martes, 23 de febrero de 2010

23-F: Mi 23-F

Tengo una especial relación con esa fecha: el 23-F.
El de 1981 fue para mi especial por dos razones:
Una de todos conocida, el señor del bigote y tricornio entró en en el Congreso de los Diputados para recordarnos que si bien Franco había muerto, no habían muerto ni el franquismo, que sigue ideológicamente vivo, y si no que se lo pregunten al juez Baltasar Garzón, ni los franquistas, que si han desaparecido por mor del movimiento natural de la población, nos han dejado unos epígonos con gran capacidad de maniobra y camuflaje. Se han hecho muchos análisis desde aquel día, y yo tengo el mío. Desde mi punto de vista aquellos fue una maniobra que sirvió, voluntaria o involuntariamente, con su consentimiento o sin él, para reforzar la figura del jefe del estado el rey Borbón impuesto por el dictador contra toda lógica: la dinástica restauradora que señalaba a su padre, el del Borbón se entiende, el del dictador, don Nicolás, nunca gozó de las simpatías de éste, y la democrática que reclamaba a gritos la República. Por otra parte, fue un toque de atención del Big brother castrense que nos vino a decir: Tonterias las justas y a recordarnos que no hay que confundir libertad con libertinaje, siendo ellos, los botazas, los únicos con capacidad real para decidir que es una cosa y que es la otra.
La otra razón por la que el 23-F de 1981 guarda importancia para mí es porque ese mismo día, ya es casualidad o ironía, había entregado yo mis pertenencias militares en el III grupo del nº72 de Artillería Antiaérea, Garrapinillos, Zaragoza, donde me había formado para defender a España de cualquier ataque que viniera por los cielos. De hecho, cuando llegué a mi casa, visiblemente afectado, excesivamente contento, por las sucesivas paradas que ibamos haciendo en los garitos que bordeaban la Nacional II, que entonces no era autovía hasta llegar a Alcalá de Henares, recobré, bruscamente, la sobriedad cuando mi padre, más serio de habitual en él, señaló el televisor, recien adquirido en color, en el que se destacaba el color verde de los uniformes de los delicuentes, todos ellos delincuentes por más que alguno escurriese el bulto argumentando una falaz obediencia debida.
Solo por estas dos razones ya sería relevante para mí la fecha del 23-F. Sin embargo ocurrió algo, para mí, mucho más importante, emocionalmente hablando. Muchos años después, en 2005, hoy hace cinco años, mi querida Ossaposa y yo tuvimos que llevar a nuestro amadísimo Serko al veterinario para que durmiera de modo definitivo. Un cáncer lo estaba devorando. Tenía nueve años. Era un bóxer blanco, con una especie de parche atigrado en un ojo que le confería un cierto carácter de pirata. En los últimos días apenas podía moverse, y era yo quien le sacaba en brazos a la calle para que pudiera hacer sus necesidades fisiológicas, pero aún así era capaz de mover el muñoncillo de su rabo, amputado cuando era cachorro como debe hacerse con todos los de su raza, si se le dirigía alguna palabra de cariño o juego. Escrbiendo estas líneas me está costando un enorme esfuerzo contener las lágrimas y, en cualquier caso se me nublan los ojos con su recuerdo.
En muchas ocasiones, cuando voy con Lenin, un precioso labrador más listo que los ratones coloraos, por el campo, veo perfectamente a Serko trotar a su lado, y en los días más señalados vienen a acompañarnos Mini, un impresionante cruce de mastín y San Bernardo, que también fue víctima de un cáncer, y Thor un anarquista medio golden recogido del abandono, y al que su indómito carácter le llevó a morir en la carretera. No es que a estos últimos les hubiera querido menos, su desaparición también desgarró mi alma, pero les conocí adultos, Mini apareció en mi vida como aportación matrimonial, y aunque fuimos buenos compañeros, muy buenos, siempre aparecí en segundo plano en sus afectos, y con Thor fue breve, y turbulenta, la convivencia. A Serko, Serkito, Serkolino, le tuve, le tuvimos, en brazos desde que era un cachorro, y siendo cachorro una enfermedad intestinal estuvo a punto de acabar con él, Ossaposa, y yo nos turnabamos para mantener el gotero con el suero en vena. Tres horas de suero, una de descanso, utilizando la percha de colgar juguetes de la cuna de Álvaro, nuestro hijo de meses. De sobra nos compensó con su amor desinteresado, mi hijo creció con él, y el animal soportó mil y una perrerías, nunca mejor empleada la expresión. La más espectacular cuando le tiró de la lengua, sensu strictu y se la sacó de la boca, un buen trozo. Soltó un alarido, se bajó a la puerta del garaje y se quedó allí aterrorizado por el cachorro humano.
Fue un compañero fiel, un amigo que escuchó con atención mis confidencias, en momentos para mi dificiles cuando luchaba con mis demonios interiores, mis adicciones. Si la trascendencia, para los que no creemos en la vida eterna, está en el recuerdo, no pretendiendo mejorar yo a Jorge Manrique me atrevo a escribir:
...que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.

Nunca le olvidaré, su recuerdo estará siempre en mi corazón junto al de mis seres más queridos, porque fue eso: un ser muy querido.

3 comentarios:

Esteban dijo...

Emocionante.
Saludos de uno que presume haber sido compañero fiel de Roco, un boxer atigrado maravilloso.

Osaposa dijo...

No tu ser querido, nuestro ser querido.
Todavia hoy sigo llamando a Lenin de vez en cuando Serko, de forma espontanea, sigue en mi como el primer dia, y seguimos añorandole, a pesar de estar rodeados de otros seres tambien muy queridos, esta sera nuestra vida, cuando seamos muy viejecitos estaremos llenos de recuerdos de espiritus de 4 patas.

Paco Piniella dijo...

Hemos coincidido en el 23-F y en el recuerdo canino. Muy buen textimonio.
Salud!