
El
16 de febrero de 1936 el Frente Popular gana las elecciones dando fin al llamado
bienio negro un periodo en el que la derecha autoritaria con
Gil Robles a la cabeza, pese a que los gobiernos fueran encabezados por el populista radical
Alejandro Lerroux, intentó, al estilo de los fascismos europeos, cambiar la II República desde las propias instituciones Repúblicanas.
El Frente Popular respondió a las directrices de la III Internacional, que ante los avances del fascismo, abandonó la política de
clase contra clase, para buscar alianzas con la burguesía progresista que hicieran frente a la amenaza, que se mostraba dramáticamente real en Alemania e Italia. Fueron
José Diaz Ramos y
Dolores Ibarruri los que pilotaron un importante cambio en la política del PCE, abandonando la estrategia un tanto izquierdista que habían venido abanderando
Bullejos, Adame y
Trilla, si bien hay que reconocer que
Pasionaria hasta 1932 había avalado las posiciones sectarias y antirrepublicanas de la dirección del partido.


Sería absurdo pretender que fue este cambio en la estrategia del PCE el que produjo la creación del frente popular. Era entonces un partido, el PCE, con limitada influencia en el movimiento obrero, si bien la disolución de CGTU (una organización obrera con influencia en algunos sectores como el ferroviario) en el seno de UGT amplió la influencia de los comunistas. Las organizaciones mayoritarias del movimiento obrero eran UGT y CNT. La organización sindical socialista fue el eje sobre el que pivotó el Frente Popular, siendo decisiva la intervención de
Francisco Largo Caballero .

Por su parte los
anarcosindicalistas de CNT, a diferencia de la postura abstencionista de 1933, optaron por apoyar al Frente Popular, fundamentalmente con el objetivo de obtener la amnistía para sus muchos detenidos tras la salvaje represión de 1934. A pesar de ser el grupo mayoritario del Frente Popular los socialistas renuncian a entrar en el gobierno, fundamentalmente porque el ala
caballerista, se opone radicalmente a que sea
Indalecio Prieto cabeza del ala pragmática,

y diferente del ala moderada del catedrático
Julián Besteiro, el que forme gobierno.

La no participación en el gobierno por parte de la izquierda no burguesa va a tener consecuencias no deseadas. Se forma un gobierno exclusivamente
republicano-burgués presidido por
Santiago Casares Quiroga
y con
Manuel Azaña, tan excelente intelectual y magnífico orador como pusilánime político como Presidente de la República.

Con tan débil gobierno la conspiración, que estaba en marcha desde antes de las elecciones, una especie de
por si acaso, se acelera. Los militares africanistas conspiran, prácticamente, a la luz del día. Las reuniones de
Mola con
Sanjurjo, absurdamente indultado tras la asonada de 1932, son casi públicas, así como sus contactos con
Franco al que se limitan a mandar a Canarias, y de paso, con notoria miopía, acercarlo al ejército de África. Son conocidos los contactos de
José Calvo Sotelo con
Alfonso XIII residente en la Italia de
Mussolini.La acción conspirativa de la mayoría del clero católico era palpable. Quizás un poco de energía en los primeros momentos del Frente Popular hubieran impedido el levantamiento de julio, pero eso no deja de ser un preterible. La realidad es que una vez más al pueblo español se le hurtó, sangrienta y cruelmente, la posibilidad de avanzar hacia una sociedad más justa. El resto, lo que ocurrió después, esta más que sabido, hasta que a día de hoy, setenta y cuatro años después del triunfo del frente popular, triunfo legítimo,
Baltasar Garzón está a punto de ser suspendido por haberse atrevido a intentar juzgar a los genocidas de julio de 1936.
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