martes, 20 de julio de 2010

Otros Congresos de la Komintern


El espia otomano opina:

Aprovechando que el Egospótamos pasa por el Quersoneso Tracio, o que ayer fue 19 de julio, el dueño de este lugar Don Bolche, nos ilustró sobre las bondades de la existencia de una organización como la Komintern, III Internacional o Internacional Comunista, que de las tres maneras se la conoce. Y aprovecha, aunque disimula la intención, para descalificar de forma absoluta a los que tradicionalmente hemos dado en llamar Socialdemócratas, por más que el partido que protagoniza la Revolución de Octubre se llame Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (bolchevique) [POSDR(b)], aunque luego mudara su nombre, en virtud de una de las 21 condiciones, al de Partido Comunista Ruso (bolchevique) [PCR(b)], para terminar siendo el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Y aprovecha, con cierta sutileza inicial que acaba perdiendo al cerrar filas sin fisuras con todo lo que significó la URSS, para criticar, por supuesto izquierdismo pequeño-burgués a aquellos que, desde la izquierda, se opusieron a los excesos de lo que luego hemos conocido como estalinismo. Y deja caer, como que no quiere la cosa, que en 1920 Trotsky era un dirigente con mucho poder en el naciente Estado Soviético, dando a entender que de aquellos polvos nacieron estos lodos, que alguna responsabilidad tendría Lev Davidovich en lo que ocurrió posteriormente. Y lo da a entender, sin expresarlo de forma explícita, porque afirmarlo de forma categórica sería, como poco, arriesgado. Olvida, y es un olvido voluntario porque su cultura política impide el desconocimiento y su excelente memoria la amnesia, que los que luego, en 1938, fundaron la IV Internacional, asumen en su totalidad, y como propios, los cuatro primeros congresos de la tercera, siendo un elemento a destacar que en los III y IV congresos, y ante el cambio del escenario internacional, se adopta la estrategia del Frente Único, y sobre esta estrategia escribe Trotsky en 1922:
La tarea del Partido Comunista es dirigir la revolución proletaria. A fin de sumar al proletariado para que tome el poder y conseguirlo, el Partido Comunista debe tener el apoyo de la abrumadora mayoría de la clase obrera. De no poseer esta mayoría, el partido debe luchar por obtenerla.

Ganar el apoyo de la mayoría no se puede lograr si los
comunistas dan la espalda a los trabajadores no revolucionarios y a las organizaciones reformistas a las que se adhieren, o si los comunistas basan su acción solo en la propaganda.

El partido debe participar directamente en las luchas por reformas inmediatas y en la defensa de los intereses de la clase obrera en su conjunto; debe proponer frentes únicos, iniciativas junto a organizaciones reformistas para pelear por metas específicas y limitadas.

¿Por qué? Cuando las masas se lanzan a la movilización, ganan en confianza en si mismas, en la propia autodeterminación que la movilización tenga y más resuelta será su capacidad de marchar hacia adelante, por modestas que puedan parecer al principio las consignas para la lucha.

Los reformistas siempre tienen terror a que la lucha de masas pueda “salirse de madre”, en tanto que los comunistas acogemos con gusto cada iniciativa de las masas tratande de llegar lo más lejos posible. Dichas luchas tenderán por consiguiente a radicalizar a la clase obrera, creando
condiciones más favorables para las consignas, métodos de lucha y, en general, el rol de vanguardia del Partido Comunista.

Trotsky resume el frente único de esta manera:
Frente único... da por sentado nuestra buena disposición, dentro de ciertos límites y en asuntos específicos, a poner en práctica nuestras acciones junto con las de las organizaciones reformistas, al punto en que estas últimas todavía expresan la voluntad de importantes sectores del proletariado en lucha. El frente único no significa simplemente llevarse bien y marchar junto a los reformistas..Participamos en el frente único, pero ni por un instante nos disolvemos en él.Actuamos en el frente único como un destacamento independiente. Es precisamente en el transcurso de la lucha cuando ocurre que amplios sectores de masas comprenden que nosotros luchamos mejor que los otros, que vemos con más claridad que los demás, que somos más audaces y resueltos.

