lunes, 22 de diciembre de 2008

El triste rodar de Aerofagio Bemoles (II)

Habíamos dejado a Bundo , a partir de ahora ese será su nombre, excepto cuando por cuestiones de rango o protocolo sea aconsejable el uso de su nombre oficial, con una resaca de museo después de haber cambiado la peseta, obsoleta expresión que hoy ha caido en desuso por razones obvias, operación que reiteró mientras apresuraba el paso camino de su pensión, tenía la necesidad imperiosa de hacer reposar su maltrecho cuerpo después de tan jaranera noche, con el fín de que al día siguiente pudiera, al menos de forma aproximada, cumplir con sus obligaciones. No es que su trabajo, auxiliar interino en el ministerio de Gracia y Justicia, negociado de embargos y deshaucios, requierese una particular capacitación intelectual ni un esfuerzo neuronal apreciable. Sin llegar a la excelente descripción que hace Miguel Mihura , en su comedia Sublime decisión, de las ocupaciones de los funcionarios, descripción en la que detalla como los empleados públicos progresan en su carrera administrativa en función, nunca mejor empleado el término, de la capacidad de liar cigarrillos, no recuerdo si para el director general o el mismísimo subsecretario, los cometidos de Bundo eran, como poco, difusos, aunque eso sí, su seguridad en el empleo era igualmente difusa, pues al mínimo cambio ministerial correspondía una renovación casi completa de la plantilla. La situación era hasta tal punto inestable que la conversación más popular, o impopular según se mire , tenía como elemento principal los rumores sobre el nombramiento o cese de este o aquel prócer, bien del partido Conservador, bien del partido Liberal según fueran Antonio Canovas del Castillo o Práxedes Mateo Sagasta los que presidían, turnándose sin hacer demasiado caso a las urnas, el Consejo de Ministros durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, en la minoría de Alfonso XIII, el rey nuestro señor.

Como además aún no se había inventado el fútbol, las mañanas resultaban asaz tediosas, sobre todo si no se estaba en puertas de un cambio ministerial, con todo, el presentarse a trabajar con una cara que pudiera parecer haber salido directamente de un sepucro no parecía lo más conveniente, justificadas quedan entonces, las prisas del nocherniego Bemoles. Fueron estas prisas, y su deteriorado sentido del equilibrio, las que provocaron un tropezón que le hizo dar de bruces contra un montón de basuras, deshechos y desperdicios, lo que hizo que su aspecto, ya de por si lamentable, se tornara en definitivamente repugnante, y con él y maldiciendo a las autoridades municipales por mantener la ciudad en tan poco edificante estado, llegó a su pensión, con una idea fija: terminar con la desidia municipal en lo que ha recogida de inmundicias se refiere. Había nacido un nuevo Tremebundo Bemoles. Su obsesión por la limpeza viaria terminó convirtiéndose en su métier, las largas mañanas de ociosidad ministerial las reconvirtió en frenética actividad, aprovechando su conocimiento, derivado de su agudo instinto observador, de los intríngulis de la burocracia administrativa, inundó a diputados provinciales, concejales, diputados en Cortes, ministros, alcalde, presidente del Consejo y hasta la mismísima regente , que lo hacía en nombre de Alfonso XIII, el rey nuestro señor, de toda clase de estudios falsos, emitidos por falsas, y a veces inventadas, instituciones y empresas, públicas y privadas, en los que se señalaba las ventajas, indudables por otra parte, de tener un eficiente servicio de recogida de basuras y desperdicios. No descansaba por las tardes, sino que trás frugalísima colación, que ingería en el mismo negociado del ministerio, con lo que había sustraido de forma subrepticia de la cocina de la pensión, salía a visitar cuantas tertulias políticas había en los cafés de la época. Consiguió una rebaja en el precio de la pensión, al no hacer uso del comedor, y utilizó con habilidad el dinero excedente para invitar a la persona adecuada, en el momento adecuado, al adecuado café. Se afilió, al mismo tiempo, al Partido Conservador (Cánovas) y al Liberal Fusionista (Sagasta), cuando Martínez Campos abandonó el partido Conservador se fué con él al Liberal (en el que ya estaba) sin abandonar a Cánovas. Se hizo sucesivamente, pero sin darse nunca de baja en ningún partido, demócrata posibilista (Castelar), progresista (Cristino Martos) carlista de Unión Católica (Alejandro Pidal) , aunque cuando se fusionarón con los conservadores se afilió a estos por tercera vez. Incluso llegó a participar, en previsión de acontecimientos, en reuniones clandestinas, eran en los mismos cafés con lo que la clandestinidad era más bien teórica, de los republicanos federalistas (Pi y Margall) e incluso de los republicanos revolucionarios (Rojas Zorrilla). En todas las reuniones y tertulias, públicas o clandestinas, defendía con igual vehemencia la necesidad de la ciudad contara con adecuado servicio de recogida de basura, ora en aras del inevitable progreso, si le tertulia era de índole progresista, ora en aras de la conservación de los sacrosantos valores de la civilización, si primaba el cariz reaccionario entre los contertulios. Tuvo que pertrecharse de abundantes medios para evitar ser reconocido como miembro de un partido u otro, sombreros de varias clases, bigotes, barbas, levitas, chalecos, etc..., lo cual no sólo no fue sencillo, aún no se había fundado Cornejo, sino que además acarreó unos gastos que le hicieron inugurar la que, hasta que se asentó el negocio, fue su principal fuente de financiación, el sablazo, que practicó con notable habilidad entre amigos y conocidos. Como muchas tertulias, incluso de signo político absolutamente contrario, se celebraban en el mismo café, e incluso a la misma hora, desarrolló una increíble habilidad para, disimulando con apretones e incontinencia urinaria, utilizar los servicios mingitorios para cambiar de aspecto e ideología, pero nunca de discurso, monotemático en lo que se refiere a la profilaxis ciudadana. Tan agitada actividad junto al masivo consumo de café en todas sus modalidades, recuelo, con achicoria, café-café,etc... produjo innumerables alteraciones en su sistema nervioso, tanto el principal como el periférico, la cual hacía que las tardes de los domingos, que destinaba a pasear por la calle mayor-principal de la ciudad junto a su prometida, y ante la ausencia de ingesta de cafeína, sufriera toda clase de temblores y espasmos, lo cual le daba un aspecto, que hoy reconoceríamos como el de un yonqui con mono, poco saludable para los cánones de la época. Como además los brazos de Morfeo le eran esquivos, igualmente por el abuso de café, su salud mental estaba en serios apuros y corriendo el riesgo de que le ocurriera como a Pedro Camacho, el increíble escribidor de Vargas-Llosa , solo que en lugar de mezclar personajes y tramas de radionovelas hubiera mezclado los partidos a los que estaba afiliado. En estos críticos momentos se hallaba cuando, por fín, una carta del alcalde, de su puño y letra, le comunicaba la concesión del servicio municipal de recogida de basuras, servicio creado por el voto unánime de todos los partidos que componían la corporación municipal.

