sábado, 3 de mayo de 2008

PETRA CENTENO BLANCO, mamá


Después de casi dos meses de inútil combate, el día 1 de mayo, precisamente el 1 de mayo, se rendía, quizás por primera vez en su vida, se rindió, mi madre, mi mamá. Siguiendo los consejos de mi buen amigo Dardo, con el que tanto discrepo, he aprovechado este tiempo para, muy despacito, irme despidiendo de ella y, lo que para mi ha sido muy importante, intentar transmitirle el amor que, muy posiblemente no supe o no pude darle a lo largo de su dilatada existencia. No soy persona especialmente expresiva a la hora de mostrar mis afectos, y quizás besos, abrazos y achuchones han escaseado en estos cincuenta y dos años. En estos dos meses no he podido ni mucho menos compensarla de mi castellana frialdad, pero creo que ha podido ser consciente de que he pasado con ella cada minuto que he tenido libre, he corrido a su lado en cada momento que he podido, ha sido una temporada dura en la que mi única preocupación ha consistido en asegurar que no tuviera dolores, en que muriera tranquila y relajadamente, y creo haberlo conseguido, y no siempre ha sido fácil, pues no todo el estamento médico comprende adecuadamente lo que es una situación terminal. El haber conseguido este objetivo es un flaco consuelo, como lo es el que puedo afirmar, estoy seguro de ello, que murió queriéndome intensamente. Y me desconsuela un tanto, pero acabará pasando, el hecho de que murió precisamente cuando yo no estaba a su lado.
No fue mi Petra, una heroína de las que salen en libros o documentales, pero como la de tantas mujeres su vida fue heroica. Una auténtica resistente, tan represaliada por el fascismo como cualquiera. Nacida el 24 de abril de 1916, cumplió 92 años en el hospital, en Cervantes, provincia de Zamora, comarca de Sanabria, una zona de España tan bonita como pobre, única mujer de cinco hermanos, emigró con poco más de dieciseis años, al Madrid republicano, para hacer lo único que le habían enseñado: fregar y limpiar en casa de señores de mucho ringorango , que los había, en el Madrid republicano. Conoció a Claudio García Sualdea , mi padre, militante comunista, poco despues de comenzar la guerra y se casaron, un tanto apresuradamente pues estaba embarazada de mi hermano mayor, en marzo de 1938, aunque en el libro de familia aparece como fecha el 25 de diciembre de 1937, fecha que se inventó Petra al presentarse, poco después de terminarse de la guerra, cuando hubo de presentarse en un tribunal de la calle de la Pasa, para legalizar la unión con Claudio. Fueron años intensos, difíciles, en los que ser la mujer de un combatiente derrotado, de un represaliado, de un rojo, no fue fácil. Mantener una mínima economía de subsistencia era una tarea hercúlea. Fue en esa época, en la que mi madre aprendió a tejer lana y labores de ganchillo, labores que complementaban los escasos ingresos que podía aportar mi padre, junto con coser puños y cuellos de camisas y la venta de gaseosas en un carrito de camino, con mis hermanos todavía pequeños. Cuando muchos años después, en 1956, nací yo, la situación había cambiado, y sin atar los perros con longanizas, y habiendo todavía muchas carencias, las necesidades básicas estaban cubiertas. Fue ya jubilados, con Franco afortunadamente muerto y enterrado, cuando pasó sus mejores años, ya que las indemnizaciones que cobró Claudio, y su natural costumbre del ahorro, les dieron una situación económica desahogada.
La muerte de mi padre, y sobre todo la inesperada de mi hermano, amen de otras circustancias familiares que no vienen al caso, han provocado una cierta amargura en sus últimos años. El 1º de mayo, por fin, ha descansado.

9 comentarios:

Freia dijo...

Querido Javier (hoy no pega el Bolche):
He seguido muy de cerca todo el largo proceso: tu angustia ante la cerrilidad de ciertos medicuchos que no entienden o no quieren entender de qué van la vida y la muerte, tu correr de un lado a otro para poder estar con ella, la lucha ya no compartida desde que murió tu hermano; las largas horas de hospital tomándole la mano para que se sintiera anclada todavía a la vida. No puedo ni quiero decirte más de lo que te he dicho. Te quiero. Un abrazo muy fuerte.

RGAlmazán dijo...

Amigo Javi. Me has conmovido con tus sinceras palabras. Has sentido justo lo que yo sentí al ver acercarse, no hace mucho, también la hora final de mi madre. Nunca podremos pagar todo lo que hicieron por nosotros. Nunca les dimos suficiente. Yo también hice lo que pude, pero seguro que me quedé corto.

