martes, 15 de junio de 2010

El Mundial

Ha echado a andar, como cada cuatro años, el Mundial de Fútbol, una competición que sigo con relativo interés al no participar en ella el equipo de mis preferencias. Si bien muchos de sus componentes integran diferentes selecciones, y suelen ser esas las que más suscitan mi atención. Así pués me interesa lo que pueda hacer el 23 de Paises Bajos, Van der Vaart, el 9 de Argentina, Higuain, el 10 de Brasil, Kaká, el 15 de Portugal, Pepe, y también el 7 de la misma selección, C. Ronaldo, probablemente el jugador actual más completo. Y por supuesto, jugando con España, el 1, Casillas, el 2, Albiol, el 14, X. Alonso, el 15, Sergio Ramos y el 17, Arbeloa.
Mi absoluta falta de identificación hacia los símbolos que representan el Reino de España, su bandera y su himno. Es más, mi completo desprecio hacia ellos hace que me sea muy difícil implicarme tribalmente. Después de un año de haber soportado el blaugranismo más provinciano, con reiteradas y cansinas alusiones a los seis, títulos,seis, obtenidos por el F. C. Barcelona, merecidísimamente, nadie lo duda, un posible escenario con la selección del Reino de España ganando el Mundial, con el consiguiente estallido de rojigualdismo casposo, me asusta mucho, incluso llega a conturbarme y preocuparme. En tiempos, desgraciadamente, pasados no tenía demasiadas dificultades en encontrar referentes deportivos, tanto en el Mundial de Fútbol, como en los Juegos Olímpicos, como en el evento deportivo que fuera. Yo iba con la URSS, la DDR, Checoslovaquia o Bulgaria sin demasiadas dificultades. Su desaparición, al menos como países caracterizados como socialistas ha provocado que tenga que haber construido un protocolo de simpatías con unas determinadas reglas de prelación para clasificar los equipos participantes por la simpatía que me despiertan:
1º) La selección que contenga más jugadores de mi equipo participando activamente en cada partido.
2º) Las selecciones de mi entorno cultural, fundamentalmente idiomático.
3º) las selecciones que jueguen bien al fútbol.
No es difícil deducir, que mis mayores simpatías son para la selección española, en la que Casillas, Xabi Alonso y Sergio Ramos son habituales titulares, no siendo infrecuentes las participaciones de Arbeloa y Albiol, despues vendrían, por el orden que cito:Portugal, Argentina, Brasil, Holanda a continuación Méjico, Uruguay, Paraguay, Honduras, Chile, sin olvidar a Francia, Italia y Grecia. Del resto, la que aparentemente juega mejor es Alemania, y como ya juegan turcos e incluso un afroalemán, es decir un negro,la he retirado mi tradicional veto.
Es una forma absurda e infantil de implicarse pero responde fielmente a mi forma de ser que no deja de ser infantil y absurda, no soporto la neutralidad, si llego a nacer suizo (¡ojo con las bromas y los bollos!) hubiera acabado exiliándome. Incluso cuando veo, un partido de solteros contra casados, que en mi oficina siguen haciéndose por la celebración de San Isidoro, patrono de Estadística, tengo que tomar partido, y no lo hago necesariamente con el colectivo al que pertenezco. Por cierto ¿no debería hacerse un triangular contando con los divorciados que es el colectivo mayoritario?
Por concluir, por no hablar de la crisis, de la inevitable Huelga General, que intentaremos organizar mejor que la de empleados públicos, voy a intentar relajarme, los pocos ratos que permite mi, ya complicadísima, agenda, viendo los partidos que pueda de este Mundial, combinándolos con Wimblendon, me encanta Nadal, admirando a Federer, que es inexplicablemente suizo para terminar con el Tour de France, en el que espero que gane Contador pero que, sobre todo, deseo que no lo haga Amstrong. Así concibo yo el deporte desde el sillón y con mando a distancia.

1 comentario:

24reales dijo...

Gracias. Su comentario me reconcilia con una parte del mundo (con usted, al menos) dado que tenemos una manera similar de enfocar el asunto deportivo. Quizás sólo me queda señalar que yo pongo a Corea del Norte inmediatamente delante de la selección de jugadores del Reino de España.

De la desvergüenza de la Huelga general el 29 de septiembre mejor no hablar.