No nos cuenta Don Bolche, porque no le da la gana, porque ha decidido únicamente hablar del II Congreso de la Komintern, y está en su derecho que para eso la bitácora es suya, de lo que ocurre tras el relevo, en 1926 y tras el V Congreso de Zinoviev, culpabilizado por la derrota de la Revolución Alemana, por Bujarin,
por más que de este, Lenin, en su teórico testamento había escrito:





En lo que respecta a los miembros jóvenes del Comité Central, quiero decir unas palabras sobre Bujarin y Piatakov. Son , en mi opinión, los hombres más sobresalientes (entre los más jóvenes) y en relación con ellos no habrá que perder de vista lo siguiente:
Bujarin no es sólo el teórico más valioso y destacado del Partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todo el partido. Sin embargo, sus conceptos teóricos sólo pueden ser considerados, desde todos los puntos de vista, marxistas con la mayor reserva, porque hay en él algo de escolástico, no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica.
Tampoco hay, y este espía ha husmeado lo suyo, demasiada información sobre el VI Congreso, más allá de la aprobación de la consigna Clase contra clase que va a impregnar el Programa de la Internacional Comunista, un programa, y Don Bolche lo sabe, que recibe feroces críticas del entorno de Trotsky.
En primer lugar este programa, según Lev Davidovich, elaborado al alimón por Bujarin y el propio Stalin, no es, siempre Trotsky dixit, no es el programa del Partido Comunista Mundial, sino un mal programa de una sus secciones. En segundo lugar, y ya asumiendo que se trata de un programa nacional, no tiene en cuenta las nuevas condiciones emanadas del rápido crecimiento de la economía de los Estados Unidos. Y no asume una consigna muy querida por Trotsky, y ante la que Lenin se muestra reticente en 1915, Los Estados Unidos Soviéticos de Europa que serían:
“Los Estados Unidos de Europa constituyen, ante todo, una forma, la única que se puede concebir, de la dictadura del proletariado europeo”. (L. Trotsky, Programa de la paz, vol. III, I parte, pág. 92).
Aunque casi toda la crítica a este programa pretende hacerse desde posturas leninistas.

No puede este espía saber si este programa se confeccionó con la conformidad, al unísono, de Stalin y Bujarin, pero lo cierto es que antes de la convocatoria del VII Congreso Bujarin fue, casi literalmente, defenestrado, acusado de derechismo, acusación para la que se recordó su posición, junto a la de Zinoviev, reticentes en 1917 a que los bolcheviques tomaran el poder en solitario. Su sucesor Dimitrov, dará un importante giro en el VII Congreso giro al que, y a este espia no le extraña, no hace Don Bolche referencia alguna. Y es que el ascenso del fascismo provoca la reforma, más bien la retirada, de muchas de las políticas aprobadas por los cuatro primeros congresos de la Komintern, entre ellas la del frente único, e incluso alguna de las condiciones impuestas por el II Congreso queda en entredicho. Este séptimo congreso, y eso podría explicar, y acaso justificar, el abandono de la política de clase contra clase se celebra en condiciones convulsas con el nazismo en el poder y muy agresivo, que no ha dudado en incendiar el Reichstag para inculpar a los comunistas, lo que lleva a la detención de Thaelman y Dimitrov. Naturalmente este viraje, va a ser objeto de durísimas críticas por parte de los que, poco después, van a dar por muerta a la III Internacional dando lugar a la IV. No es quien este espía, que al fin y al cabo es un mero observador, para tomar partido por alguna de las diferentes vías adoptadas por el movimiento obrero, diferenciadas ordinalmente en las Internacionales, I, II, II y 1/2, III y IV, y las diversas variantes de esta última (secretariado unificado, posadistas, lambertistas, etc), por tanto que cada cual saque sus conclusiones.