martes, 10 de noviembre de 2009

Mi Congreso

He dejado pasar, deliberadamente, un poco de tiempo antes de intentar transmitir mis impresiones sobre el XVIII Congreso del PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA, al que he tenido el honor, el inmenso honor, de asistir. No es el primer Congreso Comunista al que asisto. Como delegado de la Juventud Comunista, asistí al Congreso que celebraron los comunistas que no se plegaron a los vientos eurocomunistas que insuflaba Santiago Carrillo. Fueron aquellos que, dirigidos por Eduardo García, secretario de organización elegido en el VI Congreso, constituyeron lo que acabó siendo legalizado como PCE (VIII-IX), y cuya principal característica, además de la ser firmes defensores de la URSS lo que nos valió el calificativo poco exacto de prosoviéticos, era la de editar el Mundo Obrero con la mancheta en rojo (al igual qe el PCOE de Enrique Lister, de cuya línea política sólo nos separaban cuestiones personales, pero este análisis lo hago ahora y no entonces). Fue aquel el X Congreso, cuando la organización mayoritaria del Partido, que nosotros ingenua y orgullosamente calificabamos como agrupación carrillista , acababa de celebrar el octavo. Aquel congreso se realizó en la clandestinidad, aunque ya se habían celebrado las elecciones de junio del 77, de hecho se celebró en enero del 78 .



Y se celebró en la clandestinidad, ciertamente con pocos riesgos, en unos locales del Paseo de Santa María de la Cabeza nº 28, por nuestra radical negativa a modificar ni una coma de los estatutos del Partido. De hecho a las elecciones de que dieron lugar a a la primera legislatura, y a las que fuimos con los camaradas que dirigía Carlos Tuya ( hoy más conocido como gastrónomo de EL PAÍS con su nombre real de Carlos Delgado) primero como OPI (Oposición de Izquierda del PCE) hasta que debidamente expulsados se constutuyeron en Partido Comunista de los Trabajadores (PCT), tuvimos que acudir bajo estas siglas. Para cuando se celebró este congreso, yo ya era un veterano joven comunista, militando activamente con estos camaradas disidentes de la línea oficial desde 1972.

Nótese que ya en 1972, un servidor ya le daba caña a Santiago Carrillo, ya entonces, y amparándose en la condena a la intervención soviética en Checoslovaquia, lanzado a desideologizar de forma radical el Partido, para así poder dar entrada a elementos claramente demócratas y antifascistas, pero no comunistas, vestido todo ello con indudable gusto al hablar de reconciliación nacional (una reconciliación que se dió de hecho el mismo día que acabó la guerra, porque los trabajadores, independientemente del bando en que hubieran combatido, pasaron automáticamente a ser perdedores) socialismo de rostro humano ( el rostro del socialismo es el de la solidaridad y la igualdad y siempre es humano) y Alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura (una alianza que siempre ha perseguido el Partido). No se podría explicar la estrategia, nefasta estrategia, del PCE en la transición, sin ese proceso que llevó a honestos antifascistas, pero nunca comunistas, a la máxima dirección del Partido. Sus nombres están en la mente de todos. Evidentemente este análisis de lo que fue el carrillismo, desarrollado sin engaños en las entrevistas con Régis Debray agrupadas en Demain L'Espagne, pero tambien en ¿Después de Franco , qué? y con cuerpo más teórico en Eurocomunismo y Estado, no me llegó a mis dieciseis años como ciencia infusa, fueron camaradas más veteranos, con más experiencia y mayor formación teórica y práctica los que me llevaron por ese camino, no sin díficiles discusiones, y entre ellos, en lugar destacado, como siempre, mi hermano, al que nunca olvidaré. Desde 1970 andaba, con oposición radical paterna, colaborando con los jóvenes comunistas. Dar el paso de discrepar del mismísimo secretario general del Partido no fue fácil. Como lógica evolución de los acontecimientos terminé participando en el Congreso de Unidad Comunista que dió lugar al PC. cuyos restos conforman el, a mi juicio y sin que ello suponga menoscabo hacia camaradas con los que me unen más cosas que las que me separan, fuertemente sectarizado PCPE.

