTRAN IV, y en mi trabajo fui uno de los primeros en lanzarme al, entonces, llamado mundo de la
microinformática, con PC's sin disco duro (dos disqueteras de 5¼, una para cargar el MSDOS y otra con el disco de trabajo), la llegada de
Internet me ha pillado un tanto descolocado, y la velocidad a la que avanzan los descubrimientos me sigue dejando atónito, de manera que cosas que deben ser normales para el común de los
bitacoreros a mí me siguen sonando a mágicos, hablarme de
banners ,
twitter, facebook,...etc, es hablarme en chino, no sé si cantonés o mandarín, pero como ocurre que, aunque no sé si soy muy
espabilao, me fijo mucho , copiando a unos y preguntando a otros me voy bandeando por este espacio que me resulta tan hostil con relativa comodidad. El segundo temor, soy sincero al decir que el hecho de que hubiera mucha o poca gente que leyera lo que escribo tenía una importancia relativa al principio y es hoy cuando mi
ego ha hecho que fuera ganando en importancia, procedía del desconocimiento de la clase de gente que me iba a encontrar, por más que el hecho de que mi buen
Antonio Flórez, al que conozco desde que ambos llevabamos pantalones cortos, fuera uno de los participantes en este tipo de actividades me daba, inexplicablemente pero uno es, a veces, un insentato, me daba ciertas garantías. Y aquí está claro que mis temores eran infundados, por más que en los últimos tiempos haya tenido algún encontronazo con un autodenominado
progresista probable practicante de una religión tan milenaria como cruel e incomprensible, porque , en general, la gente que he conocido es gente que merece la pena. A unos no he llegado a conocerlos personalmente, legítimos y celosos guardianes de su personalidad, como
monsieur Babeuf, y a otros he tenido el gratificante placer de compartir con ellos mesa y mantel. Hoy, uno de ellos, el
kabileño de Rivas, traspasa una frontera, ganando en solera lo que no pierde en frescura, llegando al país de los que pueden presumir de la condición de jubilados, que no son otros que aquellos que con júbilo pasan a ser clases pasivas convirtiéndose, paradójicamente, en seres activos. Suelo presumir de tener pocos amigos, pero a los que tengo los quiero de verdad, y los quiero como son, con sus virtudes y sus defectos. Y Rafa tiene muchas virtudes, no siendo la menor la de ser el padre de
Augusta II y
Curro Corrales, dos excelentísimas personas, y de hecho uno de los títulos que con más orgullo luce el
kabileño es el de
"Padre de Curro", tal y como es conocido en Rivas
(a sus otros hijos no he tenido el seguro placer de conocerlos), y tiene suerte, porque tiene la suerte de compartir su vida y su tiempo con ese pedazo de ser humano que es
Lola. Pero, siempre hay peros, también tiene defectos, y no es menor el de su absurda adscripción balompédica, junto a alguna extraña afición musical recientemente reconocida. ¡Ay señor, cuan cierto es que nadie es perfecto! Por eso hoy ,
por una vez y SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE , y porque es él, y porque le quiero:
¡AUPA ALETI!