viernes, 7 de mayo de 2010

¿Romanticismo?

Este poema tan especial está atribuido a José de Espronceda, que pasa por ser el poeta romántico español más representativo. Aunque hay quien se lo atribuye a Juan Rico y Amat, un político bastante carca, que también ejerció de jurista, periodista y dramaturgo, y al que tambien suele incluírsele dentro del romanticismo. Claro que de un jurista romántico sale esta barbaridad.

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero

de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!


Una vez leida, la primera vez que la leí me quede ojoplático, estupefacto y cóncavo, comprende uno que el romanticismo poco tiene que ver con las novelas rosas de la inimitable Corin Tellado, los folletines de Barbara Cartland o las telenovelas televisivas. Adquiere todo su sentido aquello, que los que no hemos sido víctimas de la LOGSE, aprendimos de carrerilla: El romanticismo es un movimiento revolucionario vitalista que nace como reacción al neoclasicismo . En literaura, los escritores románticos, sufren con amores imposibles y, o se suicidan o mueren tuberculosos . Nada que ver con lánguidos paseos, por otoñales jardines, bajo una fina lluvia, aunque dentro del romanticismo caben cosas como esta:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!


El que me hayan venido a la cabeza estos poemas románticos tiene su porqué.

Acababa de terminar el partido de Mallorca.

Y sí, creo en Dios.

Viste de blanco, es chulo y prepotente.

A mi imagen y semejanza.

2 comentarios:

Pedro Casca dijo...

Nuestro dios habla portugués. A ver si el sábado habla en andalú sevillí. Además, lo merecemos.

Anónimo dijo...

Hablando de romanticismo:

“Hay lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando” (Warren Buffet, citado por The New York Times, 26 de noviembre de 2006).