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martes, 30 de agosto de 2011

La madre de todas las pinzas

Durante mucho tiempo los afiliados y simpatizantes de Izquierda Unida tuvimos que soportar una campaña de descrédito perfectamente orquestada desde la calle Ferraz con amplificador de lujo, el mayor grupo mediático español: El Grupo PRISA. Según los editoriales de este grupo, tanto en el diario EL PAIS como en la cadena SER, Izquierda Unida había llegado a acuerdos con el Partido Popular con el objetivo de desalojar de La Moncloa a Felipe González a la sazón Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE. Como pruebas irrefutables, según estos medios de comunicación, una fotografía de Julio Anguita coordinador general, en aquella época, de Izquierda Unida tomando café, creo recordar que en la cafetería del Congreso de los Diputados a la vista de todo el mundo, con el presidente del entonces principal grupo de la oposición, el Partido Popular, José María Aznar y también la resistencia, mil veces expresada, de nuestro coordinador de llegar a acuerdos que no tuvieran una base programática de izquierdas, el injustamente satirizado: Programa, Programa, Programa. Ese inexistente acuerdo fue, poco ingeniosamente, bautizado como la pinza. De nada sirvió exhibir la tozudez de los datos, escribió José Ortega y Gasset que: el español es el único capaz de discutir un dato. Durante aquel periodo parlamentario, 1993-1996, el Grupo Parlamentario de Izquierda Unida apoyó cuantas medidas propuso el gobierno de carácter, mínimamente, progresista y se opuso, como es natural a las que consideró lesivas para los trabajadores. Para aprobar estas últimas el gobierno de Felipe González no dudó en buscar y recibir apoyos de la derecha nacionalista, tan reaccionaria como el Partido Popular sin que nadie hablara de pinza de ningún tipo. Tuvo éxito la máxima goebbelsiana de que una mentira repetida suficientemente acaba pareciendo verdad, y aún hoy, incluso militantes de Izquierda Unida han interiorizado que aquello fue cierto, que la pinza existió. Izquierda Unida apoyó entonces, es cierto, que se investigara el gravísimo episodio de terrorismo de Estado que supuso el caso GAL. En las mismas circunstancias hoy haría, espero, lo mismo.
Hoy, en el Congreso de los Diputados se ha escenificado una pinza infame, y nadie hablara de pinza y sí de responsabilidad. Podría, y ganas no me faltan, enumerar las veces que el PSOE ha traicionado a los trabajadores por acción u omisión. No lo voy a hacer, no merece la pena. La socialdemocracia, esa paparrucha que ellos llaman socialismo democrático, nunca fue propiamente socialista, sino remendadora y adecentadora del capitalismo, ahora ni siquiera es democrática, ¡ojo! siguiendo los párametros y reglas del sistema político que sufrimos, que dista mucho de ser verdaderamente democrático. Hoy el debate, que a veces mantenemos con intensidad, sobre si el PSOE es un partido de izquierdas o no, ha perdido toda relevancia. Objetivamente, el PSOE es un enemigo de los trabajadores de este país. Y a mí personalmente entrar en el futurible de "con el PP va a ser peor" hace tiempo que dejo de interesarme porque seamos sinceros: ¿Peor? ¡Imposible!

jueves, 27 de mayo de 2010

169-168 ¿La pinza?

Podría parecer un asombroso resultado de los play off de la NBA, sin embargo es el previsible resultado de la validación del decretazo que se producirá, sino se ha producido cuando este comentario se edite, hoy en el Congreso de los Diputados, lugar en el que reside, según cotidianamente nos mienten, la ¿soberanía? popular. Soberanía que ha quedado reducida a la nada tras las órdenes, cumplidas reverencialmente, emitidas por...¿quien coño, de verdad, manda?. Ciento sesenta y ocho brazos de madera, acompañaran la lamentable bajada de pantalones del que comenzó siendo bambi y es, ahora, poco más que el remedo de Charlie Rivel, con todos mis reverenciales respetos para el genial clown, llorando, desconsoladamente, agarrado, torpemente, a una silla vieja. Pero como no era suficiente el concurso doloso de esos cienta sesenta y ocho semovientes sin lana, ya quisieran parecerse al borreguito de Norit, ha recurrido, el inexplicable inquilino de La Moncloa, a la ayuda de los amigos de toda la vida, que para eso están. Los nacionalistas tibios de CiU, la derecha foralista y reaccionaria de UPN y la indefinible, inencuadrable e inaguantable Coalición Canaria van a posibilitar, con su abstención cómplice, la validación formal de la tropelía impuesta.
Se reedita la vieja pinza, la de verdad, la que sí existió entre Jordi Pujol y Felipe González.
No sé si sería un buen momento, y como no he recibido instrucciones al respecto, y si las hubiera recibido las cumpliría, que no haya la menor duda, puedo decir lo que pienso. No sé si sería un buen momento, repito, para Izquierda Unida, pero creo que el expresidente, yo así lo considero, debería hacer formalmente efectiva su renuncia, de hecho, a ejercer el poder, e irse de la política. ¿Para convocar elecciones?, Vale, está bien, puede ser hasta divertido ver al PP haciendo campaña en contra de las medidas que ellos mismos han propuesto hasta antes de ayer, y aqui conviene recordar que siendo el actual ¿jefe? de la oposición ministro de Administraciones Públicas se produjo una congelación salarial de los empleados públicos con la inflación al 3%, nada muy lejano de una rebaja del 5% con inflación casi negativa. Podríamos nosotros, Izquierda Unida, aprovechar, algún resquicio se nos abre, para extender nuestras propuestas, que demuestran que hay, incluso sin salirse del marco legal vigente, otras medidas diferentes. Además, como acabamos, al menos en Madrid, de guardar los alfanjes en los estuches, despues de la confección de las listas para municipales y autonómicas, aunque para el congreso del PCM algun sable anda volando sin control, el reabrir la movida de la confección de listas puede ser, a mi me lo parece, muy estimulante. A mi me pone, pero yo tengo un punto masoquista que no recomiendo.
Resumiendo, el señor expresidente debería marcharse, y con él, de la manita, el señor jefe de la ¿oposición?, que se opone a las medidas que, él, mismo, propone porque alguien le ha dicho que oposición significa oponerse, sin demasiados matices.
A lo mejor un parlamento que proporcione un gobierno de izquierda no sumisa, contribuye a sacarnos del pozo por la izquierda. A lo mejor. Pero no confío demasiado en instituciones como la que ocupa la Carrera de San Jerónimo. Confio más en la gente ejerciendo, de hecho, su soberanía en la calle.