6 comentarios:

Blanca dijo...

¿Inventó Bundo el cambio de chaquetas sucesivas en el mingitorio? Si no lo inventó le reconozco como uno de los precursores.

Observo que algo hemos ganado los funcionarios... ya no echan a los inútiles, que siguen dando clases gratuitas a los nuevos ingresados. ¡¡Hay que defender los logros conseguidos!!

Por lo que supongo, tiene Bemoles (o su descendencia) la suciedad de más de una ciudad...

Ardo en deseos de leer más... más... más... quiero de saber.

AF dijo...

No sé si lo ha pensado usted ya, pero creo que don Bundo debería casarse con alguien que se llamara (o a quien se le pudiera llamar) Martita.

Le regalo el nombre, como Camilo José Cela regalaba palabras, reconociéndose a sí mismo como inventor de ellas, en la película "La Colmena".

Un saludo.

Blog de Paco Piniella dijo...

Estimado compañero, le devuelvo la visita, mi abuelo luchó en el Ejército Rojo y defendió primero la bandera republicana en el buque mercante en el que navegaba.
Soy un poco ambicioso en el deseo de gobernar desde la izquierda y eso es lo que me hace militar en el PSOE con la vana ilusión de que sea un partido socialista.
He encabezado recientemente una lista crítica en la Asamblea de Cádiz, que como es normal ha sido derrotada por el "aparato" de Sevilla.
Me encanta discutir de estrategias sobre leninismo, trotskismo o todas estas historias, ya pasadas, pero lo importante es darle la vuelta a la tortilla, al sistema capitalista, y esto esta hoy día muy lejos del PSOE y de IU. Quizás sea una persona desencantada y como verá en los post que dejo en mi blog quizás pase por un momento de impass.
Seguimos leyéndonos, yo también he puesto un link es mi blog al Acero.
Salud y República

RGAlmazán dijo...

D. Bolche, está usted hecho un narrador de tomo y lomo, que no quiere decir que sea usted excelente --no se le vaya a subir el pavo--, pero sí que es capaz de hacer que nosotros, humildes lectores, quedemos a la ansiada espera --al igual que pasaba con los seriales de los cincuenta en la radio--, del próximo capítulo.
Y es que la cosa tiene Bemoles. Siguiendo la pauta de D. Antonio que le regala nombres, yo le voy a sugerir líneas argumentales:
1) Bemoles no se casa con Martita, pero tiene dos hijos con ella, a los que pone de nombre para compensar extremos, Bakunin y Leonidas, y llevándose a cada uno de ellos a las reuniones y tertulias políticas, de acuerdo con la ideología dominante.
2) Bemoles se casa con Martita pero harto de una vida monótoma se marcha a Venezuela, donde en unos pocos años hace fortuna, y vuelve a Madrid para fundar un partido político, el PCHSC --Partido Chaquetero SEgún Convenga.
3) SE casa, pero al poco tiempo se enamora de una joven auxiliar de ministerio, Charito, con la que vive las experiencias locas, reservando a su Martita para una vida ejemplar y hogareña, hasta que ésta se enamora de un amigo suyo de toda la vida, Restituto y encuentra el placer carnal que Bemoles le había negado.

En fin, usted verá si elige alguna de éstas líneas, por mi parte no voy a cobrarle derechos de autor ni chivarme a la SGAE. Y si no lo hace allá usted, es muy libre.

Bueno pues eso, que espero la entrega III del serial, cuál si fuera Ama Rosa, que me empieza a entrar el mono.

SAlud y República

AF dijo...

Yo a Restituto le colocaría una ligera chepa en el lado derecho de la espalda y le convertiría en un amargado en todas las facetas de su vida, aunque en el acto carnal se transforma y se vuelve un dios del sexo. Martita sufre un enorme complejo de culpa cada vez que vuelve a su casa, después de yacer con Restituto, pero no consigue animarse a dejar su relación con él porque también siente compasión por el tullido.

Un saludo.

Freia dijo...

Jajajaja Bolche. Te han salido guionistas colaboradores hasta de debajo de las piedras... Para mí que te conocen poco... Jajajaja