Este XVIII Congreso al que he asistido ha sido el primero para mi, en el PCE digamos oficial, sin embargo me he sentido comodo, rodeado de camaradas, que, sin excesivos matices, alguno hay y es bueno que lo haya, defienden esencialmente lo que yo defiendo, y aspiran a lo que yo aspiro, que en lo fundamental no difiere demasiado de lo que aspiraba cuando, va a hacer cerca de cuarenta años, se dice pronto, tiré mis primeros panfletos en la boca de metro Palos de Moguer (hoy Palos de la Frontera) salida al Paseo de las Delicias, con un nudo en el estómago que se se completaba con un temblor que hacia que mis rodillas chocaran como si fueran autónomas. En muchos momentos del Congreso he recordado a los muchos camaradas que me , nos, han ido abandonando en este tiempo: a Agustín Gómez, al que no llegué a conocer, a Eduardo García, al que siempre tuve un reverencial respeto, a Joaquín Rodríguez Carvajal, el viejo, que tanto, y con que paciencia, me enseñó a intentar ser comunista, a su hijo Jacko, mi querido Alfredo mi guía en el comienzo de una militancia responsable, y como no a mi hermano José García Centeno, del que a estas alturas ya no sé que más decir. Cuando la delegación del Partido Comunista de Cuba fue aclamada sentí que todos ellos estaban conmigo, y conmigo se hubieran emcionado visionando el breve cortometraje, que en la noche del sábado 7 de noviembre, conmemoró el aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Cuando al aparecer Lenin arengando a las masas la ovación fue atronadora tuve conciencia de que, más allá de lo que puedan decir los estatutos, me encontraba en mi casa. Faltaron, porque sobran desde hace mucho tiempo y nadie les hechó de menos, todos aquellos que quieren enterrar a Partido y a su historia, siguiendo visionarias vias a la italiana de recomposición de la izquierda. Estabamos los que estabamos y no sobraba nadie, aunque si faltaba gente, faltaban miles de comunistas que andan desencantados y a los que tenemos la obligación de volver a ilusionar. Se acabaron extraños experimentos, quedó todo muy claro: El fortalecimiento de nuestras posiciones, cohesionadas, dentro de IU, para contribuir a una IU más fuerte y refundada es nuestra fundamental estrategia, nuestra alternativa sindical ha sido y es CC.OO. más allá de otras consideraciones sobre la actual estrategia sindical. Salimos fuertes del congreso de un Partido que sabemos orgánica y numéricamente débil, nuestro deber es fortalecerlo.

5 comentarios:

Jorge dijo...

Carrillo es malo. Yo estoy de acuerdo. Pero el análisis de ese trozo de la historia del PCE queda incompleto si no se plantea la otra cuestión: ¿cómo fue posible que Carrillo hiciera y deshiciera todo eso? Es decir, hay que preguntarse por las condiciones de posibilidad de la traición de Carrillo.

¿Es posible que Carrillo fuera capaz de llevar a cabo su política gracias a que en el PCE había poca democracia, escaso control de los dirigentes por parte de los militantes y una cultura política más "reverencial" que "crítica"?

Ciertamente, todas esas cosas son comprensibles porque en España, el PCE no sólo heredó la cultura estalinista (que aniquiló cualquier atisbo de democracia) sino que tuvo que vivir y crecer en unas condiciones de clandestinidad poco propicias para el debate.

Sólo así se explica que Carrillo fuera tan omnipotente y apenas encontrara una débil oposición interna en los 70.

No sé, son dudas que tengo.

Me alegro de que "hayais salido fuertes" del Congresto (aunque me da que es una expresión vacía).

J. G Centeno dijo...

Jorge:
Es difícil explicar cual era la situación interna del Partido en los años 60 y 70. Solamente reunir un órgano de dirección como era el CC era una tarea complicada. Los camaradas del exilio, no estaban todos en el mismo sitio, muchos en Moscú, otros en Paris, otros en Cuba y México, otros en Rumanía, etc..., y los camaradas que estaban en el interior, los que estaban en libertad no tenían excesiva facilidad de movimientos. Ello hizo que órganos que debían ser exclusivamente ejecutivos, como el Buró Político (posteriormente denominado Comité Ejecutivo) adquirieran atribuciones que no tenían, y dentro del Buró Político los camaradas del entorno del secretario general, los de Paris, para entendernos, adquirieron un notable poder de decisión. Por otra parte el resultado del XX Congreso del PCUS, el llamado de desestalinización fue poco comprendido, al menos en lo que al culto a la personalidad se entendía. Además Santiago Carrillo había heredado el enorme carisma de Pasionaria. Valga un ejemplo. Sin entrar a valorar si fue correcto o no. Cuando el PCE, en 1968, condena la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia en Praga, es una decisión personal del Secretario General, en ausencia del Secretario de Organización, Eduardo Garcia, Manolo, y hasta más de un año después no se reúne el CC. Los camaradas que pidieron la inmediata convocatoria del VIII Congreso fueron fulminamente cesados y posteriormente expulsados. Ese era Santiago Carrillo, las condiciones de clandestinidad impedían de hecho, la democracia interna, y el Partido no estaba acostumbrado a ejercerla.
En cuanto a la fortaleza con la que hemos salido, no deja de ser una apreciación subjetiva.

Blog de Paco Piniella dijo...

Si te interesa he puesto un post sobre el PCE. Al final te cito a tí como otro punto de vista.
Salud

Blog de Paco Piniella dijo...

¿Cómo ha osado a llamarme atlético en mi blog? no me lo merezco, jajajajaja...

Osaposa dijo...

Me alegro, parece que este congreso le ha animado el alma, parece que estan un poco mas ilusionados, y dispuestos a recuperar terreno perdido.
Es muy bonita su narración histórica sobe el PCE, aunque provoca interrogantes, sobre como ¿por qué han perdido posiciones?, ¿por qué han cedido ante el Partido Socialista?, pero claro suponso que eso deberia abarcar un libro, por lo tanto no se puede incluir en un blog.
También me ha emocionado mucho la evocación sobre Jacko y su hermano, hay veces que piensa uno que tanto trabajo y sacrificio ¿para qué?, tanta honradez y pulcritud.
De todas maneras hay que seguir adelante, no desafallecer yseguir en la lucha.