lunes, 31 de mayo de 2010

Partido Comunista de Madrid, VIII Congreso


Este fin de semana se ha celebrado el Congreso de los Comunistas Madrileños. Como elemento a destacar, en cuanto a los resultados, el relevo en la secretaría general de nuestro partido, el camarada Juan Ramón Sanz, tras dos mandatos ocupando la misma, da paso, y digo bien que da paso, puesto que iba en su misma lista de aspirantes a miembros del Comité Central al camarada Daniel Álvarez Morcillo, concejal en el Ayuntamiento de Madrid. Fue una elección que sorprendió a muchos, aunque no a mí, puesto que el hoy ya secretario general del PCM, no encabezaba la lista en la que fue elegido miembro del Comité Central. Se trata de una cuestión, perfectamente legal, legítima y estatutaria, aunque no habitual, de hecho una gran cantidad de camaradas que votaron la lista encabezada por Juan Ramón Sanz lo hicieron convencidos de que votaban a este camarada para secretario general. Ello no resta un ápice de legitimidad al resultado final, y desde luego, y desde ya el camarada Daniel Álvarez es mi secretario general, y el de, espero y confío, todos los comunistas madrileños. La segunda lista más votada, y en la que fue elegido él que esto escribe, iba encabezada por el camarada Mauricio Valiente, que en la presentación de la candidatura manifestó de forma explícita su disposición a ser el nuevo secretario general. Y hubo otras dos candidaturas, más minoritarias, cuyo papel fue determinante a la hora de elegir al nuevo secretario general. La encabezada por el camarada Rafael Mayoral que de forma explícita, en su defensa de la misma, manifestó su intención de apoyar a Mauricio Valiente para secretario general, y la encabezada por el camarada Juan Grajera y que fue defendida por los camaradas Gerardo del Val y Carlos Paino, los votos, en el Comité Central electo, de esta última candidatura fueron absolutamente determinantes para la elección del nuevo secretario general. En las necesariamente breves palabras que dirigió el nuevo secretario general al Congreso, necesariamente breves puesto que el conserje del centro cultural donde se celebró el congreso amanazó con sacarnos de allí manu militari, el camarada Daniel expresó de forma contundente su disposición a contar con todos aquellos que quieran trabajar en la reconstrucción de nuestro Partido. Porque esa es mi disposición, porque me parece natural dar un voto de confianza a quien comienza a desempeñar un cargo y porque me da la gana me creí de cabo a rabo lo manifestado por el camarada. Espero no haberme equivocado, pero si es así no tendré el menor inconveniente en actuar en consecuencia. Con todo, con esa disposición al trabajo, considerando, como no puede ser de otra forma, a los órganos de dirección del Partido como órganos de elaboración colectiva, completamente alejados de la lógica parlamentaria de mayorías y minorías, que de forma tan nociva se expresa en Izquierda Unida, no puedo dejar de manifestar un cierto desencanto. Casi siempre voy ubicado, y además es donde me siento más a gusto lo cual es preocupante, en la parte perdedora, en las posiciones minoritarias, tanto en el Partido como en los movimientos sociopolíticos en los que éste participa, Izquierda Unida y CC.OO., si bien es cierto que en el sindicato hace tiempo que me limito a pagar la cuota. Y yo no tengo vocación minoritaria, siempre que no se traspasen ciertos límites, ciertas líneas rojas, como gusta decir ahora, jamás he estado afiliado, ni siquiera se me ha pasado por la cabeza, al PSOE, ni siquiera le he votado, con la excepción de las primeras municipales en 1979, en las que voté a Enrique Tierno porque nunca soporté la prepotencia de Ramón Tamames. Quitando esa excepción siempre he votado en clave comunista, aunque no siempre las mismas siglas. E incluso en algunas europeas llegué a votar en el sentido recomendado por los compañeros y amigos del ámbito de la IV Internacional, en un voto un tanto antisistema. Una vez fijados ciertos límites, que cierto es limitan lo suyo, me gusta estar con la mayoría porque creo que desde las mayorías se construyen alternativas, sin embargo, a pesar de mis esfuerzos las mayorías tienden a apartarme o expulsarme, lo cual me lleva a preguntarme sobre la posibilidad de estar cayendo en una especie de purismo revolucionario bajo el que se podría esconder un estética postura pequeño-burguesa que de antemano detesto.
De hecho voy a buscar urgentemente "El Izquierdismo, enfermedad infantil del Comunismo", lo encuentro y leo:

Otra cosa hay que decir de otro enemigo del bolchevismo en el seno del movimiento obrero. En el extranjero se sabe todavía de un modo muy insuficiente que el bolchevismo ha crecido, se ha ido formando y se ha templado en largos años de lucha contra ese revolucionarismo pequeñoburgués que se parece al anarquismo o que ha tomado algo de él y que se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una firme lucha de clases del proletariado. Para los rnarxistas está plenamente establecido desde el punto de vista teórico -- y la experiencia de todas las revoluciones y los movimientos revolucionarios de Europa lo han confirmado enteramente -- que el pequeño propietario, el pequeño patrón (tipo social que en muchos países europeos está muy difundido, que abarca masas), que sufre bajo el capitalismo una presión continua y muy a menudo un empeoramiento increíblemente brusco y rápido de sus condiciones de existencia y la ruina, adquiere fácilmente una mentalidad ultrarrevolucionaria, pero que es incapaz de manifestar serenidad, espíritu de organización, disciplina, firmeza. El pequeñoburgués "enfurecido" por los horrores del capitalismo es un fenómeno social propio, como el anarquismo, de todos los países capitalistas. La inconstancia de estas veleidades revolucionarias, su esterilidad, su facilidad de cambiarse rápidamente en sumisión, en apatía, en imaginaciones fantásticas, hasta en un entusiasmo "furioso", por tal o cual tendencia burguesa "de moda", son universalmente conocidas. Pero a un partido revolucionario no le basta en modo alguno con reconocer teórica, abstractamente, semejantes verdades, para estar al abrigo de los viejos errores que se producen siempre en ocasiones inesperadas, con una ligera variación de forma, con una apariencia o un contorno no vistos antes, en una situación original (más o menos original).
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Creo que estoy en el lugar adecuado. Menos mal.
Pongo mucho cuidado en no caer en ese democratismo de opereta, revestido de defensa de valores revolucionarios esenciales.
Por eso mi desencanto por el hecho de que la opción mayoritaria no fuera la mía, y que conste que tuve posibilidades, muchas, de ir bien colocado en la lista vencedora. Claro que, quizás, si llego a ir yo, a lo mejor no resulta vencedora. Y es que, a veces, me pregunto que hubiera ocurrido si en la IX Asamblea Federal de IU hubiera sido delegado. Teniendo en cuenta que me moví apoyando al Documento de los 100 y por tanto a Cayo Lara, y dada mi tendencia a quedar en, siempre en minoría, a lo mejor teníamos hoy otro coordinador general. ¡Menos mal que no lo fuí!
Por los demás este VIII Congreso del PCM, ha dejado claras varias cosas:
Por más que estemos pasando, los comunistas, momentos dificiles, el escenario de la desaparición como sujeto político activo está más que lejano. Ni somos una corriente de IU, ni un laboratorio de ideas para IU, ni un Partido para IU. Izquierda Unida es muy importante para nosotros, importantísima, nuestra principal apuesta estratégica, la que marca nuestra política de alianzas, a través de la cual nos dirigimos a la sociedad en el ámbito electoral e institucional, y en no pocas ocasiones, dado el carácter de movimiento político y social que tiene IU, también en el ámbito de los movimientos sociales y ciudadanos. Y en ningún ámbito defenderemos políticas antagónicas con las de IU. Pero el PCE y por ende el PCM, tiene todo el derecho a elaborar su política y su estrategia de forma autónoma.
Los comunistas no podemos, y así lo aprobó el XVIII Congreso del PCE, fuera de Izquierda Unida, y los comunistas madrileños tampoco, y allá donde haya problemas, y no voy a citar las localidades en cuestión habrá que hacer lo posible, y lo imposible, desde ambos lados del conflicto.
No somos, ni debemos ser, una corriente organizada dentro de IU que vota con brazo de madera lo que se decida en los ámbitos partidarios, otros que se autodefinen como más abiertos a la sociedad y más permeables con ella, votan sistemáticamente en bloque en los órganos de IU, después de haber mantenido una reunión previa más que cerrada y bloqueada. Nosotros no actuamos así. Desde que soy miembro del Consejo Político Regional y de la Presidencia de IUCM, ni en una sola ocasión he recibido, desde instancia alguna del PCM, instrucciones en ningún sentido. Pero deberemos buscar la cohesión asumida como comunistas para que no todo el mundo pueda, alegremente arrogarse la representación del Partido.
Una última reflexión, que nadie se crea que ha ganado, los Congresos los gana, o los pierde, el conjunto del Partido, además los que podríamos pensar que hemos sido derrotados, no tenemos, yo al menos, sentimiento alguno de derrota.

2 comentarios:

Jaime Aja dijo...

Bastante de acuerdo con el análisis y la propuesta.
Un abrazo y ánimo,
Jaime

Camilo Diaz dijo...

INVITO A QUIEN LO DESEE A INGRESAR A MI SITIO WWW.ABIERTASLASVENAS.BLOGSPOT.COM CONTINUANDO CON LA UNION DE TODOS LOS PROLETARIOS UNIDOS!!
CAMILO DIAZ