
Un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, dándole vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De repente, alza la vista y ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo. Así el niño lo hace una y otra vez. Hasta que ya San Agustín, sumido en gran curiosidad se acerca al niño y le pregunta: "Oye, niño, ¿qué haces?" Y el niño le responde: " Estoy sacando todo el agua del mar y la voy a poner en este hoyo". Y San Agustín dice: "Pero, eso es imposible". Y el niño responde: "Más imposible es tratar de hacer lo que tú estas haciendo: Tratar de comprender en tu mente pequeña el misterio de Dios".
El que no se haya dado por aludido es que tiene la mente estrecha.Yo mismo utilizo con frecuencia, desde que el sábado pasado, invitados Ossaposa y un servidor, junto con una de las personalidades de la condesa y un amigo del alma al que esto del interlen se la trae pendulona, a comer, y muy bien, en el Rubicón de AF salió a relucir tan científico argumento.
No he encontrado tiempo, ni siquiera lo he buscado, para ir a perder el idem intentándome dar de baja en los registros administrativos de la Iglesia Católica (IC), quizás, sólo quizás, porque tengo el tiempo ocupado en cosas verdaderamente importantes, y las batallas pueriles, propias de quien, desde una ostensible inmadurez, se toma la acción política como una sucesión de brindis al sol destinados a calmar un afán inmoderado de protagonismo y un ego insaciable,, no dejan, excepto si están están articuladas y responden a una estrategia política, de ser manifestaciones de invidualismo pequeño-burgués, al que yo personalmente no me sumo. Resumiendo ni he apostatado de la religión en que fui bautizado, ni tengo intención alguna de hacerlo, y si por esa razón las jerarquías de la IC me consideran uno de los suyos deberían hacérselo mirar. Además uno se de baja en un sitio con la pretensión de hacerse de otro y , parafraseando a no sé muy bien quien, si no creo en la religión católica , que es la verdadera, no voy a perder el tiempo con otras.
Estoy, por tanto, en mi derecho de decir algo sobre la semana que comenzamos ayer con el domingo de Ramos, entre otras cosas porque participo, me guste o no, en su financiación, gracias a las políticas progresistas , hoy de José Luis Rodríguez Zapatero, ayer de Felipe González Márquez.
¿Qué es el domingo de Ramos?

Con el domingo de Ramos, y voy a intentar darle a esto la seriedad que merece, se rememora la entrada de Jesús , ese señor por cuyo ADN se hubiera matado cualquier genetista, en Jerusalén, y entra mandando, en plan figura, aunque, eso sí, montado en un borriquillo. Inexplicablemente del burro no hemos vuelto a saber nada, aunque con lo aficionados que son los profesionales de la materia a generar inverosímiles periplos, no sería de extrañar que en alguna parroquia suficientemente lejana del lugar de los hechos, se esté venerando un cojón incorrupto del animalito.

Bueno pues esto es lo que celebramos ayer. La tradición dice que hay que estrenar algo: Domingo de Ramos, el que no estrena se queda sin manos. No creo haber estrenado nada, de manera que mis extremidades superiores están en peligro, no obstante no creo que nada les ocurra aunque, todo hay que decirlo, tales adminículos ya cumplieron su función principal en mi adolescencia y juventud cuando las hormonas campaban por sus respetos.
1 comentario:
Oiga, D. Bolche, usted se ha chupado clases de Historia Sagrada y catequesis a punta pala. Se le nota a la legua, sabe casi tanta Historia Sagrada como yo. Por cierto, me ha gustado como cuenta la historia, a lo Monty Python, y de ahí extraigo dos cosas chulas. Una el cojoncillo disecado del borrico, me parece que hubiera sido un logro que podría haber sustituido al brazo incorrupto de la Santa, y lo de la mano del domingo de ramos. Yo, aunque no lo note, le estoy escribiendo con un muñón.
Salud y República
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