Un fuerte abrazo.

Raúl Pleguezuelo dijo...

Un abrazo compañero.

AF dijo...

A medida que va uno ganando años le va viendo más la punta a ciertas frases hechas, que en su día, cuando nacieron, no eran, obviamente, tan "hechas". Así, el "descanse en paz" tan usado en otros tiempos (menos ahora, aunque también), siempre me sonó a formalismo un tanto frío, pero cada vez voy sintonizando más con él, por cuanto creo que en muchísimas ocasiones no resulta nada formal, sino más bien preciso y cálido.

En los casos de personas muy mayores que atraviesan durante sus últimos tiempos una mala situación física, mental o ambas, ese descanso que la frase pide es lo que más puede desear la persona en cuestión y, por supuesto, sus más allegados.

De la conducta de los médicos, sin pretender generalizar (el doctor Montes también lo es), sólo puedo decir que hay una cosa que recordarles: el sueldo que cobran es tan alto porque con él se supone que se paga no sólo unos conocimientos, sino también una responsabilidad que adquieren. Ante la vida y ante a muerte. Entre sus imperativos está el de procurar el mejor estado posible, y al tan manido concepto de la calidad de vida habría que añadir, no lo olvidemos, el de la calidad de muerte. Por ello no me vale que muchos médicos se refugien en el miedo a la represión para desatender lo que considero que son sus responsabilidades.

Y a usted, don Javier, qué otra cosa decirle más que le quiero un montón.

Incluso ahora, que es usted huérfano total.

Los pasos que no doy dijo...

Un besito gordo, centeno...

Gracchus Babeuf dijo...

No hace mucho tiempo que enterré a mi madre, por lo que comprendo lo que sientes. No hay palabras que consuelen. Sólo silencios que acompañan. Un sentido abrazo, compañero.

M.Angel dijo...

Un abrazo.

Dardo dijo...

Querido Javier. Lo siento. Acabo de entrar a tu blog y me entristece esta entrada. Gracias por compartir con nosotros este entrañable adiós. Es emotivo y bello. Pero tengo el convencimiento que estos dias habrán sido una mezcla de serenidad e impotencia. Me alegro mucho que hayas podido hacer balance generoso con tu madre y que hayas aprovechado para despedirte sin que la muerte te haya sorprendido, sino que la esperabas como desenlace natural. Esta dilación no ha sido así completamente inútil. Necistamos despedirnos, necesitan despedirse. Es lo que recordarás en los días, semanas, meses y años siguientes.

Para los cristianos el misterio de la resurección es o debería ser consolador porque supone una superación de la muerte. Perdóname esta reflexión; sé que es inapropiada para tu pensar; sin embargo la he utilizado porque leí hace tiempo que uno muere en lo secular de verdad cuando desaparece su evocación (por los que les guardan en la memoria). Mientras sea evocado vive. Vive, también en lo secular, en ese transpaso genético. Vive hoy entre nosotros con ese recuerdo afable que le has dedicado y nos has comunicado.

No sé, Javier, tal vez tengamos que pensar en la inevitable polifonía de la vida. Donde se dan a la par la alegría y el dolor; de la que aprendemos sin duda.

El teólogo Bonhoeffer se refería así a la Muerte (entendiéndola como una estación hacia la libertad):
"Ven ya, fiesta suprema en el camino hacia la eterna libertad;
muerte, abate las molestas cadenas y murallas
de nuestro cuerpo perecedero y nuestra alma obcecada,
para que por fin avizoremos lo que aquí se nos niega contemplar.
Libertad: te hemos buscado largo tiempo en la disciplina, la acción y el sufrimiento.
Al morir te reconocemos en persona en la faz de Dios".

Paul Gerhardt pone en boca del niño Jesús unas consoladoras palabras: "Yo volveré a traerlo todo".

Tú ya lo tienes todo. Lo tienes en tu familia y en tu entrega diaria en todas tus cosas que es consecuencia de ese tesón genético transmitido.

Recibe un cariñoso abrazo. Me han gustado mucho esas fotografías que dicen tanto. Recuerda amigo: la polifonía de la vida y mantener un recuerdo bondadoso de nuestros seres queridos.

animalpolítico dijo...

Llego tarde. Estos días han sido frenéticos en lo laboral y he tenido abandonada la blogosfera.

Pero quiero enviarle a usted, querido amigo, un abrazo muy fuerte en momentos tan duros.